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	<title>Talleres 2011 archivos - Comunidad Santo Tomás de Aquino</title>
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		<title>¿En que creia Jesús? Resumen de la charla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Aug 2011 18:50:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fe y Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
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					<description><![CDATA[“En qué creía Jesús, como creer en Jesús”. Fernando Rivas  Rebaque  A)      Resumen de la charla La investigación sobre el Reino de Dios ha quedado reducida en su mayor parte de los casos, en el fondo, al dilema de saber si era sólo un reino futuro (escatología retardada) o ya se estaba realizado en el  [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>“En qué creía Jesús, como creer en Jesús”. Fernando Rivas  Rebaque</strong></p>
<p> A)      Resumen de la charla</p>
<p><em>La investigación sobre el Reino de Dios ha quedado reducida en su mayor parte de los</em> casos, en el fondo, al dilema de saber si era sólo un reino futuro (escatología retardada) o ya se estaba realizado en el presente (escatología inminente), siempre dentro de la hegemonía del tiempo, donde el espacio, o más exactamente, el lugar, no han tenido ninguna importancia ni representaban ningún interés.</p>
<p>La propuesta que vamos a realizar, tomada en gran medida del biblista noruego Halvor Moxnes, consiste en repensar el reino de Dios, no desde la categoría del tiempo, predominante hasta hoy, sino desde la categoría del lugar.</p>
<p>Así, vamos a considerar el reino de Dios como un lugar imaginado para los que no tienen lugar ni cabida en el mundo, constituido como una unidad familiar donde el Padre “está en los cielos”, todos y todas se viven como hermanos en el Hijo y la calidad o el nivel de relaciones se descubre desde el servicio. Esto llevará consigo inevitablemente un cierto carácter conflictivo, al poner en cuestión gran parte de nuestras estructuras y comportamientos, de aquí la tentación de reducir al Reino a un no-lugar.</p>
<p><span id="more-1323"></span></p>
<p>B)       Bibliografía</p>
<p>Aguirre R.,<em> El Reino de Dios y sus exigencias morales,</em> en <em>La mesa compartida. Estudios del NT desde las ciencias sociales,</em> Sal Terrae, Santander 1994, 135-163.</p>
<p>Castillo J. Mª, <em>El Reino de Dios. Por la vida y la dignidad de los seres humanos,</em> Desclée de Brouwer, Bilbao 1999.</p>
<p>González A., <em>Reinado de Dios e imperio. Ensayo de teología social,</em> Sal Terrae, Santander 2003.</p>
<p>Horsley, R.A. <em>Jesús y el Imperio. El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial,</em> Verbo Divino, Estella (Navarra) 2003.</p>
<p>Meier J. P., <em>Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Tomo II/1. Juan y Jesús. El reino de Dios,</em> Verbo Divino, Estella (Navarra) 2004, 291-592.</p>
<p>Moxnes H., <em>Poner a Jesús en su lugar. Una visión radical del grupo familiar y el reino de Dios,</em> Verbo Divino, Estella (Navarra) 2005.</p>
<p>Sobrino J., <em>Jesús y el reino de Dios</em>, capítulo 4 de <em>Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret,</em> Trotta, Madrid 1991, 95-177.</p>
<p>Theissen G.-Merz A., <em>El Jesús histórico,</em> Sígueme, Salamanca 2000, 273-316.</p>
<p>C) Preguntas para ayudar al diálogo</p>
<p>1)      Principales cambios e innovaciones que supone la llegada/incorporación al Reino.</p>
<p>2)      ¿Dónde puede expresarse hoy de manera más explícita la presencia del Reino (lugares del Reino)?</p>
<p>3)      ¿Cuáles serían las resistencias mayores (antirreino) a la dinámica del Reino?</p>
<p>4)      ¿Cuál te parece hoy la forma más peligro de reducción del Reino: su reducción a la persona de Jesús, la eclesiastización, el moralismo o el espiritualismo? ¿Por qué?</p>
<p>5)      Desde nuestra realidad actual, ¿cómo se podría reformular hoy la categoría del Reino para que fuese significativa?</p>
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		<title>¿En que creía Jesús?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Aug 2011 18:27:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fe y Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
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					<description><![CDATA[Fernando Rivas Rebaque                                                                      Abril 2008 Reino de Dios El tema central de la proclamación pública de Jesús, llegará a decir Joachim Jeremias, (uno de los mejores biblistas del siglo XX), no es Dios en sí mismo, ni siquiera la propia persona de Jesús, sino el reino de Dios, algo que nadie pone hoy en duda.  [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong>Fernando Rivas Rebaque                                                                      Abril 2008</strong></p>
<p align="center"><strong><span style="font-size: small;">Reino de Dios</span></strong></p>
<p>El tema central de la proclamación pública de Jesús, llegará a decir Joachim Jeremias, (uno de los mejores biblistas del siglo XX), no es Dios en sí mismo, ni siquiera la propia persona de Jesús, sino el reino de Dios, algo que nadie pone hoy en duda. De hecho, el resto de su mensaje y de su práctica están subordinados a este anuncio y en él encuentran su significado.</p>
<p>La expresión “reino de Dios” aparece muy abundantemente en los evangelios (13 dichos en Marcos, 25 en las fuentes propias de Mateo, casi siempre con la formulación “reino de los cielos”, para no nombrar a Dios, 6 en las fuentes propias de Lucas y 2 en el evangelio de Juan), y lo encontramos además en diferentes formas literarias (parábolas, oraciones, bienaventuranzas, profecías, relatos de milagros…).</p>
<p>Sin embargo, “reino de Dios no aparece como tal en el AT hebreo, salvo una cita en el libro de la Sabiduría 10,10 (“al justo Jacob que huía de la ira de su hermano, ella [la sabiduría] lo guió por senderos rectos, le mostró el reinado de Dios y le dio la ciencia de las cosas santas”). Su presencia es rara o nula en los libros deuterocanónicos, apócrifos y pseudoepígrafos del AT, así como en Qumrán, Filón, Flavio Josefo y la mayor parte de los targumes. Incluso tiene una escasa presencia en otras partes del NT: en las cartas paulinas aparece sólo en 7 ocasiones (y además en tradiciones bautismales o parenéticas recogidas por Pablo), y fuera de las cartas paulinas lo encontramos sólo en Apocalipsis (3x), Hebreos (2x), Santiago y 1Pe (en 1x en cada caso).</p>
<p>  <span id="more-1322"></span>  </p>
<p> </p>
<p>Como “reino de Dios” no ha sido utilizado prácticamente ni por los judíos ni por los cristianos de las primeras décadas del siglo I, y aparece fundamentalmente en los evangelios sinópticos y además casi siempre en labios de Jesús y de una manera tan central, podemos presuponer que Jesús decidió convertir este símbolo en el núcleo vertebrador de su mensaje y su acción.</p>
<p>          Sin embargo “Jesús jamás nos dice expresamente <em>qué</em> es ese reino de Dios. Lo único que dice es <em>que </em>está cerca” (W. Kasper,<em> Jesús el Cristo,</em> 86). Ni siquiera en las llamadas parábolas del reino Jesús define lo que es el reino, aunque recalque su novedad, su exigencia, su escándalo…” (Sobrino, Jesús liberador, 98). De aquí la importancia de descubrir en qué consiste esto que Jesús denomina reino de Dios.</p>
<p> A pesar de todo esto, la investigación sobre el Reino de Dios ha quedado reducida en su mayor parte, en el fondo, al dilema de saber si era sólo un reino futuro (escatología retardada) o ya se estaba realizado en el presente (escatología inminente), siempre dentro de la hegemonía del tiempo, donde el espacio, o más exactamente, el lugar, no han tenido ninguna importancia ni representaban ningún interés.</p>
<p> La propuesta que vamos a realizar, tomada en gran medida del biblista noruego Halvor Moxnes, consiste en repensar el reino de Dios, no desde la categoría del tiempo, predominante hasta hoy, sino desde la categoría del lugar. Antes vamos a describir de manera somera algunas de las causas que nos permitan comprender mejor esta perspectiva así como unas breves aclaraciones en torno a los conceptos de espacio y lugar.</p>
<p> <strong>1.     </strong><strong>El reino de Dios ha sido comprendido y explicado casi exclusivamente desde la categoría del tiempo</strong></p>
<p><strong> </strong>Hasta el siglo XV el Occidente cristiano estuvo preocupado fundamentalmente por cuestiones locales. La colonización americana y africana abrió un escenario global de sitios por descubrir, explorar y explotar que se legitimó socialmente con la misión “civilizadora” y “modernizadora” que Occidente tenía que realizar en otras naciones más atrasadas tanto en el ámbito cultural como tecnológico y social, por no decir el religioso, todo ello acompañado de una expansión colonial económica y militar, siempre en nombre del progreso, cuya primera tarea consistía en la conquista del espacio y la eliminación de las fronteras locales a través del tiempo.</p>
<p>Lo local era asimilado a lo exótico, lo diferente, que debía integrarse en lo universal y homogéneo. El triunfo de las historias universales, el desarrollo de medios de transporte cada vez más rápidos, los avances en las comunicaciones venían a representar un avance más en esta hegemonía del tiempo que se expresaba, entre otras cuestiones, en la reducción de lo local a lo espacial, como un obstáculo a ser superado o limitado.</p>
<p>Tenemos que esperar a mediados del siglo XX para que lo local empiece a recuperar parte de su fuerza. Lo que comenzó por los procesos de descolonización, continuó después en otros campos: eliminación de la discriminación de raza, protagonismo de la mujer en la vida social, diferencias entre los países del norte y los del sur del planeta, importancia de la vida cotidiana, renacimiento de las identidades nacionales… Todo ello enmarcado dentro de lo que sería un auge de la importancia de lo local, sobre todo en contraposición a una globalización de carácter presuntamente universalizante y homogeneizadora.</p>
<p>Algo muy parecido ha sucedido con la reflexión en torno a la persona de Jesús, enmarcada fundamentalmente en un plano teológico general, donde la cuestión histórica no apareció prácticamente hasta el siglo XIX, siglo en el que se nos presenta a un Jesús desde unas características presuntamente universales, a pesar de que de hecho venían a coincidir en gran medida con el modelo predominante en la sociedad occidental: varón, blanco, culto y, a ser posible, burgués, como una personalidad única y solitaria, como los héroes del siglos XIX. El hecho de que naciera en Palestina, que tuviera un origen campesino, que se moviera en un ambiente popular y aldeano no tenía ninguna importancia, porque lo importante era el mensaje de salvación que traía. Hay que esperar a muy avanzado el siglo XX para que se establezca una conexión más profunda entre la persona de Jesús, y el Reino, y las categorías relacionadas con el lugar y el espacio.</p>
<p> Antes de hablar de esta relación considero necesario una cierta aclaraciones sobre lo que entiendo por lugar: un primer acercamiento nos indica que “lugar” es una localización espacial, la forma en que el espacio es ocupado por los objetos y las actividades con las que los seres humanos nos apropiamos de él, en este sentido está determinado y estructurado por fuezas y estucturas sociales.</p>
<p>En un segundo momento, el “lugar” significa “la representación del espacio, el apuntalamienteo ideológico existente bajo esas prácticas, que se presentan como ‘naturales’ y como parte del ‘orden dado’”, una forma que habitualmente representa el poder de la élite dominante (Moxnes, <em>Poner a Jesús en su lugar, </em>203), puesto que el espacio y el lugar se utilizan para estructurar las identidades y el paisaje normativo, tanto personal como comunitariamente.</p>
<p> Por último, el “lugar” puede ser contemplado desde la perspectiva de los de abajo, en lo que se conoce como “espacios imaginados”, que no es igual que “lugares imaginarios”, puesto que un lugar imaginario un lugar real contemplado de una forma diferente, desde su lado más clandestino y subterráneo, imaginando nuevos significados y posibilidades para las prácticas espaciales ya existentes. Un ejemplo: la ínsula Barataria sería un lugar imaginario, mientras que el Reino de Dios formaría parte de los lugares imaginados. Por lo tanto, mientras los lugares imaginarios no tienen ninguna relación, o muy poca, con los lugares reales, los lugares imaginados son estos mismos lugares reales, pero contemplados desde una perspectiva nueva, totalmente diferente.</p>
<p><strong>2. El Reino de Dios como un lugar imaginado</strong></p>
<p> Aunque la expresión “reino de Dios” sólo aparece una vez en todo el AT, todo la Antigua Alianza está llena de expresiones y conceptos relacionados con la realeza de Dios. Unas expresiones que procederían del ámbito cananeo, donde Israel podría haber unido la realeza estática del dios El (Dios <em>es</em> rey) con la realeza dinámica del dios Baal (Dios <em>se hace</em> rey), para transferir ambas a Yavéh. Esta teología habría tenido su contexto vital en el culto al templo de Jerusalén y los entornos cortesanos, que habrían surgido con el nacimiento de la dinastía davídica: Dios era rey de toda la realidad por la creación y de Israel por la elección.</p>
<p>Después del destierro, esta soberanía divina se configuró de tal manera que iba unida a la liberación de Israel de sus enemigos, la restauración de las doce tribus y la renovación del templo, y así escuchamos en el segundo Isaías: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas noticias, que anuncia salvación, que dice a Sión: Ya reina tu Dios” (Is 52,7). Algo que volverá a expresar siglos más tarde el libro de Daniel cuando, hacia el 160 a.C., anuncia la irresistible instauración futura del reino de Dios en contra de los grandes imperios existentes en su tiempo.</p>
<p>         El propio Jesús “presentó el reino de Dios (un nuevo lugar) no como un poder majestuoso, sino mediante una exraña combinación de ambiciosas declaraciones e imágenes tomadas de la vida sencilla de las familias galileas” (Moxnes, <em>Poner a Jesús,</em> 23). Entre las características específicas del reinado de Dios que aparece en Jesús destacan el hecho de que este Reino es <em>de Dios-Abba</em>, fuente de vida y oferta gratuita de misericordia y perdón, un Reino que responde a su iniciativa, por la que Dios realiza su soberanía y poder sobre el mundo de una forma nueva. El aspecto condenatorio que tenía la visión del Reino en otros contextos (como el propio Juan Bautista) queda claramente postergado, sin llegar a desaparecer del todo. Al mismo tiempo este Reino está haciéndose ya presente con la vida y actuación del propio Jesús y exige por parte nuestra una conversión (<em>metanoia</em>), un cambio radical de conducta para hacer de nuestra vida una existencia digna del Reino.</p>
<p>Aunque el reino de Dios debemos situarlo (en continuidad con el sentido bíblico) dentro del ámbito de la religión política, en el caso de Jesús es un símbolo cargado de tantos estratos, que nos permite conectarlo en muchos casos con el ámbito de lo doméstico.</p>
<p> Es más, a pesar de que la imagen del reino de Dios procede del ámbito político, es decir, relativo al espacio público, de la <em>polis,</em> el reino anunciado por Jesús no tiene ninguna relación con la forma de configuración social predominante en su tiempo, el Imperio (o la monarquía), sino que más bien nos habla de otra forma social menos valorada, la “aldea”. El origen campesino de Jesús le hace localizar el Reino no en la corte, ni en las grandes ciudades, ni desde la perspectiva de la élite, centros desde los que se contempla la realidad en la inmensa mayoría de los casos en el mundo antiguo (y diría que hoy), sino en la pequeña casa de aldea, desde los márgenes galileos y con la mirada del que trabaja con sus propias manos.</p>
<p> Por lo tanto, el reino de Dios no sólo proporciona una nueva perspectiva y motivación sino que nos invita a acogerlo e incorporarnos al dinamismo de Dios que se desarrolla en la historia. De aquí la utilización de expresiones que no tienen paralelos en el judaísmo de su tiempo como “entrar en el Reino de los cielos”, “heredar el Reino”, “se acerca el Reino de Dios”; “el más pequeño en el Reino”, “las llaves del Reino”; os precederán en el Reino” (Aguirre, Mesa compartida, 139).</p>
<p> En concreto, y desde la perspectiva del Reino como lugar imaginado podemos decir que el reino de Dios supone, en un primer nivel, un lugar para los que no tienen lugar ni cabida en el mundo; en segundo lugar, el reino de Dios se constituye como una unidad familiar donde el Padre “está en los cielos”, todos y todas se viven como hermanos en el Hijo y la calidad o el nivel de relaciones se descubre desde el servicio; por último, el reino de Dios tiene un cierto carácter conflictivo porque pone en cuestión gran parte de nuestras estructuras y comportamientos, de aquí la tentación de reducirlo a un no-lugar. Paso a desarrollar algo más estos enunciados.</p>
<p> <strong>2.1.         </strong><strong>El reino de Dios supone un lugar para los que no tienen lugar ni cabida en el mundo</strong></p>
<p><strong> </strong>En el reino anunciado y vivido por Jesús hay una firme voluntad inclusiva, sobre todo frente a otras formas de anunciarlo y vivirlo en su tiempo como la del propio Juan Bautista o los fariseos, una voluntad que se expresa no sólo en la invitación a tomar para de él a todas las personas, sin mirar ni su pertenencia social, su estilo de vida, su género o su situación, sino una especial predilección, casi obsesiva, por acercarse y acercar al Reino a aquellas personas que se encuentran en los márgenes o la periferia, para que nadie se quede fuera de este banquete.</p>
<p> Es más, “el reino de Dios trae consigo, dentro de Israel, una rehabilitación de los grupos estigmatizados… Grupos con deficiencias sociales: los pobres, los hambrientos, los afligidos, los perseguidos y los niños son proclamados dichosos porque de ellos es el reino de Dios (Mt 5,3s; Mc 10,14s)…” (G. Theissen, <em>Jesús histórico</em>, 306), y lo mismo grupos con deficiencias físicas como los enfermos y eunucos (Mt 19,12: eunucos), o con deficiencias morales como los publicanos y prostitutas.</p>
<p> Tanto los símbolos con que se expresa este Reino (comidas, naturaleza, actividades cotidianas) como las maneras de llevarlo a cabo (acciones simbólicas, milagros, parábolas) encuentran aquí uno de sus más hondos sentidos, y la alegría por la recuperación de la oveja perdida o la moneda perdida sólo sirve de anticipo al gozo emocionado por el hijo perdido que vuelve a la casa.</p>
<p> Por tanto, este Reino nos obliga a replantear los lugares que ocupamos, modificando nuestras prioridades y jerarquía, de cara a hacer del mundo un lugar más humano y habitable, donde todas las personas puedan ocupar el lugar que le corresponde.  Pues, como dice Ángel González: “En esto consiste justamente el reino de Dios: en que los modos propios del actuar de Dios van adquiriendo, ya desde ahora y desde abajo, un lugar sobre la tierra” (A. González, <em>Reinado de Dios,</em> 148).</p>
<p><strong> </strong><strong>2.2.         </strong><strong> El reino de Dios constituye además como una unidad familiar donde el Padre “está en los cielos”, todos y todas se viven como hermanos en el Hijo y la calidad o el nivel de relaciones se descubre desde el servicio</strong></p>
<p> En aparente contraste con la imagen política habitual del reino de Dios, uno de los lugares imaginados por Jesús para el reino de Dios es el de la casa y el grupo familiar. Y es que “el hogar es el comienzo del lugar”, porque sólo cuando el espacio lo sentimos como completamente familiar ha llegado a ser un lugar. Por eso, a la hora de hablar del Reino Jesús lo entiende como una unidad familiar donde el padre actúa como un <em>paterfamilias</em> bastante extraño, en primer lugar porque en su actuación se resaltan sobre todo las funciones habitualmente asignadas a la madre (protección del más débil, cariño, reconciliación entre hermanos…), en segundo lugar porque permite e incluso potencia unas relaciones de igualdad insólitas en la época, y en tercer lugar porque pone todo su honor en aquellas personas más deshonrosas según los criterios de su tiempo.</p>
<p> No es un <em>paterfamilias</em> celoso de la cuota de poder que consigan sus hijos e hijas, ni preocupado por establecer jerarquías o diferencias entre ellos y ellas, sino más bien inquieto y hasta obsesionado por aquellas personas que no tienen casa ni hogar, con el fin de hacerlas volver. De hecho, la manera de designarlo en boca de Jesús, <em>Abba,</em> es toda una declaración de principios.</p>
<p> Pero es que, además, al haberse excluido el <em>paterfamilias</em> del ámbito del dominio, deja un espacio vacío para que pueda ser llenado desde unas relaciones fraternas y de igualdad, donde “el que quiera ser grande, que sea servidor vuestro, y el que quiera ser el primero, sea esclavo de todos” (Mc 10,43s)”. De esta manera se rompen buena parte de las dinámicas sociales injustas, estableciendo como criterio de inserción en el Reino actitudes en gran medida contrarias a la cultura dominante. </p>
<p>Resumiendo, como dice el biblista noruego Halvor Moxnes: “La expresión ‘el reino vuelve a casa’ es apropiada para lo que estaba sucediendo. Para los que habían dejado sus grupos familiares, los dichos de Jesús sobre el reino lo imaginaban como un nuevo lugar de origen. Los dichos de Jesús sobre el reino eran una forma de reintegrar la existencia desplazada y sin hogar de los seguidores de Jesús a un grupo familiar: era una manera de hablar sobre lo no familiar de manera familiar. Con una forma subversiva de retórica, Jesús introdujo la vida de los discípulos itinerantes en los grupos familiares de Dios. Los dichos de Jesús subvertían el significado tradicional del grupo familiar, pues eran los sin hogar los que ahora componían la familia de Dios” (Moxnes,<strong> </strong><em>Poner a Jesús&#8230;,</em> 230).</p>
<p><strong>2.3.         </strong><strong>El reino de Dios tiene inevitablemente un cierto carácter conflictivo, porque pone en cuestión gran parte de nuestras estructuras y comportamientos, de aquí la tentación de reducirlo a un no-lugar.</strong></p>
<p>“Es claro que, en los evangelios, ni una sola vez, los grupos y personas que se enfrentaron a Jesús, le echaron en cara ni lo denunciaron porque anunciaba el reino de Dios. Ni los fariseos, ni los escribas, ni los sumos sacerdotes, jamás acusaron a Jesús por el <em>hecho</em> de anunciar el Reino. El problema no se provocó por eso. El problema se provocó… por el <em>modo</em> como anunció el Reino. Y, sobre, todo, por el <em>modelo o ideal del Reino</em> que presentó Jesús” (José María Castillo, <em>El Reino de Dios, </em>37).</p>
<p>Y es que el reino de Dios tiene un cierto carácter conflictivo, al cuestionar buena parte de nuestras estructuras y comportamientos. No es, pues, una realidad neutral, ante la cual podemos quedar indiferentes, sino que o bien nos situamos a su favor (y, en consecuencia, contra de todo lo que se oponga a su crecimiento) o bien intentamos reducirlo a un no-lugar (los no-lugares son aquellos espacios públicos y estandarizados como los aeropuertos, los hospitales, las grandes superficies que utilizamos sin hacerlos propios, como una especie de lugar de paso).</p>
<p>En el caso del cristianismo las formas predominantes de esta reducción del reino de Dios a un no-lugar han sido, en primer lugar, la reducción del Reino la reducción del Reino a la persona de Jesús, que ha tenido como corolario la eclesiastización, es decir, la reducción del Reino a la Iglesia. Lo mismo que el Reino de Dios no puede reducirse a la persona de Jesús, por el olvido que supone de la función del Espíritu para su puesta en marcha en la historia y del papel del Padre en su desarrollo, con mayor motivo el Reino no puede reducirse a la Iglesia que, aunque tiene un papel fundamental como servicio e instrumento de este Reino, sin embargo no se identifica con él ni puede monopolizarlo, ya que a veces su propia realidad histórica la convierte en un obstáculo al mismo.</p>
<p>La segunda forma de reducción del Reino es el moralismo, es decir su reducción a la virtud. En este caso la actitud religiosa farisea se viene a unir a la moral predominante en cada período, hasta formar un conglomerado de difícil salida, porque el Reino pierde en gran medida su capacidad crítica y cuestionadora, convirtiéndose en un elemento más para la conservación y mantenimiento del sistema social.</p>
<p> Por último, la tercera manera de reducción del Reino a un no lugar es el espiritualismo, en sus dos vertientes: la huida del mundo y la focalización del Reino en la lucha contra el cuerpo, que el fondo supone una subjetivización del Reino (centrado en la propia perfección, olvidando su dimensión social) así como una especie de existencia presuntamente liberada, cuando en realidad supone una actitud de profunda cobardía ante la realidad.</p>
<p><strong> </strong><strong>Conclusiones</strong></p>
<p> Como dice una obra de Rafael Sánchez Ferlosio, <em>Mientras los dioses no cambien, nada ha cambiado<strong>, </strong></em>por eso el reino de Dios supone, en primer lugar, un cambio radical en la manera de entender y vivir a Dios, de aquí tanto su carácter conflictivo como la dificultad a la hora de llevarlo a práctica, porque cuestiona las bases sobre las que damos sentido y organizamos nuestros lugares. Sociedad, economía, ideología…, todo queda trastocado por esta nueva manera de mirar al mundo.</p>
<p>          Esto significa, en primer lugar, que a pesar de que el Reino es una invitación hecha a todas las personas, no todas responden que sí. Los evangelios destacan, por un lado, la especial incidencia que tiene el Reino entre los que se encuentran en los márgenes o están excluidos (mujeres, enfermos, pecadores, marginados) y, por otro, dos comportamientos que dificultan enormemente la entrada en el Reino: aquellas personas que no quieran hacerse como niños y los ricos.</p>
<p> El reino de Dios que anuncia y pone en marcha Jesús implica una crítica a toda teología imperial que pretenda sustentar relaciones de poder o dominio sobre bases teológica o religiosas. El Dios de Jesús no quiere el predominio de unos pueblos o naciones sobre otros, ni de unos grupos sociales sobre otros, ni de unas personas sobre otras, sino unas relaciones de fraternidad, basadas en el servicio. El reino de Dios relativiza de esta manera toda forma de poder, impidiendo que se convierta en la última instancia de decisión.</p>
<p> Además, y como dice Rafael Aguirre, “el reino de Dios es un principio de conversión institucional que pone en movimiento y relativiza a la Iglesia porque le recuerda constantemente que no es un fin en sí misma, sino que está al servicio de algo más amplio: le recuerda su provisionalidad” (R. Aguirre, <em>Ensayo</em>, 47). Es la Iglesia la que debe estar al servicio del Reino, y no el Reino al servicio de la Iglesia: nuestras estructuras, nuestras prácticas, nuestras palabras…, todo debe pasar por el tamiz del Reino, que es el que nos dará la hondura y calidad cristiana de las mismas.</p>
<p> Tanto la experiencia de Dios como el seguimiento de Jesús sólo pueden entenderse correctamente desde la perspectiva del Reino, que vertebra y da sentido a las mismas.</p>
<p> <strong>Bibliografía</strong></p>
<p> R. Aguirre,<em> El Reino de Dios y sus exigencias morales,</em> en <em>La mesa compartida. Estudios del NT desde las ciencias sociales,</em> Sal Terrae, Santander 1994, 135-163; Ib., <em>Ensayo sobre los orígenes del cristianismo: de la religión política de Jesús a la religión doméstica de Pablo,</em> Verbo Divino, Estella (Navarra) 2001.<em> </em></p>
<p>J. Mª Castillo, <em>El Reino de Dios. Por la vida y la dignidad de los seres humanos,</em> Desclée de Brouwer, Bilbao 1999.</p>
<p>A. González, <em>Reinado de Dios e imperio. Ensayo de teología social,</em> Sal Terrae, Santander 2003.</p>
<p>R. A. Horsley, <em>Jesús y el Imperio. El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial,</em> Verbo Divino, Estella (Navarra) 2003.</p>
<p>J. P. Meier, <em>Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Tomo II/1. Juan y Jesús. El reino de Dios,</em> Verbo Divino, Estella (Navarra) 2004, 291-592.</p>
<p>H. Moxnes, <em>Poner a Jesús en su lugar. Una visión radical del grupo familiar y el reino de Dios,</em> Verbo Divino, Estella (Navarra) 2005.</p>
<p>J. Sobrino, <em>Jesús y el reino de Dios</em>, capítulo 4 de <em>Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret,</em> Trotta, Madrid 1991, 95-177.</p>
<p>G. Theissen-A. Merz, <em>El Jesús histórico,</em> Sígueme, Salamanca 2000, 273-316.</p>
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		<title>Taller II. La esperanza Cristiana según J.Arregui</title>
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		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Jun 2011 23:55:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
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					<description><![CDATA[LA ESPERANZA.                                                                                                 José Arregui Qué es para mí la esperanza y cómo trato de caminar en ella  Es la pregunta que se nos plantea a cada uno. O también, para ser sincero: cómo trato de cargar cada día con mi parte de desaliento, con mi falta de esperanza. Apunto algunas claves que considero fundamentales, a  [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>LA ESPERANZA.</strong><strong>                                                                                                 </strong>José Arregui</p>
<p><strong>Qué es para mí la esperanza y cómo trato de caminar en ella</strong></p>
<p><strong> </strong>Es la pregunta que se nos plantea a cada uno. O también, para ser sincero: cómo trato de cargar cada día con mi parte de desaliento, con mi falta de esperanza. Apunto algunas claves que considero fundamentales, a las que me siento llamado a volver cada día. He aquí unas simples pinceladas.</p>
<p> <strong>1. Convencerme cada día de que otro mundo es posible</strong></p>
<p>O mantener viva la convicción de algo que es evidente. El mundo está expuesto más graves y numerosos que nunca. Pero cada vez es más claro que este mundo tiene solución, y sabemos cuál es. Lo que falta es voluntad para aplicarla. La voluntad puede ser despertada, suscitada.</p>
<p>            Creer en Dios es creer que otro mundo es posible y querer construirlo. “Todo es posible para el que cree”. Dios es precisamente la inagotable posibilidad siempre abierta en el corazón de la realidad.</p>
<p>            “Dejemos el pesimismo para tiempos mejores” (E. Galeano). No podemos permitirnos ser pesimistas.</p>
<p>  <span id="more-1268"></span>  </p>
<p> </p>
<p> <strong>2. Dejarme inspirar por Jesús</strong></p>
<p> Jesús nos inspira lo que él respiró, esperó, practicó: la curación, la comensalía y la fraternidad.</p>
<p>Contando parábolas y tocando, curó a enfermos echados por los caminos. Anunció un nuevo tiempo de justicia a los campesinos hundidos en la miseria por las deudas. Proclamó la ternura de Dios a los «pecadores» despreciados por el sistema religioso. Con su mensaje y su praxis, desautorizó radicalmente toda relación de dominio y de poder, proclamando y practicando la fraternidad universal. En su vida itinerante, y de manera insólita, se hizo acompañar lo mismo de mujeres que de varones, y reconoció a la mujer el derecho pleno a la palabra y a la autoridad en su movimiento, en ruptura con el patriarcalismo secular y milenario. Fue alegre comensal de odiados recaudadores de impuestos y de repudiadas prostitutas. Despertó sueños de libertad en el pueblo llano. Para muchos hombres y mujeres afligidas era consuelo de Dios, aurora de un nuevo tiempo, promesa de liberación definitiva. Para otros era un hereje y un peligro, y fue condenado a muerte muy poco tiempo -entre uno y tres años- después de comenzar su itinerancia profética.</p>
<p> <strong>3. Esperar como Jesús esperó</strong></p>
<p>             Jesús fue un hombre de gran esperanza. Una esperanza activa. “Levantad la cabeza, se acerca vuestra liberación” (Lc 21,28).</p>
<p>            Seguir a Jesús es reconocer que las criaturas son «promesas reales del Reino» (J. Moltmann). Seguir a Jesús es asumir con confianza paciente que la creación y la liberación no están acabadas, pero están en curso: «Dios aún no ha concluido su obra ni nos ha acabado de crear. Por eso debemos tener tolerancia con el universo y paciencia con nosotros mismos, pues aún no se ha pronunciado la última palabra: «<em>Y vio Dios que era bueno </em>«<a href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p><strong>            </strong>Tal es la esperanza comprometida del discípulo de Jesús. Ánimo en el presente y confianza en el futuro.  “La paz es posible. La justicia es posible. La liberación es posible. Dios ha hecho posible lo imposible y estamos invitados a aprovechar nuestras posibilidades para la vida. Participad en la renovación de la sociedad y de la naturaleza”<a href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p> <strong>4. Más allá del pesimismo y del optimismo</strong></p>
<p>Esa esperanza apasionada y activa es la que Jesús compartió. ¿Fue Jesús demasiado optimista? Habría que responder con las palabras que hace unos meses pronunció Z. Bauman en San Sebastián: “Un optimista es quien cree que este es el mejor de los mundos posibles y no se puede mejorar. Y el pesimista, el que cree que quizás el optimista tenga razón”. Ni el optimismo ni el pesimismo transforman el mundo. ¿Entonces qué?  Primero, convencerse de que “el mundo tal vez se pueda mejorar”; y segundo, seguir en el empeño a pesar del fracaso. Es lo que hizo Jesús. Es lo que le hizo feliz.</p>
<p>La esperanza de Jesús no fue, pues, una «mera esperanza» inoperante, sino una transformadoramente activa. Una esperanza anticipadora: Jesús anunció realizando el anuncio; esperó anticipando lo esperado.</p>
<p><strong>5. Confiar en Dios como Jesús</strong></p>
<p> La esperanza de Jesús estaba animada por una profunda confianza en Dios. <em>«Nada es imposible para Dios</em>» (Lc 1,37) y, por eso, <em>«todo es posible para el que cree»</em> (Mc 9,23): tal es la íntima convicción vital de Jesús. Jesús esperó y proclamó, gozó y padeció, anunció y anticipó el Reino de Dios, el mundo según el sueño de Dios, o «la tierra de los justos y de los buenos»<a href="#_ftn3">[3]</a>. Más aún, Jesús tuvo la certeza vital profunda de que Dios ya estaba viniendo, interviniendo, reinando y liberando a través de su mensaje y de sus curaciones: «<em>los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia»</em> (Mt 11,5; Lc 7,22).</p>
<p>El Dios que suscita y sostiene la esperanza de Jesús es un Dios con entrañas, un Dios que escucha, mira y siente el dolor de sus criaturas. No es un Dios poderoso e impasible, ni un Dios compasivo e impotente, sino un Dios cuyo poder reside en la compasión, con la debilidad que ésta conlleva.</p>
<p>El cristiano que mira a Jesús osa confiar en que Dios, la Ternura que consuela y reconforta, está con el que sufre, con todo el que sufre. Se atreve a confiar, como Jesús, en el Misterio divino que es el Sí, el Amén a la creación y a todas sus promesas.</p>
<p>Donde digo “Dios”, ponga cada uno el nombre que más le inspire. Confiar en Dios requiere revisar nuestra representación de Dios, tanto imaginaria como conceptual. El imaginario tradicional del Dios separado, el Legislador y Providente supremo, exterior al mundo, no inspira confianza, porque ya no es creíble.</p>
<p>Dios o el Fondo de la realidad. Dios o el Misterio que lo habita todo y en quien todo habita, <em>«en quien vivimos, nos movemos y existimos» </em>(Hch 17,28). Dios que no es parte del mundo ni la totalidad del mundo, pero que tampoco es alguien ni algo exterior al mundo y separado de él. Dios o la Gran Realidad de toda realidad, el Ser de cuanto es. Dios o el corazón de la realidad que nos rodea, que nos constituye, que somos. Dios el Yo del yo, el Tú del tú, el Nosotros de todo yo-tú, la Comunión de la diversidad, la  Diversidad inagotable en comunión. Dios que todo lo anima, lo sostiene, lo habita.</p>
<p> <strong>6. Practicar la bondad, como Jesús</strong></p>
<p><strong> S</strong>eguir a Jesús es creer en la bondad y practicar la bondad.</p>
<p>El mejor resumen histórico y la mejor fórmula cristológica acerca de Jesús lo tenemos en las palabras sumamente sencillas de Pedro en los Hechos: <em>«pasó la vida haciendo el bien y curando a los oprimidos»</em> (Hch 10,38). Jesús fue bueno, creyó en la bondad, practicó la bondad con los pobres, los heridos y los condenados como pecadores.</p>
<p>            El Evangelio de Jesús es cuestión de bondad. La religión en general es cuestión de bondad. El gran pensador y creyente que es P. Ricoeur escribía pocos años antes de su muerte: «Lo que se llama generalmente la &#8216;religión&#8217; tiene que ver con la  bondad. Las tradiciones del cristianismo lo han olvidado un poco. Hay una especie de encogimiento, de encerramiento en la culpabilidad y la moral (&#8230;). Pero yo tengo la necesidad de verificar mi convicción de que, por muy radical que sea el mal, no es tan profundo como la bondad. Y si la religión, las religiones tienen un sentido, es el de liberar el fondo de bondad de los hombres, de buscar allí donde está completamente sepultado»<a href="#_ftn4">[4]</a>. La adhesión a Jesús es cuestión de bondad compasiva, libre y gozosa: creer en la bondad, anunciar la bondad, practicar la bondad.</p>
<p>            Claro que practicar la bondad conlleva también practicar la rebeldía. En la buena noticia de Jesús no faltan dichos que suenan a mala noticia: “<em>He venido a traer fuego a la tierra; y ¡cómo me gustaría que ya estuviese ardiendo!”</em> (Lc 12,49).          Quizás nos cuesta imaginar a Jesús hablando de este modo.</p>
<p>            Jesús era bondadoso y también apasionado. Tierno y subversivo. Poeta y profeta. Anunció una revolución, llamó a una revolución. No ciertamente echando mano a las armas, no exterminando a los romanos y a los poderosos opresores. Pero, ciertamente también, Jesús anunció una auténtica “revolución de valores” y la promovió.</p>
<p>            El fuego de Jesús no quiere destruir y consumir a nadie, sino transformar a todos con su luz y su calor. El fuego de la buena noticia quiere alumbrar lo oscuro, curar lo enfermo. Dios es buena noticia para todos, y nos quiere a todos como comensales en el banquete de sus bodas. Sin excluidos. Sin perdedores. Quiere que todos seamos comensales, empezando por los últimos, por los perdedores de la sociedad y de todas las religiones.</p>
<p><strong>7. Creer que la bondad y la bienaventuranza son inseparables</strong></p>
<p> El programa de Jesús son las Bienaventuranzas. No unos dogmas, no un código moral. La misericordia que hace feliz, la pobreza solidaria y liberadora, la compasión efectiva que nos hace sentirnos hijos, hermanos, felices.</p>
<p>            Las bienaventuranzas son el núcleo del evangelio, y deberíamos hacer de ese núcleo levadura de la vida, levadura de la sociedad, levadura de la Iglesia, levadura del mundo, energía transformadora capaz de convertirlo todo en bueno y feliz. Bueno y feliz, eso es. Es tan simple como el pan. La bondad de la felicidad y la felicidad de la bondad: ambas cosas van juntas, son imposibles de separar. ¿No es ésa la ley de la vida? ¿No es ésa la ley de Dios? ¿Qué es lo que puede hacernos felices sino la bondad? ¿Y qué es lo que puede hacerlos buenos sino la felicidad?</p>
<p>            En vano te empeñarás en ser bueno sin ser feliz, y también en ser feliz sin ser bueno. En vano nos empeñaremos en ser buenos a fuerza de leyes morales y dogmas religiosos, e igualmente en ser felices a fuerza de tener, de saber, de poder. El evangelio de Jesús es eso: es la bondad de la felicidad y la felicidad de la bondad. El misterio de Dios es eso: la bondad dichosa y la dicha bienhechora. Es lo más simple y lo más pleno. ¿Y qué otra cosas es sino eso la entraña de la religión y la esencia de la Iglesia? ¿De qué sirven las leyes y los dogmas y todas nuestras teologías, si no hacen buenos siendo felices y no nos hacen felices siendo buenos?</p>
<p> <strong>8. Renunciar a poseer el bien, la verdad, la esperanza</strong></p>
<p><strong> </strong>            Nadie posee la verdad. Nadie posee el bien. Los mayores crímenes se han cometido en nombre de la Verdad y del Bien absolutos.       </p>
<p>La revelación de Dios se inscribe en el registro de la historia. Y la historia pone a todo el sello de la parcialidad y de la contingencia. El respeto al destino histórico de la palabra de Dios obliga a los creyentes a asumir plenamente el deber de la búsqueda, de la confrontación, del intercambio.</p>
<p>            El creyente no posee el saber y la llave del futuro. También para el creyente y para la Iglesia en su conjunto el futuro es impredecible. Oteamos el futuro con el recuerdo y la esperanza, pero no tenemos ante nuestros ojos la figura exacta del porvenir que hemos de construir, ni somos dueños de las llaves del futuro.</p>
<p>En consecuencia, «la negativa a controlar el devenir del mundo»<a href="#_ftn5">[5]</a> es una condición indispensable para la presencia de la Iglesia en la sociedad actual.</p>
<p>No se puede decir, como estamos habituados a escuchar de labios de los dos últimos papas: “No hay esperanza sin fe en Dios”, “No hay humanidad fuera del cristianismo”… Compartimos el mismo deseo, el mismo dolor, la misma ignorancia. Compartimos la compasión y el camino.</p>
<p><strong>9. Seguir aunque fracase</strong></p>
<p>            Estamos seguros de que otro mundo es posible, pero no de que vayamos a conseguirlo. La inseguridad nos duele. Pero entonces podemos mirar de nuevo a Jesús, un fracasado más de la historia.</p>
<p>¿Fracasó Jesús? Depende de cómo se mire. Fue feliz haciendo lo que hizo. Su vida no es una vida malograda, “fracasada”. Es una vida realizada, a pesar del fracaso de sus expectativas. Lo fundamental para él no eran las expectativas, sino la vida samaritana y feliz independientemente de los logros.</p>
<p>Por eso le proclamaron resucitado: “Dios estaba con él incluso en el fracaso. Y si Dios estaba con él, no fracasó”.  Ser cristiano consiste en creer que su fracaso, junto con el fracaso de todos los hombres y mujeres de bien, es semilla y levadura de Reino. Ser cristiano consiste en reconocer la pascua (el paso, la presencia, la solidaridad de Dios) precisamente en el fracaso de Jesús y de todos los mártires de Dios, y seguir aplicando la lógica y la praxis compasiva de Jesús a pesar del fracaso, porque así es mejor, porque nos hace más felices, porque es la única forma de que alguna vez la tierra llegue a ser Reino de Dios, tierra sin males.</p>
<p><strong> </strong><strong>10. Seguir soñando el “sábado” de Dios y de todas las criaturas</strong></p>
<p>Dios crea durante seis días y en el séptimo descansa. Ésta es una de las intuiciones más hondas y bellas de toda la Biblia. La creación culmina en la liturgia y el descanso sabático. La vida busca el gozo y el descanso. La vida no es para trabajar, sino para disfrutar. «Trabajar más para ganar más» fue el lema de N. Sarkozy en las elecciones presidenciales francesas, pero este lema es un desatino inhumano. ¿De qué sirve ganar, si con ello nos obligamos a cansarnos más? ¿De qué sirve trabajar más y ganar más, si con ello dañamos nuestra vida y la vida de millones de seres humanos y de seres de la naturaleza? La vida es para celebrar y gozar juntos, y ése es el sentido del sábado y de toda fiesta. <em>«Acuérdate del sábado, para consagrárselo al Señor.</em><em> </em><em>Trabaja seis días y haz en ellos todo lo que tengas que hacer,</em><em> </em><em>pero el séptimo día es de reposo consagrado al Señor tu Dios. No hagas trabajo alguno en ese día, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo o tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que viva contigo. </em><em> </em><em>Porque el Señor hizo en seis días el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y descansó el día séptimo. Por eso el Señor bendijo el sábado y lo declaró día sagrado</em>. <em>Durante seis días trabajarás y harás tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor tu Dios: no harás en él trabajo al‑uno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija. ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el emigrante que vive en tus ciudades»</em> (Ex 20, 8-11).</p>
<p>        «Acuérdate del sábado». Acuérdate de que la vida es gracia y merece ser agradecida y celebrada. Acuérdate de que tu vida no es para producir, servir, explotar, sino para saborear, compartir, saborear juntos, ser libres y hermanos. Acuérdate del sábado para relajar tus tensiones excesivas y recuperar el bienestar de la vida. Acuérdate del sábado para que toda la naturaleza descanse también y respire, y cada ser sea él mismo. Acuérdate del sábado para que toda la creación sea templo del Espíritu y para que el Espíritu de Dios encuentre reposo en su creación.</p>
<p>       Dios también espera el descanso, necesita respirar. Su esperanza es nuestra esperanza.</p>
<p>   </p>
<hr width="33%" size="1" />
<p><a href="#_ftnref1">[1]</a> L. Boff, <em>Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres,</em> o.c., p. 50.</p>
<p><a href="#_ftnref2">[2]</a> J. Moltmann, <em>Cristo para nosotros hoy</em>, Trotta, Madrid 1997, p. 119.</p>
<p><a href="#_ftnref3">[3]</a>  L. Boff, <em>Hablemos de la otra vida</em>, Sal Terrae, Santander 1978, pp. 11-13.</p>
<p><a href="#_ftnref4">[4]</a>  P. Ricoeur, «Libérer le fond de bonté «, en <em>Actualité des religions</em> 44 (2002), p. 20.</p>
<p><a href="#_ftnref5">[5]</a> Ch. Duquoc, <em>Cristianismo: memoria para el futuro</em>, Sal Terrae, Santander 2003, p. 110.</p>
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			</item>
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		<title>Taller II. La esperanza cristiana. Resumen</title>
		<link>https://comunidadsta.org/taller-ii-la-esperanza-cristiana-resumen/</link>
					<comments>https://comunidadsta.org/taller-ii-la-esperanza-cristiana-resumen/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Jun 2011 23:47:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
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					<description><![CDATA[A)     REFLEXIONES SOBRE LA ESPERANZA, al margen de los documentos enviados.  Un grupo nos ha mandado sus reflexiones sobre el concepto de esperanza. Lo completamos con otras aportaciones:  La vida sin esperanza no es vida, sino enfermedad y muerte.  La esperanza es el motor de lucha: nos lleva a actuar.  Nos ayuda a mantener la  [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="TEXT-ALIGN: left">A)     REFLEXIONES SOBRE LA ESPERANZA, <span style="text-decoration: underline;">al margen de los documentos enviados</span>.</p>
<p> Un grupo nos ha mandado sus reflexiones sobre <em><span style="text-decoration: underline;">el concepto de esperanza.</span></em> Lo completamos con otras aportaciones:</p>
<ul>
<li> La vida sin esperanza no es vida, sino enfermedad y muerte.</li>
<li> La esperanza es el motor de lucha: nos lleva a actuar.</li>
<li> Nos ayuda a mantener la capacidad de “indignarse”, y reaccionar ante las injusticias.</li>
<li> En el origen de la esperanza está el amor.</li>
<li> Lo cristiano saca lo mejor de lo humano.</li>
<li> La esperanza se vive cuando aquello por lo que luchamos se ve realizable.</li>
</ul>
<p>  <span id="more-1267"></span>  </p>
<p> <span style="text-decoration: underline;">Desde la esperanza:</span></p>
<ul>
<li>&#8211; Se observan procesos regidos por valores colectivos: cooperación, justicia, igualdad…</li>
<li>&#8211; En diversos países se van dando cambios importantes en relación a la justicia y    distribución de bienes.</li>
<li>&#8211; Necesitamos una actitud beligerante, inteligente y esperanzada para retomar la   religiosidad ético-profética, y dejar ya la religiosidad ontológico-cultualista, que se nos  trata de imponer.</li>
<li>&#8211; El  ser humano es tan importante que el plan de Dios no sería posible sin nosotros.</li>
</ul>
<p> <span style="text-decoration: underline;">Desde la desesperanza: </span></p>
<ul>
<li>&#8211; Los datos objetivos que observamos, invitan a la desesperanza.</li>
<li>&#8211; Siempre vencen los mismos: los que ostentan el poder económico, que está a la base de los demás poderes que oprimen, empobrecen, y humillan.</li>
<li>&#8211; La desesperanza puede llegar cuando uno se siente profundamente maltratado.</li>
</ul>
<p> B) <span style="text-decoration: underline;">REFLEXIONES DE CARÁCTER GENERAL, inspiradas en los documentos.</span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span><span style="text-decoration: underline;">La resurrección:</span></p>
<ul>
<li>&#8211; Para  los grupos en general <em>la resurrección es algo fundamental</em>, porque ahí es donde se manifiesta la presencia del Espíritu de Jesús con sus valores que nos acompañan, nos impulsan y nos reconfortan.</li>
<li>&#8211; Es importante que la comunidad viva la resurrección y la haga presente de manera trascendente, porque al amar trascendemos lo inmanente.</li>
<li>&#8211; Normalmente hemos tratado el tema de la resurrección desde el punto de vista del Jesús histórico, pero si lo vemos desde el cambio vital que supuso en sus discípulos, para poder romper con la ley y las tradiciones del judaísmo, es un punto de partida interesante también para nosotros. No podemos estar atenazados por las leyes y tradiciones que emanan de la iglesia jerárquica, que son humanas. La gran personalidad y la libertad de Jesús influyeron en sus primeros discípulos y deben seguir influyendo en nosotros.</li>
<li>&#8211; La resurrección de Jesús da un contenido de esperanza a toda la historia humana, y, por tanto, la esperanza escatológica no se puede concebir si no es como culminación de la esperanza humana histórica.</li>
<li>&#8211; La teología hoy debe establecer una relación entre <em>víctimas y resurrección, </em>y entre <em>resurrección y esperanza, </em>siguiendo a Jesús como prototipo.</li>
</ul>
<p><span style="text-decoration: underline;">Modo de resucitar:</span></p>
<p>&#8211; En cuanto al modo de resucitar, se ve muy difícil pensar en una vida ultraterrena física. Al hablar de <em>las apariciones del Resucitado</em>, el Nuevo Testamento nos invita a entender ese género literario, de tipo catequético, propicio e impactante para las primeras generaciones cristianas.</p>
<p>&#8211; No se dice cómo resucitó Jesús, ni cómo vive junto al Padre. Sí se nos habla de la cercanía de Jesús y que podemos contar con él. Algo sucedió después de la muerte de Jesús, porque sus discípulos pasaron de una situación de miedo, a retomar la actividad que correspondía a ser discípulos de Jesús. De nuevo nos encontramos con el tema de las apariciones.</p>
<p> <span style="text-decoration: underline;">El reinado de Dios:</span></p>
<p>&#8211; Para algunos, el reinado de Dios, inaugurado por Jesús, es como un tejido que se ha ido elaborando desde las primeras generaciones cristianas, con pequeños o grandes esfuerzos, hasta nuestros días. Otras generaciones lo continuarán porque todos vamos contribuyendo a hacer presente el reinado de Dios en nuestra historia.</p>
<p>&#8211; El Espíritu de Dios llenó por completo la mente y el corazón de los discípulos de Jesús, para que se apartaran de la ley de Moisés, y emprendieran con Jesús la lucha por implantar el reinado de Dios. Vieron a Jesús libre de las limitadas perspectivas del judaísmo.</p>
<p>&#8211; Por el Espíritu admitieron la dialéctica del Reino: Dios Padre de todos, la vida como valor supremo, comunión con los pobres y  necesitados, confrontación con las autoridades judías y el Imperio. El reino de Dios es de este mundo, pero con valores totalmente renovados. Romper con el Antiguo Testamento fue obra del Espíritu.</p>
<p>&#8211; Hay diferencia entre religión y cristianismo. Las religiones han creado un Dios trascendente, un Dios que infunde temor. Jesús nos presenta a un Dios que es Padre-Madre, y tan cercano <em>que se hace hombre. Dios se humaniza. </em>Jesús representa la secularización de Dios.</p>
<p>&#8211; Si no hay un cambio interior en cada uno, es imposible trabajar por implantar el reinado de Dios.</p>
<p>&#8211; El Reino ya está entre nosotros: es un proyecto de lucha por la justicia que nos compromete a todos para hacerlo realidad. Sigue totalmente vigente porque no se ha logrado la justicia para todos, ni se ha erradicado el mal en el mundo.</p>
<p> <span style="text-decoration: underline;">Siguiendo la visión teológica y el testimonio de José Mª Díaz-Alegría:</span></p>
<p>&#8211; La esperanza histórica se entiende bien, no así la esperanza escatológica, que estuvo marcada por la creencia, propiciada por algunas cartas de Pablo, de la pronta venida de Jesús resucitado y exaltado a la diestra de Dios. Así surge también <em>la falsa esperanza</em>: se deja todo para el futuro, porque ya no se espera nada.</p>
<p>&#8211; Percibimos signos de  esperanza en un mundo mejor, y, a otro nivel,  la esperanza de vida después de la muerte, compartido por otras religiones.</p>
<p>&#8211; La esperanza nos anima, porque al final lo bueno va a triunfar, y quien da su vida para mejorar la calidad de nuestra existencia trasciende su propia historia, por ser su aportación válida para toda la humanidad.</p>
<p>&#8211; Necesitamos miradas abiertas que puedan contemplar los procesos a largo plazo, porque tenemos la confianza de que los esfuerzos de hoy posibilitarán los cambios del mañana.</p>
<p>-La esperanza cristiana se enraíza en la esperanza humana de que otro mundo es posible. Como seguidores de Jesús tenemos la fuerza y la confianza  en sus palabras: venció todos los males, incluida la muerte.</p>
<p>&#8211; En cuanto a <em>religión falsa y religión verdadera,</em> estos conceptos tienen que ver con <em>la religión cultual e individualista, </em>o con <em>la religión profética, </em>comprometida con el bienestar y la liberación de los más necesitados, a través del servicio, la solidaridad y el amor concreto al prójimo –parábola del <em>buen samaritano-. </em>No olvidemos que la iglesia jerárquica ha condenado <em>la teología de la liberación, </em>que hunde sus raíces en el Evangelio.</p>
<p>&#8211; La explicación de Díaz-Alegría al texto de Pablo, I Corintios 15,22-26, es muy clarificadora: <em>Cristo resucitado es constituido Señor para que realice en la historia una superación de las potencias del mal… Jesús resucitado es una garantía de que la lucha tiene sentido y da su sentido a la historia.</em></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Jesús histórico, fundamento de nuestra esperanza histórica:</span></p>
<p> &#8211; Las razones de la esperanza histórica no son ajenas a nuestra fe en Jesús, porque se fundamentan en la vida y en el testimonio de Jesús.</p>
<p>  La fe en Dios y en Jesús es gratuita y por ella Dios interviene en el corazón de los hombres, no <em>de manera fenomenológica</em> en la historia.</p>
<p>  Si seguimos la senda marcada por Jesús de Nazaret, tenemos un norte claro por donde debemos avanzar.</p>
<p>&#8211; Jesús ha echado abajo las barreras que separaban a las distintas religiones. Por eso, trabajando codo a codo con otros hombres en favor de los más necesitados, incrementamos y multiplicamos nuestra esperanza.</p>
<p>&#8211; Fortalecen nuestra esperanza las personas que trabajan por la paz, por la justicia y por los más necesitados. Los jóvenes que se organizan para la lucha, -el 15 M-, y las personas mayores consecuentes –las madres argentinas de la plaza de mayo-. Ésas y otras muchas personas reflejan a Jesús y a Dios, y trascienden nuestra propia condición y situación. Esa trascendencia nos pone en la onda de la resurrección.</p>
<p>&#8211; Estar arraigados en la persona del Hombre-Jesús es motivo para la esperanza cristiana, porque el Reino, anunciado y promovido por él, ya está entre  nosotros. Las principales parábolas así lo confirman.</p>
<p>&#8211; El Espíritu de Jesús realiza entre nosotros la labor que llevó a cabo con las primeras generaciones cristianas, sobre todo, impulsando los  pasos de la  libertad tan necesarios para las comunidades primitivas.</p>
<p>&#8211; La esperanza nos da la convicción de que la utopía del Reino es posible, sacándonos de nuestras comodidades.</p>
<p>&#8211; Jesús es el Hijo del hombre, es decir, el hombre en plenitud. Lo que Dios quiere para Jesús lo quiere también para todo ser humano. La  vida de Jesús,  su muerte y resurrección es lo que Dios quiere para toda la humanidad, porque el proyecto de Dios en Jesús es único.</p>
<p> C) <span style="text-decoration: underline;">REFLEXIONES DE CARÁCTER PRÁCTICO, a la luz de las preguntas formuladas.</span></p>
<p><strong>1. ¿Crees que Jesús, con su mensaje y actividad, <em>sólo pretendía la conversión de la persona o ha influido también en la desaparición de importantes  estructuras, </em>opuestas a su actividad y mensaje?  Si es así, ¿qué podemos hacer hoy para erradicar estructuras injustas?</strong></p>
<p>&#8211; Aunque no ha habido consenso en los grupos, algunos opinan que Jesús, no sólo se dirigía a las personas, ya que dio suficientes señales para erradicar estructuras injustas en su tiempo: <em>el sábado, el templo, la ley mosaica, la persona lo más importante, por encima de las estructuras</em></p>
<p><em>.</em>&#8211; Hay quien opina que el mensaje de Jesús se reduce a algo intimista, pero la mayoría de ese grupo cree que Jesús denunció las estructuras sociales y religiosas de su época: <em>acoge y come con los pecadores, proclama al hombre superior al sábado, se hospeda en casa de Zaqueo, habla en público con la samaritana, arroja a los cambistas y a los animales dedicados a los sacrificios del templo. </em>Así pues, consideramos necesario el cambio de estructuras, sobre todo las eclesiásticas.<em></em></p>
<p>&#8211; Trabajar para combatir la cultura del capital, y promover en nuestras vidas valores como <em>el servicio, la austeridad, la gratuidad, el amor.</em></p>
<p>&#8211; Jesús pretende las dos cosas: que el hombre recobre la dignidad perdida, y cambiar las estructuras que lo infravaloran y   lo destruyen. Hoy podemos exigir que se tengan en cuenta los derechos humanos conculcados, y luchar, unidos a otros grupos y personas, contra la supremacía del capital, y el ansia de poder y dominio, que están a la base de toda injusticia.</p>
<p><em> </em><strong> 2. La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe y esperanza. Si tú, tus familiares y amigos habéis sido “probados” duramente por enfermedades graves o inesperadas, por muertes violentas repentinas, por fenómenos naturales incontrolados, <em>¿tu esperanza cristiana te ha confortado</em>, con la certeza de que <em>El Dios de la vida tiene la palabra definitiva?</em></strong></p>
<p>&#8211; Ha habido opiniones distintas, entre algunos que consideraban la esperanza como algo contemplativo y reconfortante, y la mayoría que la veían como esperanza activa y revulsiva. Del sentido que puede dársele  a la “experiencia de la resurrección”, podemos encontrar una respuesta adecuada en los apartados 2.8 y 2.9 de los materiales del taller.</p>
<p>&#8211; Con la esperanza más que con la certeza. Conforta mucho tener cerca a los que quieres.</p>
<p>&#8211; No se ve razón ni consuelo en determinadas enfermedades, ni en muertes de gente joven. La esperanza no puede eludir ni suavizar el dolor. La esperanza cristiana ayuda a no desesperarse, pero no puede ahogar lo humano.</p>
<p>&#8211; La luz de la esperanza volverá a aparecer, aunque tarde.</p>
<p>&#8211; Otros la consideran una cuestión muy personal, y cada uno reacciona de forma distinta.</p>
<p>&#8211; Todos valoramos el hecho de estar al lado del que sufre, y las muestras de cariño: el abrazo, la comprensión, el saber escuchar y callar.</p>
<p><strong>3. La fe en la resurrección de Jesús implica una gran Esperanza en el Dios de la Vida. Y si además,  <em>“la Esperanza no defrauda, porque el amor de Dios inunda nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado” </em>(Romanos 5,5)<em>, </em>¿cómo podemos transformar <em>ese torrente de amor profundo</em> en servicio y solidaridad con los más necesitados?</strong></p>
<p><strong> </strong>&#8211; No nos sentimos tan inundados como para hacer muchas cosas.</p>
<p>&#8211; El servicio y la solidaridad no son sólo consecuencia, sino causa y fuente de esperanza.</p>
<p>&#8211; Cada cual responde según sus carismas. El amor real que damos es gratuito. Nos tenemos que exigir cada ver más, sin torturarnos.<em></em></p>
<p>&#8211; Estar con los oídos atentos a lo que nos demanden, empezando por los más cercanos; de lo contrario, podría ser una ilusión, al margen de la realidad.</p>
<p>&#8211; Evitar la autocomplacencia.</p>
<p><strong>4. <em>La teología tradicional</em> ha  fomentado y desarrollado  una conciencia de sumisión, esclavitud y temor a la jerarquía, a sus leyes  y a sus normas. ¿Cómo podríamos despertar en nosotros <em>la convicción de que somos realmente hijos de Dios</em>, y, por tanto, <em>personas adultas y libres </em>para  trabajar sin desaliento por <em>el</em> <em>reinado de Dios con una esperanza viva?</em></strong></p>
<p>&#8211; Si no actuamos más no es por desaliento; es más por falta de generosidad, por pereza y por comodidad.</p>
<p>&#8211; El Espíritu no sólo no anula  la persona, sino que la hace <em>adulta y libre. </em>El Espíritu de Dios se identifica con el amor, y nos permite transformar el mundo a través de <em>una justicia activa, </em>en favor, sobre todo, de los más débiles<em>. </em>Aunque el Espíritu se hace presente de manera especial con la resurrección de Jesús, no obstante siempre ha inspirado <em> </em>al hombre para <em>actuar con bondad y con entrañas de misericordia hacia los demás. </em></p>
<p>&#8211; La jerarquía importa muy poco a nuestra comunidad. Hay que escuchar más lo que nos dice Dios a través de las realidades que nos rodean.</p>
<p>&#8211; Hay que estimular la conciencia de que somos adultos y libres, y, por tanto, capaces de pensar y actuar por nosotros mismos. También se puede denunciar la actitud de la jerarquía, marcadamente en contra del Evangelio.</p>
<p><strong> 5. Probablemente rasgos de la religiosidad falsa, -a la que Díez-Alegría llama <em>ontológico-cultualista</em>-,  siguen influyendo en nuestra manera de vivir como cristianos. ¿Cuáles identificamos a nivel personal, y a nivel comunitario?</strong></p>
<p>&#8211; No mucho: ni a nivel comunitario, ni personal.<em></em></p>
<p>&#8211; Hay bastante superación en la comunidad. Tenemos claro que la salvación viene por el amor, no por el culto.</p>
<p>&#8211; Convertir el culto en fin, siendo sólo un medio. La iglesia jerárquica se centra en el culto –lo sagrado-, y en las instituciones por encima de la persona. En lo personal, nos cuestionamos la herencia recibida, y nos abrimos a nuevos planteamientos a la luz del Evangelio: <em>tenemos que transmitir a Jesús con nuestra forma de vida.</em></p>
<p>&#8211; Creemos que en nuestra comunidad sí tenemos superado ese nivel, aunque en nuestro entorno tengamos que condescender con una religiosidad más cultualista.</p>
<p>&#8211; A nivel personal, cierto individualismo; a nivel colectivo, cierta intransigencia entre diferentes maneras de pensar, aunque se va mejorando en este aspecto.</p>
<p><strong>6. Si caminamos hacia una religión verdadera, &#8211; <em>ético-profética</em>, según señala Díez Alegría-,  nos tenemos que basar en la esperanza mesiánica inserta en la historia. Para ello es necesario profundizar en la fe en Jesús. ¿Podríamos intentar explicitar <em>nuestro credo </em>como hace Díez-Alegría?</strong></p>
<p>&#8211; Nuestro pilar es Jesús y los valores que él vivió, con los cuales nos podemos situar en nuestro mundo, es decir, lo fundamental es seguir a Jesús como discípulos.</p>
<p>&#8211; La transformación personal, a nivel intelectual, la vemos con claridad, pero tenemos que seguir mejorando cómo estar en la vida y nuestra propia coherencia. El Espíritu nos tiene que impulsar a ser seguidores de Jesús, porque el Evangelio es sencillo de entender, pero difícil de practicar.</p>
<p>&#8211; Por su interés, transcribimos <em><span style="text-decoration: underline;">dos Credos</span> </em>de dos grupos diferentes, que podrían servir de base para <em>un Credo comunitario:</em></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Primer Credo:</strong></span></p>
<ul>
<li>&#8211; Creo en Dios, fuente  de amor inagotable.</li>
<li>&#8211; Creo en Jesús que nos descubrió un Dios Padre de toda la humanidad, y nos dejó como tarea convertir este mundo en otro más justo y solidario.</li>
<li>&#8211; Creo que su muerte fue consecuencia inevitable de su vida, entregándose por entero a los demás.</li>
<li>&#8211; Creo en el Espíritu que se derrama sobre el mundo para iluminarlo y darle fuerza, a fin de realizar el Reino de Dios en esta tierra.</li>
<li>&#8211; Creo en la humanidad como generadora de bien.</li>
<li>&#8211; Creo en la utopía del Reino que es realizable aquí y ahora.</li>
<li>&#8211; Creo que los hombres somos hermanos y que ningún ser humano debe ser excluido de esta fraternidad por ningún motivo.</li>
<li>&#8211; Creo en la comunidad que trabaja por el Reino, y mantiene firme su fe y alimenta la esperanza de un futuro mejor para todos.</li>
<li>&#8211; Espero que algún día resucitaré en la medida en que haya sido fiel al proyecto del Reino y haya contribuido a eliminar el mal y la injusticia en el mundo.</li>
</ul>
<p><strong> <span style="text-decoration: underline;">Segundo Credo:</span></strong></p>
<ul>
<li>&#8211; Creo en la Humanidad.</li>
<li>&#8211; Creo en la Vida.</li>
<li>&#8211; Creo en el Amor transformador.</li>
<li>&#8211; Creo en Dios, que es Amor, y en el Amor, que es Dios.</li>
<li>&#8211; Creo en la justicia y en la igualdad.</li>
<li>&#8211; Creo en la Vida de Jesús, y en la posibilidad de una Humanidad como la suya.</li>
</ul>
<p> <strong>7. Según Díez-Alegría la esperanza cristiana (escatológica) no puede renunciar a la esperanza histórica, sino que tiene que estar abierta a ella. ¿De qué modo hacemos converger la esperanza histórica y nuestra esperanza como cristianos/as en la vida cotidiana? ¿Cómo alimentamos la esperanza cristiana?</strong></p>
<ul>
<li>&#8211; Nuestra esperanza histórica se fundamenta en el testimonio de Jesús, y de los profetas que han venido después de él a lo largo de la historia. Con la fe en Jesús confluyen la esperanza histórica y la cristiana.</li>
<li>&#8211; Debemos comprometernos más con los hechos históricos que nos están tocando vivir.</li>
<li>&#8211; No hay distinción entre una y otra. Las alimentamos desde la antropología y desde la fe en Jesús, porque la resurrección alimenta nuestra esperanza.</li>
<li>&#8211; Se alimenta con amor y compromiso.</li>
<li>&#8211; Trabajando por una Humanidad justa, solidaria y feliz.</li>
<li>&#8211; Además de la gente joven y mayor ya nombrados, es motivo de esperanza ver que hay personas oprimidas y sometidas a los grandes poderes políticos y económicos, que siguen trabajando por un mundo más justo, a pesar de todo.</li>
<li>&#8211; Alimentamos también la esperanza uniéndonos a otras personas o grupos que trabajan por un mundo más justo, sean creyentes o no.</li>
</ul>
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			</item>
		<item>
		<title>LA  ESPERANZA CRISTIANA</title>
		<link>https://comunidadsta.org/la-esperanza-cristiana/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jun 2011 22:31:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://comunidadsta.org/2011/06/27/la-esperanza-cristiana/</guid>

					<description><![CDATA[ RESUMEN  del  TALLER  II, 2011:  A)     REFLEXIONES SOBRE LA ESPERANZA, al margen de los documentos enviados.  Un grupo nos ha mandado sus reflexiones sobre el concepto de esperanza. Lo completamos con otras aportaciones: La vida sin esperanza no es vida, sino enfermedad y muerte. –         La esperanza es el motor de lucha: nos lleva a  [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p align="center"> RESUMEN  del  TALLER  II, 2011:</p>
<p style="text-align: left;"> A)     REFLEXIONES SOBRE LA ESPERANZA, <span style="text-decoration: underline;">al margen de los documentos enviados</span>.</p>
<p> Un grupo nos ha mandado sus reflexiones sobre <em><span style="text-decoration: underline;">el concepto de esperanza.</span></em> Lo completamos con otras aportaciones:</p>
<p>La vida sin esperanza no es vida, sino enfermedad y muerte.</p>
<ul>
<li>&#8211;         La esperanza es el motor de lucha: nos lleva a actuar.</li>
<li>&#8211;         Nos ayuda a mantener la capacidad de “indignarse”, y reaccionar ante las injusticias.</li>
<li>&#8211;         En el origen de la esperanza está el amor.</li>
<li>&#8211;         Lo cristiano saca lo mejor de lo humano.</li>
<li>&#8211;     La esperanza se vive cuando aquello por lo que luchamos se ve realizable.</li>
<li> </li>
</ul>
<p><span style="text-decoration: underline;">Desde la esperanza:</span></p>
<ul>
<li>&#8211; Se observan procesos regidos por valores colectivos: cooperación, justicia, igualdad…</li>
<li>&#8211; En diversos países se van dando cambios importantes en relación a la justicia y</li>
<li>   distribución de bienes.</li>
<li>&#8211; Necesitamos una actitud beligerante, inteligente y esperanzada para retomar la</li>
<li>  religiosidad ético-profética, y dejar ya la religiosidad ontológico-cultualista, que se nos</li>
<li>  trata de imponer.</li>
<li>&#8211; El  ser humano es tan importante que el plan de Dios no sería posible sin nosotros.</li>
<li> </li>
<li><span style="text-decoration: underline;">Desde la desesperanza: </span></li>
<li>&#8211; Los datos objetivos que observamos, invitan a la desesperanza.</li>
<li>&#8211; Siempre vencen los mismos: los que ostentan el poder económico, que está a la base de</li>
<li>  los demás poderes que oprimen, empobrecen, y humillan.</li>
<li>&#8211; La desesperanza puede llegar cuando uno se siente profundamente maltratado.  <span id="more-1266"></span>  </li>
</ul>
<p> B) <span style="text-decoration: underline;">REFLEXIONES DE CARÁCTER GENERAL, inspiradas en los documentos.</span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span><span style="text-decoration: underline;">La resurrección:</span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span> Para  los grupos en general <em>la resurrección es algo fundamental</em>, porque ahí es donde se manifiesta la presencia del Espíritu de Jesús con sus valores que nos acompañan, nos impulsan y nos reconfortan.</p>
<p>&#8211; Es importante que la comunidad viva la resurrección y la haga presente de manera trascendente, porque al amar trascendemos lo inmanente.</p>
<p>&#8211; Normalmente hemos tratado el tema de la resurrección desde el punto de vista del Jesús histórico, pero si lo vemos desde el cambio vital que supuso en sus discípulos, para poder romper con la ley y las tradiciones del judaísmo, es un punto de partida interesante también para nosotros. No podemos estar atenazados por las leyes y tradiciones que emanan de la iglesia jerárquica, que son humanas. La gran personalidad y la libertad de Jesús influyeron en sus primeros discípulos y deben seguir influyendo en nosotros.</p>
<p>&#8211; La resurrección de Jesús da un contenido de esperanza a toda la historia humana, y, por tanto, la esperanza escatológica no se puede concebir si no es como culminación de la esperanza humana histórica.</p>
<p>&#8211; La teología hoy debe establecer una relación entre <em>víctimas y resurrección, </em>y entre <em>resurrección y esperanza, </em>siguiendo a Jesús como prototipo.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Modo de resucitar:</span></p>
<p>&#8211; En cuanto al modo de resucitar, se ve muy difícil pensar en una vida ultraterrena física. Al hablar de <em>las apariciones del Resucitado</em>, el Nuevo Testamento nos invita a entender ese género literario, de tipo catequético, propicio e impactante para las primeras generaciones cristianas.</p>
<p>&#8211; No se dice cómo resucitó Jesús, ni cómo vive junto al Padre. Sí se nos habla de la cercanía de Jesús y que podemos contar con él. Algo sucedió después de la muerte de Jesús, porque sus discípulos pasaron de una situación de miedo, a retomar la actividad que correspondía a ser discípulos de Jesús. De nuevo nos encontramos con el tema de las apariciones.</p>
<p> <span style="text-decoration: underline;">El reinado de Dios:</span></p>
<p> Para algunos, el reinado de Dios, inaugurado por Jesús, es como un tejido que se ha ido elaborando desde las primeras generaciones cristianas, con pequeños o grandes esfuerzos, hasta nuestros días. Otras generaciones lo continuarán porque todos vamos contribuyendo a hacer presente el reinado de Dios en nuestra historia.</p>
<p>&#8211; El Espíritu de Dios llenó por completo la mente y el corazón de los discípulos de Jesús, para que se apartaran de la ley de Moisés, y emprendieran con Jesús la lucha por implantar el reinado de Dios. Vieron a Jesús libre de las limitadas perspectivas del judaísmo.</p>
<p>&#8211; Por el Espíritu admitieron la dialéctica del Reino: Dios Padre de todos, la vida como valor supremo, comunión con los pobres y  necesitados, confrontación con las autoridades judías y el Imperio. El reino de Dios es de este mundo, pero con valores totalmente renovados. Romper con el Antiguo Testamento fue obra del Espíritu.</p>
<p>&#8211; Hay diferencia entre religión y cristianismo. Las religiones han creado un Dios trascendente, un Dios que infunde temor. Jesús nos presenta a un Dios que es Padre-Madre, y tan cercano <em>que se hace hombre. Dios se humaniza. </em>Jesús representa la secularización de Dios.</p>
<p>&#8211; Si no hay un cambio interior en cada uno, es imposible trabajar por implantar el reinado de Dios.</p>
<p>&#8211; El Reino ya está entre nosotros: es un proyecto de lucha por la justicia que nos compromete a todos para hacerlo realidad. Sigue totalmente vigente porque no se ha logrado la justicia para todos, ni se ha erradicado el mal en el mundo.</p>
<p> <span style="text-decoration: underline;">Siguiendo la visión teológica y el testimonio de José Mª Díaz-Alegría:</span></p>
<p>&#8211; La esperanza histórica se entiende bien, no así la esperanza escatológica, que estuvo marcada por la creencia, propiciada por algunas cartas de Pablo, de la pronta venida de Jesús resucitado y exaltado a la diestra de Dios. Así surge también <em>la falsa esperanza</em>: se deja todo para el futuro, porque ya no se espera nada.</p>
<p>&#8211; Percibimos signos de  esperanza en un mundo mejor, y, a otro nivel,  la esperanza de vida después de la muerte, compartido por otras religiones.</p>
<p>&#8211; La esperanza nos anima, porque al final lo bueno va a triunfar, y quien da su vida para mejorar la calidad de nuestra existencia trasciende su propia historia, por ser su aportación válida para toda la humanidad.</p>
<p>&#8211; Necesitamos miradas abiertas que puedan contemplar los procesos a largo plazo, porque tenemos la confianza de que los esfuerzos de hoy posibilitarán los cambios del mañana.</p>
<p>-La esperanza cristiana se enraíza en la esperanza humana de que otro mundo es posible. Como seguidores de Jesús tenemos la fuerza y la confianza  en sus palabras: venció todos los males, incluida la muerte.</p>
<p>&#8211; En cuanto a <em>religión falsa y religión verdadera,</em> estos conceptos tienen que ver con <em>la religión cultual e individualista, </em>o con <em>la religión profética, </em>comprometida con el bienestar y la liberación de los más necesitados, a través del servicio, la solidaridad y el amor concreto al prójimo –parábola del <em>buen samaritano-. </em>No olvidemos que la iglesia jerárquica ha condenado <em>la teología de la liberación, </em>que hunde sus raíces en el Evangelio.</p>
<p>&#8211; La explicación de Díaz-Alegría al texto de Pablo, I Corintios 15,22-26, es muy clarificadora: <em>Cristo resucitado es constituido Señor para que realice en la historia una superación de las potencias del mal… Jesús resucitado es una garantía de que la lucha tiene sentido y da su sentido a la historia.</em></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span><span style="text-decoration: underline;">Jesús histórico, fundamento de nuestra esperanza histórica:</span></p>
<p> &#8211; Las razones de la esperanza histórica no son ajenas a nuestra fe en Jesús, porque se fundamentan en la vida y en el testimonio de Jesús.</p>
<p>  La fe en Dios y en Jesús es gratuita y por ella Dios interviene en el corazón de los hombres, no <em>de manera fenomenológica</em> en la historia.</p>
<p>  Si seguimos la senda marcada por Jesús de Nazaret, tenemos un norte claro por donde debemos avanzar.</p>
<p>&#8211; Jesús ha echado abajo las barreras que separaban a las distintas religiones. Por eso, trabajando codo a codo con otros hombres en favor de los más necesitados, incrementamos y multiplicamos nuestra esperanza.</p>
<p>&#8211; Fortalecen nuestra esperanza las personas que trabajan por la paz, por la justicia y por los más necesitados. Los jóvenes que se organizan para la lucha, -el 15 M-, y las personas mayores consecuentes –las madres argentinas de la plaza de mayo-. Ésas y otras muchas personas reflejan a Jesús y a Dios, y trascienden nuestra propia condición y situación. Esa trascendencia nos pone en la onda de la resurrección.</p>
<p>&#8211; Estar arraigados en la persona del Hombre-Jesús es motivo para la esperanza cristiana, porque el Reino, anunciado y promovido por él,  </p>
<p>  ya está entre  nosotros. Las principales parábolas así lo confirman.</p>
<p>&#8211; El Espíritu de Jesús realiza entre nosotros la labor que llevó a cabo con las primeras generaciones cristianas, sobre todo, impulsando los  pasos de la  libertad tan necesarios para las comunidades primitivas.</p>
<p>&#8211; La esperanza nos da la convicción de que la utopía del Reino es posible, sacándonos de nuestras comodidades.</p>
<p>&#8211; Jesús es el Hijo del hombre, es decir, el hombre en plenitud. Lo que Dios quiere para Jesús lo quiere también para todo ser humano. La  vida de Jesús,  su muerte y resurrección es lo que Dios quiere para toda la humanidad, porque el proyecto de Dios en Jesús es único.</p>
<p> C) <span style="text-decoration: underline;">REFLEXIONES DE CARÁCTER PRÁCTICO, a la luz de las preguntas formuladas.</span></p>
<p>1. ¿Crees que Jesús, con su mensaje y actividad, <em>sólo pretendía la conversión de la persona o ha influido también en la desaparición de importantes  estructuras, </em>opuestas a su actividad y mensaje?  Si es así, ¿qué podemos hacer hoy para erradicar estructuras injustas?</p>
<p>&#8211; Aunque no ha habido consenso en los grupos, algunos opinan que Jesús, no sólo se dirigía a las personas, ya que dio suficientes señales para erradicar estructuras injustas en su tiempo: <em>el sábado, el templo, la ley mosaica, la persona lo más importante, por encima de las estructuras</em></p>
<p><em>.</em>&#8211; Hay quien opina que el mensaje de Jesús se reduce a algo intimista, pero la mayoría de ese grupo cree que Jesús denunció las estructuras sociales y religiosas de su época: <em>acoge y come con los pecadores, proclama al hombre superior al sábado, se hospeda en casa de Zaqueo, habla en público con la samaritana, arroja a los cambistas y a los animales dedicados a los sacrificios del templo. </em>Así pues, consideramos necesario el cambio de estructuras, sobre todo las eclesiásticas.<em></em></p>
<p>&#8211; Trabajar para combatir la cultura del capital, y promover en nuestras vidas valores como <em>el servicio, la austeridad, la gratuidad, el amor.</em></p>
<p>&#8211; Jesús pretende las dos cosas: que el hombre recobre la dignidad perdida, y cambiar las estructuras que lo infravaloran y   lo destruyen. Hoy podemos exigir que se tengan en cuenta los derechos humanos conculcados, y luchar, unidos a otros grupos y personas, contra la supremacía del capital, y el ansia de poder y dominio, que están a la base de toda injusticia.</p>
<p><em> </em> 2. La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe y esperanza. Si tú, tus familiares y amigos habéis sido “probados” duramente por enfermedades graves o inesperadas, por muertes violentas repentinas, por fenómenos naturales incontrolados, <em>¿tu esperanza cristiana te ha confortado</em>, con la certeza de que <em>El Dios de la vida tiene la palabra definitiva?</em></p>
<p>&#8211; Ha habido opiniones distintas, entre algunos que consideraban la esperanza como algo contemplativo y reconfortante, y la mayoría que la veían como esperanza activa y revulsiva. Del sentido que puede dársele  a la “experiencia de la resurrección”, podemos encontrar una respuesta adecuada en los apartados 2.8 y 2.9 de los materiales del taller.</p>
<p>&#8211; Con la esperanza más que con la certeza. Conforta mucho tener cerca a los que quieres.</p>
<p>&#8211; No se ve razón ni consuelo en determinadas enfermedades, ni en muertes de gente joven. La esperanza no puede eludir ni suavizar el dolor. La esperanza cristiana ayuda a no desesperarse, pero no puede ahogar lo humano.</p>
<p>&#8211; La luz de la esperanza volverá a aparecer, aunque tarde.</p>
<p>&#8211; Otros la consideran una cuestión muy personal, y cada uno reacciona de forma distinta.</p>
<p>&#8211; Todos valoramos el hecho de estar al lado del que sufre, y las muestras de cariño: el abrazo, la comprensión, el saber escuchar y callar.</p>
<p>3. La fe en la resurrección de Jesús implica una gran Esperanza en el Dios de la Vida. Y si además,  <em>“la Esperanza no defrauda, porque el amor de Dios inunda nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado” </em>(Romanos 5,5)<em>, </em>¿cómo podemos transformar <em>ese torrente de amor profundo</em> en servicio y solidaridad con los más necesitados?</p>
<p> &#8211; No nos sentimos tan inundados como para hacer muchas cosas.</p>
<p>&#8211; El servicio y la solidaridad no son sólo consecuencia, sino causa y fuente de esperanza.</p>
<p>&#8211; Cada cual responde según sus carismas. El amor real que damos es gratuito. Nos tenemos que exigir cada ver más, sin torturarnos.<em></em></p>
<p>&#8211; Estar con los oídos atentos a lo que nos demanden, empezando por los más cercanos; de lo contrario, podría ser una ilusión, al margen de la realidad.</p>
<p>&#8211; Evitar la autocomplacencia.</p>
<p>4. <em>La teología tradicional</em> ha  fomentado y desarrollado  una conciencia de sumisión, esclavitud y temor a la jerarquía, a sus leyes  y a sus normas. ¿Cómo podríamos despertar en nosotros <em>la convicción de que somos realmente hijos de Dios</em>, y, por tanto, <em>personas adultas y libres </em>para  trabajar sin desaliento por <em>el</em> <em>reinado de Dios con una esperanza viva?</em></p>
<p>&#8211; Si no actuamos más no es por desaliento; es más por falta de generosidad, por pereza y por comodidad.</p>
<p>&#8211; El Espíritu no sólo no anula  la persona, sino que la hace <em>adulta y libre. </em>El Espíritu de Dios se identifica con el amor, y nos permite transformar el mundo a través de <em>una justicia activa, </em>en favor, sobre todo, de los más débiles<em>. </em>Aunque el Espíritu se hace presente de manera especial con la resurrección de Jesús, no obstante siempre ha inspirado <em> </em>al hombre para <em>actuar con bondad y con entrañas de misericordia hacia los demás. </em></p>
<p>&#8211; La jerarquía importa muy poco a nuestra comunidad. Hay que escuchar más lo que nos dice Dios a través de las realidades que nos rodean.</p>
<p>&#8211; Hay que estimular la conciencia de que somos adultos y libres, y, por tanto, capaces de pensar y actuar por nosotros mismos. También se puede denunciar la actitud de la jerarquía, marcadamente en contra del Evangelio.</p>
<p> 5. Probablemente rasgos de la religiosidad falsa, -a la que Díez-Alegría llama <em>ontológico-cultualista</em>-,  siguen influyendo en nuestra manera de vivir como cristianos. ¿Cuáles identificamos a nivel personal, y a nivel comunitario?</p>
<p>&#8211; No mucho: ni a nivel comunitario, ni personal.<em></em></p>
<p>&#8211; Hay bastante superación en la comunidad. Tenemos claro que la salvación viene por el amor, no por el culto.</p>
<p>&#8211; Convertir el culto en fin, siendo sólo un medio. La iglesia jerárquica se centra en el culto –lo sagrado-, y en las instituciones por encima de la persona. En lo personal, nos cuestionamos la herencia recibida, y nos abrimos a nuevos planteamientos a la luz del Evangelio: <em>tenemos que transmitir a Jesús con nuestra forma de vida.</em></p>
<p>&#8211; Creemos que en nuestra comunidad sí tenemos superado ese nivel, aunque en nuestro entorno tengamos que condescender con una religiosidad más cultualista.</p>
<p>&#8211; A nivel personal, cierto individualismo; a nivel colectivo, cierta intransigencia entre diferentes maneras de pensar, aunque se va mejorando en este aspecto.</p>
<p>6. Si caminamos hacia una religión verdadera, &#8211; <em>ético-profética</em>, según señala Díez Alegría-,  nos tenemos que basar en la esperanza mesiánica inserta en la historia. Para ello es necesario profundizar en la fe en Jesús. ¿Podríamos intentar explicitar <em>nuestro credo </em>como hace Díez-Alegría?</p>
<p>&#8211; Nuestro pilar es Jesús y los valores que él vivió, con los cuales nos podemos situar en nuestro mundo, es decir, lo fundamental es seguir a Jesús como discípulos.</p>
<p>&#8211; La transformación personal, a nivel intelectual, la vemos con claridad, pero tenemos que seguir mejorando cómo estar en la vida y nuestra propia coherencia. El Espíritu nos tiene que impulsar a ser seguidores de Jesús, porque el Evangelio es sencillo de entender, pero difícil de practicar.</p>
<p>&#8211; Por su interés, transcribimos <em><span style="text-decoration: underline;">dos Credos</span> </em>de dos grupos diferentes, que podrían servir de base para <em>un Credo comunitario:</em></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Primer Credo:</span></p>
<p>&#8211; Creo en Dios, fuente  de amor inagotable.</p>
<p>&#8211; Creo en Jesús que nos descubrió un Dios Padre de toda la humanidad, y nos dejó como tarea convertir este mundo en otro más justo y solidario.</p>
<p>&#8211; Creo que su muerte fue consecuencia inevitable de su vida, entregándose por entero a los demás.</p>
<p>&#8211; Creo en el Espíritu que se derrama sobre el mundo para iluminarlo y darle fuerza, a fin de realizar el Reino de Dios en esta tierra.</p>
<p>&#8211; Creo en la humanidad como generadora de bien.</p>
<p>&#8211; Creo en la utopía del Reino que es realizable aquí y ahora.</p>
<p>&#8211; Creo que los hombres somos hermanos y que ningún ser humano debe ser excluido de esta fraternidad por ningún motivo.</p>
<p>&#8211; Creo en la comunidad que trabaja por el Reino, y mantiene firme su fe y alimenta la esperanza de un futuro mejor para todos.</p>
<p>&#8211; Espero que algún día resucitaré en la medida en que haya sido fiel al proyecto del Reino y haya contribuido a eliminar el mal y la injusticia en el mundo.</p>
<p> <span style="text-decoration: underline;">Segundo Credo:</span></p>
<p>&#8211; Creo en la Humanidad.</p>
<p>&#8211; Creo en la Vida.</p>
<p>&#8211; Creo en el Amor transformador.</p>
<p>&#8211; Creo en Dios, que es Amor, y en el Amor, que es Dios.</p>
<p>&#8211; Creo en la justicia y en la igualdad.</p>
<p>&#8211; Creo en la Vida de Jesús, y en la posibilidad de una Humanidad como la suya.</p>
<p> 7. Según Díez-Alegría la esperanza cristiana (escatológica) no puede renunciar a la esperanza histórica, sino que tiene que estar abierta a ella. ¿De qué modo hacemos converger la esperanza histórica y nuestra esperanza como cristianos/as en la vida cotidiana? ¿Cómo alimentamos la esperanza cristiana?</p>
<p>&#8211; Nuestra esperanza histórica se fundamenta en el testimonio de Jesús, y de los profetas que han venido después de él a lo largo de la historia. Con la fe en Jesús confluyen la esperanza histórica y la cristiana.</p>
<p>&#8211; Debemos comprometernos más con los hechos históricos que nos están tocando vivir.</p>
<p>&#8211; No hay distinción entre una y otra. Las alimentamos desde la antropología y desde la fe en Jesús, porque la resurrección alimenta nuestra esperanza.</p>
<p>&#8211; Se alimenta con amor y compromiso.</p>
<p>&#8211; Trabajando por una Humanidad justa, solidaria y feliz.</p>
<p>&#8211; Además de la gente joven y mayor ya nombrados, es motivo de esperanza ver que hay personas oprimidas y sometidas a los grandes poderes políticos y económicos, que siguen trabajando por un mundo más justo, a pesar de todo.</p>
<p>&#8211; Alimentamos también la esperanza uniéndonos a otras personas o grupos que trabajan por un mundo más justo, sean creyentes o no.</p>
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		<title>Taller I. La lucha por la justicia. Resumen</title>
		<link>https://comunidadsta.org/taller-i-la-lucha-por-la-justicia-resumen/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jun 2011 20:31:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
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					<description><![CDATA[Resumen del Taller I, 2011  I.-PUNTOS DE APOYO  La relectura de los textos de J.M. Diez Alegría 40 años después de su publicación nos reafirma y fortalece, a la vez que nos interpela, sobre la hondura de un Cristianismo de Justicia y Amor que redescubrimos como tradición original y genuina de las primeras generaciones de  [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Resumen del Taller I</strong><strong>, </strong><strong>2011</strong></p>
<p><strong> </strong><strong>I.-PUNTOS DE APOYO </strong></p>
<p><strong> </strong>La relectura de los textos de J.M. Diez Alegría 40 años después de su publicación nos reafirma y fortalece, a la vez que nos interpela, sobre la hondura de un Cristianismo de Justicia y Amor que redescubrimos como tradición original y genuina de las primeras generaciones de cristianos.</p>
<p>En ese repaso, sosegado y reflexivo, se constata que la idea de justicia en el evangelio coincide esencialmente con el anuncio del Reinado de Dios. La Justicia aparece esencialmente vinculada a la novedad del Reino anunciado por Jesús y entronca con la tradición profética del A. Testamento sobre el Reino prometido para el pueblo fiel y leal. “<strong><em>El Reino de Dios es que fluya el Derecho como agua, la Justicia como un torrente inagotable</em></strong><strong>”</strong><strong> </strong><em>(Amós 5,24);</em><strong> “</strong><strong><em>Hacer justicia cada mañana y salvar al oprimido de la mano del opresor</em></strong>” <em>(Jer. 21,11);</em> o, tal como lo describe Isaías, <strong>“</strong><strong><em>abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, partir el pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrarte a tu propia carne</em></strong><em>”</em> (<em>Is. 58, 6-7)</em></p>
<p>  <span id="more-1265"></span>  </p>
<p> </p>
<p>Los términos Justicia y Reino de Dios resultan tan coincidentes que son intercambiables. <em>La Justicia</em><em> es un asunto tan primordial del reinado de Dios que Jesús lo propone como quehacer suyo fundamental, según Lucas 4,18-21&#8243;. </em>De modo que se puede ya adelantar que, para el cristiano se trata de ‘buscar la Justicia del Reino’, porque, según Jesús, ese es el reino de la Justicia querido por Dios. <strong><em> </em></strong></p>
<p>Así se plasma en tres pasajes centrales del evangelio: <strong>a)</strong> el canto del Magnificat,<em> </em><em>(“derriba del trono a los poderosos y encumbra a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide de vacío</em>” Lc. 1,46-55), <strong>b)</strong> el anuncio programático de la misión de Jesús (“<em>Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos</em>,… (Lc. 4, 14-21); y <strong>c)</strong> el discurso de la montaña (Mt 5:3-12). Y lo mismo se prolonga en las cartas de Pablo.</p>
<p>De donde se concluye que la justicia en el N.T. es aquella que esperan los pobres, los más débiles, las víctimas y que forzosamente ha de tener concreción histórica como justicia social. El contenido de la Justicia, nos recuerda <strong>Diez Alegría</strong>, consiste en la ‘<strong><em>liberación de los pobres y oprimidos, lo que implica el fin de los opresores y la decadencia de los ricos’</em></strong><strong><em>. </em></strong>O, dicho en lenguaje contemporáneo, “<strong><em>el reino de la justicia consiste en una sociedad de iguales, sin potentados ni miserables, modesta, libre y pacífica’</em></strong><strong><em>. </em></strong>Así es la justicia del Reino de Dios.</p>
<p>Hemos visto también cómo, según el evangelio, el mayor obstáculo para la Justicia del Reino de Dios radica <strong>en las riquezas</strong>. “<strong><em>No podéis servir a Dios y al dinero”, …”con qué dificultad entran en el reino de Dios los que se apegan al dinero. Es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja…”</em></strong> (Lc. 18, 18-25).</p>
<p>Y, más nítido aún, el pasaje de las Bienaventuranzas, donde queda sentado que el camino de la felicidad sólo es encuentra en la justicia de los pobres <strong><em>(</em></strong>“<strong><em>dichosos los que eligen ser pobres…, los que tienen hambre y sed de justicia…, los perseguidos por motivos de justicia…. De ellos es el Reino de Dios)</em></strong></p>
<p>Diez Alegría lo glosa así: “…<strong><em>sólo el hombre que está libre de la servidumbre de las riquezas está cerca de Dios, aunque se considere incrédulo</em></strong><strong><em>..”</em></strong></p>
<p>Así lo entendieron los primeros cristianos de Jerusalén que renunciaron a las propiedades particulares para poner los bienes en común, como expresión de una comunidad de corazones, o, como las comunidades de origen griego, que supeditaron sus bienes a la prioridad de atender, a través de la limosna, las demandas de sus hermanos necesitados. Unos y otros cultivaron la <strong>comunidad de bienes </strong>para mantener la igualdad. Entendieron que para hacer real la comunidad de fraternidad con Jesús habían de seguir el camino de la koinonía, la comunidad de bienes.</p>
<p>En contraste con ello, comprobamos cómo en nuestra sociedad el valor más extendido, y del que no siempre podemos aislarnos, es el apego al dinero y a la  acumulación de riquezas. De ahí, la enorme arquitectura jurídico-política que protege la propiedad privada absoluta, sin límites ni condicionamientos sociales. Ello constituye la raíz mayor de las injusticias de nuestro mundo y, por consiguiente, representa un obstáculo frontal al ideal cristiano, pues el Cristianismo ni siquiera considera la propiedad como un valor ético. De donde resulta que el Cristianismo genuino es incompatible con la lógica de un sistema socioeconómico como el Capitalismo, que cifra su éxito en la producción y apropiación ilimitada de bienes. Lejos de la codicia y el culto a la propiedad, el Cristianismo invita a la koinonía, la comunidad de corazones y de bienes, de modo que nadie pase necesidad.</p>
<p>Bajo estas premisas, el cristiano de hoy comprueba que la injusticia social vigente no es resultado de actos individuales injustos, sino que obedece a razones de tipo estructural. Y se enfrenta a la necesidad de cuestionar el actual modelo social de división en clases sociales, con intereses y dinámicas antagónicas.</p>
<p>Las exigencias éticas del Cristianismo claman por la superación de esa división social en clases, por la elemental razón de que tal división hace imposible el ideal de la fraternidad cristiana, la sociedad de iguales. Ese ideal exige al cristiano trabajar activamente para favorecer el paso de una sociedad escindida y en conflicto, a otra donde las diferencias sociales sean meramente funcionales, no basadas en intereses antagónicos.</p>
<p>Al visualizar ese horizonte de futuro, Diez Alegría nos invita a apostar por un ‘<strong><em>Socialismo de rostro humano’</em></strong>, capaz de colocar la dignidad de las personas por encima de las estructuras materiales; un socialismo donde sea posible integrar libertad personal, cohesión social y participación sociopolítica efectiva.</p>
<p>De ese repaso por el ideal de justicia evangélica y su contraste con la realidad en que vivimos como ciudadanos de una sociedad del primer mundo se deducen, como imperativos evangélicos, <strong><span style="text-decoration: underline;">actitudes cristianas</span></strong> exigentes e inaplazables, entre las que destacamos:</p>
<p>1.- <strong>Conversión e insumisión ante la injusticia</strong>.  Jesús, al anunciar el Reino de Dios, invita a la <em>metanoia</em>, un cambio de mentalidad y de comportamiento, que, entre otras cosas, implica ‘liberarse del afán por la propiedad’, desprenderse de los bienes que acumulamos y compartirlos con los pobres y necesitados, colaborando con ellos a superar la injusticia a la que han sido recluidos. Ninguna injusticia debe contar con nuestro silencio.</p>
<p>2<strong>.- Autarkeia. Una civilización de la austeridad</strong>.</p>
<p>Esta alternativa cristiana habla de procurarse un nivel de vida humano, excluyendo todo espíritu de codicia. “<em>Teniendo qué comer y con qué vestirnos, podemos estar satisfechos”</em> (Tim. 6,16) La austeridad es una valor de urgente necesidad frente al despilfarro y el consumo compulsivo. Incluso por razones de mera supervivencia.</p>
<p>3.- <strong>Participación activa en la búsqueda de alternativas</strong>.</p>
<p>No vale ya refugiarse en un Cristianismo de mera contemplación. Es preciso trabajar por nuevas utopías de libertad, justicia y fraternidad social. Necesitamos un rearme ético y político que favorezca la aparición de alternativas transformadoras. Ni capitalismo, ni totalitarismo. El Socialismo nuevo, de rostro humano, del siglo XXI,.. o como se quiera denominar, es un horizonte que concita cada vez más adhesiones en la mayoría de nosotros.</p>
<p>4.- <strong>Esperanza y paciencia histórica.</strong></p>
<p>Porque no podemos quedarnos tranquilos con el presente, aspiramos confiados y activos a ese otro mundo posible de mayor justicia y fraternidad. Creemos firmemente en su posibilidad  y por ello estamos activos en su aproximación, aunque nuestra generación no lo llegue a disfrutar. Es un camino largo que ha de recorrerse con paciencia histórica y actitud esperanzada, porque la promesa de la Justicia tiene un fundamento sólido que no va a defraudar.</p>
<p><strong>II.- NUESTRAS RESPUESTAS</strong></p>
<p><strong>a)</strong> La primera reacción ante este panorama ilustrado por el análisis de D-Alegría es la constatación de <strong>nuestra pequeñez y de nuestras paradojas</strong> vitales, de origen generacional y social. Vemos con claridad que la opción por la Justicia, el emblema del Reino anunciado por Jesús es tarea muy difícil, que exige de nosotros un grado de coherencia muy exigente, ante el que nos sentimos con pocas fuerzas. Se nos pide ser consecuentes con lo esencial del mensaje de Jesús, tanto en nuestra praxis cotidiana individual, (nuestra dinámica de consumo, por ej.) como en el compromiso social de practicar la lucha de clases con amor, para avanzar hacia una sociedad de iguales.  Y el reto nos sobrepasa. Aunque sí <strong>estamos decididos a no enmascarar la radicalidad del mensaje evangélico</strong> ni las evidencias aportadas por las Ciencias Sociales.</p>
<p>Estamos decididos a llamar a las cosas por su nombre siempre que sea posible, sin justificaciones baratas ni ocultamientos cómplices. Pues compartimos con D-Alegría que todos nosotros podemos y debemos hacer y ser “algo que todavía no hacemos ni somos”.</p>
<p><strong>b)</strong> En segundo lugar, nos atrevemos a afirmar que, a pesar de la hegemonía del pensamiento débil y del relativismo ideológico que triunfa socialmente, <strong>seguimos creyendo en una sociedad sin injusticias</strong>, capaz de superar el sistema de estructuras injustas que hoy nos gobierna. Y que esa convicción influye en nuestra manera de ser, de vivir, de comportarnos.</p>
<p>No queremos ser cómplices de la lógica y los valores del Capitalismo. Creemos en la posibilidad de romper el muro de silencio que rodea a quienes se contentan con reproducir el sistema y sus valores. Por ello nos sumamos a la gran utopía de que “otro mundo es posible” y participamos cada vez más, junto con otros muchos no creyentes, en procesos que intentan alumbrar propuestas de un nuevo orden que haga posible la gran fraternidad. Si agudizamos la mirada, observamos muchos datos que parecen anunciar el principio de un cambio social de largo alcance.</p>
<p><strong>c)</strong> Facilitar esa sociedad sin injusticias exige de nosotros <strong>concreciones</strong>, individuales y comunitarias. Entre otras,</p>
<p>-Superar los miedos para <span style="text-decoration: underline;">denunciar todas las injusticias</span> que nos encontremos, sin paralizarnos por sus posibles consecuencias;</p>
<p>-intensificar la opción vital de <span style="text-decoration: underline;">situarnos activamente al lado de las víctimas</span> de cualquier proceso marcado por la injusticia;</p>
<p>-actuar <span style="text-decoration: underline;">contra la lógica del capital</span>, incluso en su versión de ‘capitalismo popular’, renunciando a colaborar con la economía especulativa (v. gr. negativa a depositar nuestros ahorros en fondos o depósitos bursátiles, optando por la banca ética y solidaria)</p>
<p>-apoyar decididamente la <span style="text-decoration: underline;">integración social de inmigrantes</span>, colaborando activamente con organizaciones solidarias en este campo.</p>
<p>-continuar reflexionando sobre la legitimidad de la propiedad privada y las contradicciones a que nos somete. El <span style="text-decoration: underline;">cuestionamiento de la propiedad</span> que hemos empezado en la comunidad debe ser profundizado, para ir dando pasos hacia una mayor distribución de nuestros bienes. Hemos hecho avances: ya no aspiramos a la acumulación; estamos abiertos a compartir lo que tenemos con los cercanos, pero nos sigue costando mucho <strong><em>repartir</em></strong> con los más necesitados, sean próximos o lejanos. Invocamos con demasiada frecuencia el ‘<em>miedo al futuro’</em> para justificar posesiones con las que hacer frente a ese futuro incierto. Y ese miedo nos hace perder la perspectiva tanto de la necesidad como de la solidaridad.</p>
<p>-practicar la cultura de la austeridad solidaria, lo que exige, sin duda, <span style="text-decoration: underline;">rebajar nuestro nivel de vida y de consumo</span>, para hacer más creíble la aspiración a la justicia de todos. Ello implica erradicar los posos de la mentalidad burguesa que nos acompaña y luchar contra la cultura del <em>“usar y tirar</em>” y el despilfarro energético. Somos usuarios, no propietarios de los bienes que tenemos.</p>
<p>&#8211;<span style="text-decoration: underline;">denunciar</span> el lujo y las <span style="text-decoration: underline;">riquezas antievangélicas de nuestra Iglesia Católica</span>.</p>
<p>&#8211;<span style="text-decoration: underline;">participar activamente en los asuntos públicos</span>. Urge ya un salto cualitativo hacia una democracia participativa, no sólo representativa.</p>
<p><strong> d)</strong> En nuestra reflexión sobre <strong>el modelo social</strong> (<em>reformista, revolucionario, alternativo…</em>) más oportuno para superar la actual división social en clases, expresión y causa de la desigualdad existente, las opciones como comunidad cristiana se han mostrado más plurales y confusas. Desde quien considera que ésta no es una cuestión a debatir en un colectivo cristiano, a quienes apuestan claramente  por fórmulas revolucionarias capaces de superar la dominación socioeconómica y política, hacia una sociedad sin clases.</p>
<p>En el horizonte utópico de todos anida, sin embargo, el aliento por ese ‘otro mundo posible’ asentado sobre bases que superen las insuficiencias del reformismo burgués y los déficit democráticos del socialismo históricamente conocido. Compartimos así el horizonte que D-Alegría denominaba el ‘Socialismo de rostro humano’</p>
<p><strong>e)</strong> Finalmente, se ha mostrado gran coincidencia, al menos a nivel de reflexión, en la cuestión de cómo ejercitar mejor el amor encarnado, si primando la relación individual y directa con las victimas o en la praxis sociopolítica para facilitar el cambio de estructuras de injusticia. La coincidencia subraya que ambas dimensiones, lejos de ser incompatibles, se requieren mutuamente. Porque actuar sin referencias sociopolíticas claras es camino abonado para el mero asistencialismo; y el trabajo sociopolítico de tipo ‘estructural’, despegado de la realidad humana cotidiana, corre serio peligro de olvidar el móvil principal de la lucha por la justicia para el cristiano, el servicio y el amor que han de guiar la senda hacia una sociedad de iguales y hermanos.</p>
<p>En síntesis, tras la reflexión de este taller, han recobrado nuevo relieve principios ya conocidos pero necesitados de mayor vigor y expresión comunitaria:</p>
<p>* <strong>La Justicia</strong><strong> nace del amor que Dios manifiesta, a través de Jesús, hacia los débiles los cautivos, los últimos…</strong> Su amor no entiende la desigualdad social, porque el Reino anunciado por Jesús es un mundo de hermanos llamados a la vida.</p>
<p>En consecuencia, el sentido cristiano de la Justicia no se reduce a una ecuánime aplicación de las leyes. Es una aspiración (un nuevo <em>topos</em>) de cualquier sociedad a la armonía y la convivencialidad de todos sus miembros. Implica un reparto equitativo de los bienes, pero va más allá: la Justicia es el BIEN que hace posible la dignidad de los humanos como personas.</p>
<p>*Para los cristianos tiene una inevitable dimensión interpelante: exige la <strong>conversión</strong> y la dedicación constante a ese objetivo de superar la desigualdad y el dominio de poderosos sobre oprimidos, de varones sobre mujeres, de blancos sobre negros…etc. Se imponen nuevas actitudes y nueva praxis cotidiana.</p>
<p>En el momento presente, en medio de la creciente desigualdad de un mundo plagado de víctimas, la llamada a la conversión y al amor socialmente encarnado <strong>implican un</strong> <strong>rearme ético, político y espiritual frente al derrotismo, la pasividad o la cultura del interés.</strong> Un rearme que ha de surgir desde abajo, con la participación de todos los que creen en la emancipación social y en la posibilidad de plenitud humana. Ha llegado la hora de dejar de esperar en dirigentes mesiánicos y confiar más en el Mesías colectivo que la conciencia utópica mundial esta poniendo de relieve a diario. Colaborar activamente al <em>empoderamiento</em> de ese nuevo sujeto de liberación es un reto esencial por el que apostamos los cristianos.</p>
<p>*La lucha por la Justicia es una llamada provocadora del evangelio de Jesús que induce a los cristianos a comprometerse socialmente, junto con otros muchos sujetos sociales con quienes compartimos el anhelo de romper el viejo paradigma del poder oligárquico de las elites que oprimen y esclavizan, para ir dando paso al nuevo paradigma social de la igualdad y la solidaridad entre todos los seres humanos. A ello nos invita Jesús, ahora y siempre: “… <em>no andéis preocupados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. <strong>Buscad primero que reine la justicia, y todo eso se os dará por añadidura</strong>”</em>  (Mt 6:33)</p>
<p style="text-align: right;"> <strong>Madrid, Marzo, 2011</strong></p>
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		<title>Una ciudad para todos</title>
		<link>https://comunidadsta.org/una-ciudad-para-todos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jun 2011 08:25:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fe y Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://comunidadsta.org/2011/06/26/una-ciudad-para-todos/</guid>

					<description><![CDATA[1. Una ciudad para todos. LEVANTAREMOS.                                            Escuchar en la sección de AUDIO Un gran techo común. LA CIUDAD. Una mesa redonda como el mundo.  LEVANTAREMOS. Un pan de multitud. Un lenguaje de corazón abierto. Una esperanza: VEN, SEÑOR JESÚS.  NO RECHAZAREMOS LA PIEDRA ANGULAR. SOBRE EL CIMIENTO DE TU CUERPO LEVANTAREMOS LA CIUDAD. (bis).    [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>1. Una ciudad para todos. LEVANTAREMOS.                                            <strong><span style="color: #ff0000;">Escuchar en la sección de AUDIO</span></strong></p>
<p>Un gran techo común. LA CIUDAD.</p>
<p>Una mesa redonda como el mundo.  LEVANTAREMOS.</p>
<p>Un pan de multitud.</p>
<p>Un lenguaje de corazón abierto.</p>
<p>Una esperanza:</p>
<p>VEN, SEÑOR JESÚS.</p>
<p> NO RECHAZAREMOS LA PIEDRA ANGULAR.</p>
<p>SOBRE EL CIMIENTO DE TU CUERPO</p>
<p>LEVANTAREMOS LA CIUDAD. <em>(bis)</em>.</p>
<p>  <span id="more-1260"></span>  </p>
<p> </p>
<p> 2. Suben los pueblos del mundo. LEVANTAREMOS.</p>
<p>Suben a la ciudad. LA CIUDAD.</p>
<p>Los que hablaban en lenguas diferentes. LEVANTAREMOS.</p>
<p>Pregonan la unidad.</p>
<p>Nadie grita. ¿Quién eres y de dónde?.</p>
<p>Todos se llaman HIJOS DE LA PAZ</p>
<p>3. Una ciudad para todos. LEVANTAREMOS.</p>
<p>Un gran techo común. LA CIUDAD.</p>
<p>Una mesa redonda como el mundo. LEVANTAREMOS.</p>
<p>Un pan de multitud.</p>
<p>Un lenguaje de corazón abierto.</p>
<p>Una esperanza:</p>
<p>VEN, SEÑOR JESÚS. <em>(bis)</em></p>
<p> </p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Fcomunidadsta.org%2Funa-ciudad-para-todos%2F&amp;linkname=Una%20ciudad%20para%20todos" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Fcomunidadsta.org%2Funa-ciudad-para-todos%2F&amp;linkname=Una%20ciudad%20para%20todos" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Fcomunidadsta.org%2Funa-ciudad-para-todos%2F&amp;linkname=Una%20ciudad%20para%20todos" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Fcomunidadsta.org%2Funa-ciudad-para-todos%2F&amp;linkname=Una%20ciudad%20para%20todos" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_printfriendly" href="https://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=https%3A%2F%2Fcomunidadsta.org%2Funa-ciudad-para-todos%2F&amp;linkname=Una%20ciudad%20para%20todos" title="PrintFriendly" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Fcomunidadsta.org%2Funa-ciudad-para-todos%2F&#038;title=Una%20ciudad%20para%20todos" data-a2a-url="https://comunidadsta.org/una-ciudad-para-todos/" data-a2a-title="Una ciudad para todos"></a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Taller II. La esperanza cristiana. Cuestiones</title>
		<link>https://comunidadsta.org/taller-ii-la-esperanza-cristiana-cuestiones/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 May 2011 15:00:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
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					<description><![CDATA[1. ¿Crees que Jesús, con su mensaje y actividad, sólo pretendía la conversión de la persona o ha influido también en la desaparición de importantes estructuras, opuestas a su mensaje y su actividad?  Si es así, ¿qué podemos hacer hoy para erradicar estructuras injustas?  2. La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra Fe  [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>1. ¿Crees que Jesús, con su mensaje y actividad, <em>sólo pretendía la conversión de la persona o ha influido también en la desaparición de importantes estructuras, </em>opuestas a su mensaje y su actividad?  Si es así, ¿qué podemos hacer hoy para erradicar estructuras injustas?</p>
<p> 2. La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra Fe y Esperanza. Si tú, tus familiares y amigos habéis sido “probados” duramente por enfermedades graves o inesperadas, por muertes violentas repentinas, por fenómenos naturales incontrolados, <em>¿tu Esperanza cristiana te ha confortado</em>, con la certeza de que <em>El Dios de la Vida tiene la palabra definitiva?</em></p>
<p> 3. La fe en la resurrección de Jesús implica una gran Esperanza en el Dios de la Vida. Y si además,  <em>“la Esperanza no defrauda, porque el amor de Dios inunda nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado” </em>(Romanos 5,5)<em>, </em>¿cómo podemos transformar <em>ese torrente de amor profundo</em> en servicio y solidaridad con los más necesitados?</p>
<p> 4. <em>La teología tradicional</em> ha  fomentado y desarrollado  una conciencia de sumisión, esclavitud y temor a la jerarquía, a sus leyes  y a sus normas. ¿Cómo podríamos despertar en nosotros <em>la convicción de que somos realmente hijos de Dios</em>, y, por tanto, <em>personas adultas y libres </em>para  trabajar sin desaliento por <em>el</em> <em>reinado de Dios con una Esperanza viva?   </em></p>
<p> 5. Probablemente rasgos de la religiosidad falsa, &#8211; a la que Díez-Alegría llama <em>ontológico-cultualista</em> -,  siguen influyendo en nuestra manera de vivir como cristianos. ¿Cuáles identificamos a nivel personal, y a nivel comunitario?</p>
<p> 6. Si caminamos hacia una religión verdadera, &#8211; <em>ético-profética</em>, según señala Díez Alegría-,  nos tenemos que basar en la esperanza mesiánica inserta en la historia. Para ello es necesario profundizar en la fe en Jesús. ¿Podríamos intentar explicitar <em>nuestro credo </em>como hace Díez-Alegría?</p>
<p> 7. Según Díez-Alegría la esperanza cristiana (escatológica) no puede renunciar a la esperanza histórica, sino que tiene que estar abierta a ella. ¿De qué modo hacemos converger la esperanza histórica y nuestra esperanza como cristianos/as en la vida cotidiana? ¿Cómo alimentamos la esperanza cristiana?</p>
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		<title>Taller II. La esperanza cristiana. Documento 2</title>
		<link>https://comunidadsta.org/taller-ii-la-esperanza-cristiana-documento-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 May 2011 14:51:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
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					<description><![CDATA[LA ESPERANZA EN LOS TEXTOS DE JOSÉ MARÍA DÍEZ-ALEGRÍA  “La esperanza es el ancla que penetra más allá del velo, hasta el misterio adonde Jesús entró por nosotros. Y nuestra alma está agarrada a esa áncora de esperanza” (Heb. 6, 19-20) José Mª Díez-Alegría[1] escribe dos libros sobre el tema de la esperanza: “Yo creo  [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;">LA ESPERANZA EN LOS TEXTOS DE JOSÉ MARÍA DÍEZ-ALEGRÍA</span></strong></p>
<p><em> “La esperanza es el ancla que penetra más allá del velo, hasta el misterio adonde Jesús entró por nosotros. Y nuestra alma está agarrada a esa áncora de esperanza” <strong>(Heb. 6, 19-20)</strong></em></p>
<p>José Mª Díez-Alegría<a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftn1">[1]</a> escribe dos libros sobre el tema de la esperanza: “Yo creo en la esperanza”<a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftn2">[2]</a> (1972); y “Yo todavía creo en la esperanza” (1999). Los textos seleccionados son del primer libro en el que aborda el tema de la esperanza de una manera más directa y extensa.</p>
<p>  <span id="more-1220"></span>  </p>
<p>Nos parece importante destacar el impacto que nos ha causado leer hoy un libro de un profeta de nuestro tiempo, escrito hace cerca de 40 años; tanto por la vigencia de lo que en él se afirma, como por la fuerza y libertad que se constata en cada conclusión: “<em>Esta «explosión de mi fe» estaba preñada de consecuencias, que se han ido manifestando a lo largo de mi vida… La fe, tal como yo la he vivido desde entonces, es ante todo «liberación»”.</em> También impacta por la claridad y rotundidad del mensaje que transmite, y la paz<strong> </strong>que fluye de sus palabras.</p>
<p>Este mensaje se percibe más consistente cuando conocemos cómo fue la vida de José María. Su <em>coherencia</em> con el mensaje de Jesús le llevó: a) A “confesar, no polemizar” su fe, sin temor a cómo fuera recibido por la jerarquía de la Iglesia y la sociedad (una parte de sus ponencias y escritos se publican durante la dictadura) b) A estar al lado de los débiles y humildes, viviendo entre ellos 12 años (1973-1985), en el Pozo del Tío Raimundo.<em>  </em> “Tengo fe en que, no se cómo, pero verdaderamente <strong>Dios está con nosotros en el sufrimiento y en el gozo. Esto es para mí, motivo de serenidad y de esperanza. Pero también es un llamamiento apremiante a compartir y aliviar fraternalmente,</strong> <strong>en lo que podamos, todos los sufrimientos de nuestros hermanos/as,</strong>… <strong>Toda mi esperanza está en la misericordia del Señor&#8230;</strong></p>
<p><strong> </strong>1.- RELIGIONES FALSAS Y VERDADERAS</p>
<p>Hemos visto necesario recoger las reflexiones que hace Díez–Alegría sobre lo que entiende por religión verdadera y falsa, para entender la evolución de su fe, y para poder comprender los otros dos textos seleccionados:</p>
<p><em> </em><em> “Habiendo comprendido que hay que decir «no» a la explotación &#8211; no sólo, naturalmente, de palabra, sino con la acción militante-, la reflexión cristiana me hizo avanzar por un camino nuevo. Se me planteó en términos insospechados el problema de la religión verdadera y falsa… Me sentí envuelto en una serie de responsabilidades colectivas, por acción o por omisión… Nació en mí la exigencia de estar realmente por la justicia y contra la injusticia, contra la opresión y en favor de la verdadera libertad de todos, en primer lugar de los más injustamente oprimidos. Nació en mí la necesidad de conciencia de «oponerme» dentro de la Iglesia y de la sociedad a la que pertenecía”.</em></p>
<p><em> </em>En el capítulo II muestra algunos de los <span style="text-decoration: underline;">factores que le ayudaron a descubrir la religión verdadera;</span></p>
<p><em> a) El estudio de los textos de Marx: “Marx me ha llevado a redescubrir a Jesucristo y el sentido de su mensaje. Jesús y su mensaje me han hecho caer en la cuenta de que los cristianos no somos cristianos, de que la Iglesia Católica existente en la historia tiene poco de cristiano. Con esto me siento llamado a penitencia, metanoia, reconstrucción”.</em></p>
<p><em>b) El estudio y reflexión de fe sobre la Biblia, el examen de las ideas sociales de los Santos Padres, desde los llamados padres apostólicos hasta San Gregorio Magno… </em></p>
<p><em>c) Y hace mención especial a la carta de Santiago:  “La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo”. </em>Sant. 1,27.</p>
<p> Todo ello le lleva a seguir profundizando en las características de las religiones falsas y verdaderas. Describe dos tipos: la religiosidad ontológica-cultualista, en la que se contempla la salvación individual por vía mistérico-litúrgica excluyendo la historia…,; y la religiosidad ético-profética, dirigida a lograr la liberación de la opresión, el reino de la justicia histórica …</p>
<p>Y deduce que la religión de los cristianos es prioritariamente una religión falsa, “<em>protegida por el aparato eclesiástico, que frena los intentos que se dan en la Iglesia de recuperación de la religiosidad ético-profética”.</em></p>
<p>Llegar a esta conclusión le provoca una gran conmoción: él se siente con una firme fe en Jesucristo y se plantea qué hacer ante esta situación. Su respuesta es excepcional: la lucidez y firmeza se entremezclan con la honestidad y la humildad.</p>
<p>Todo esto da pie para repensar nuestra postura personal y comunitaria en el contexto de la religión ético–profética.</p>
<p> 2- LA RECUPERACIÓN DE LA ESPERANZA</p>
<p> Díez-Alegría aborda <strong>el concepto de la esperanza en el cristianismo, </strong>desde la orientación ético-profética, que corresponde a la religión bíblica del antiguo Israel y a la religión de Jesús y de los primeros cristianos. Va señalando los elementos de la esperanza mesiánica (“cristiana”/”escatológica”), siguiendo la carta de Pablo a los Corintios (Cap. 15),</p>
<p><em> </em><strong><em>a)                      </em></strong><strong>La esperanza mesiánica se da</strong> <strong>dentro de la historia</strong> y desde la historia… “<em>El reino del que nos habla Jesús se inicia en esta vida; por lo tanto la esperanza tiene que contemplar la realidad en la que se vive. El proceso de resistencia y de avance hacia los valores del reino, tiene sentido no sólo para cada individuo en particular que se compromete en la lucha contra la injusticia, sino que tiene sentido respecto a la evolución de la humanidad”</em></p>
<p><strong><em>b)                      </em></strong><strong>La resurrección de Jesús como victoria de Cristo sobre la muerte</strong>. Entendiendo la muerte como el último eslabón de las potencias del mal: el egoísmo, la opresión, la injusticia, el desamor…</p>
<p>Su fe en la resurrección la expresa así: “<em>Yo afirmo la resurrección con un realismo que hace la afirmación «escandalosa» y  «loca». No rehuyo el escándalo y la locura de mi fe. Pero insisto en su carácter histórico…. Mi afirmación firmísima es como un dedo que apunta, como una flecha que se pierde de vista en la noche y la sentimos dar en un blanco que no puede distinguirse”. </em></p>
<p> Igualmente destaca Díez-Alegría el otro aspecto que conlleva la resurrección de Jesús, y es el dar                  contenido a la esperanza mesiánica: porque “<em>Cristo resucitado queda constituido en el          Señor de la historia…Sin ese contenido de esperanza mesiánica, que incide en la historia, la fe en la resurrección es una mitología,..”</em></p>
<p><strong><em>c)                       </em></strong><strong>Su resurrección es primicia de la nuestra</strong>… Díez- Alegría sigue analizando cómo entiende el texto de Pablo: “<em>no se puede creer con verdadera fe en la resurrección de Cristo, si no se espera (se cree en) nuestra resurrección …</em></p>
<p>Ya en un capítulo anterior “<strong><em>El Cristo de mi fe”</em></strong>  se extiende en explicar cómo entiende él<strong> </strong>la fe en nuestra resurrección, recurriendo al misterio pero sin quitar fuerza a su argumentación: “<em>El Cristo misterioso, Jesús, muerto y resucitado, es ocultamente, porque permanece en el misterio del Padre, una garantía de que la lucha tiene «sentido» y da su «sentido» a la historia&#8230; Es la resurrección nuestra la que es objeto de esperanza. Y Jesús es la garantía cierta de esa esperanza. Por Jesús la esperanza de nuestra resurrección viene  afirmada (vivida) como esperanza firme y «no ilusoria</em>».</p>
<p>Díez-Alegría, dedica también parte de su análisis amplio a desmitologizar el concepto providencialista tan frecuentemente erróneo entre los cristianos; dando pistas para poder mantener la esperanza y confianza en el Padre, sin convertirle en un ser que interviene en cada acontecimiento individual o colectivo de los hombres, De nuevo recurre al “misterio” (lo oculto) para compatibilizar la cercanía de Dios en nuestras vidas y su no intervención directa en los procesos de la historia: “<em>Pero esta «providencia» debe ser entendida como misterio, no como una especie de factor, que pueda entrar en el cálculo de las posibilidades históricas en un plano fenoménico”. </em></p>
<p> 3.- LA ESPERANZA HUMANA Y LA ESPERANZA CRISTIANA</p>
<p>Gabriel Marcel (1889-1973) hizo aportaciones importantes a la fenomenología de la esperanza y de la desesperanza. Contemporáneo de Sartre y Camus, para quienes “la desesperanza es la situación auténtica del hombre”, refutó sus planteamientos afirmando que partiendo de una honda desesperanza es posible alcanzar la esperanza. La influencia de su fe en todos los análisis le lleva a afirmar el valor de la gracia -don gratuito- en la virtud de la esperanza.<a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftn3">[3]</a></p>
<p> Erich Fromm, en su libro <em>“La revolución de la esperanza</em>” (1968) aporta una conceptualización de la esperanza, en la que se percibe la influencia de Marcel; e igual que él señala primero lo que no es la esperanza y después nos acerca a un concepto de esperanza activa y basada en una fe racional.  Esta fe racional es activa y nos da » la certidumbre en la realidad de la posibilidad”. Es también clara una cierta influencia cristiana en su pensamiento.</p>
<p> JMª Díez-Alegría, recoge las aportaciones de Erich Fromm para profundizar en su concepto de la esperanza escatológica (cristiana). Va contrastando <strong>la esperanza escatológica con la esperanza humana (histórica).</strong> “<em>La esperanza histórica ha de ser planteada y vivida como esfuerzo realizador de posibilidades presentes hacia el futuro…</em>”.</p>
<p> A continuación, al plantearse la distinción y relación entre los dos tipos de esperanza, humana/cristiana (histórica/escatológica), va mostrando que aunque ambas esperanzas no se confunden, <strong>no se puede concebir la esperanza cristiana sin estar abierta a la esperanza histórica. </strong></p>
<p>Y amplia su reflexión a los no creyentes que trabajan por la justicia, mostrando un gran respeto hacia ellos y señalando cómo el Cristo de la historia cuenta también con ellos para ir construyendo el reino.</p>
<p> “<em>Por eso, un<strong> </strong>cristiano genuino se hallará codo con codo con aquellos que viven el proceso histórico con esperanza creadora… En el misterio de su existencia personal, abierta a la fe y al amor de Jesús muerto y resucitado, la esperanza escatológica, que comparte con los primeros cristianos, le sostendrá la mente y el corazón, para mantener, en el riesgo y la incertidumbre del tiempo, la certeza de que se puede y se debe «humanamente» esperar</em>”</p>
<p> <strong><span style="text-decoration: underline;">Textos de apoyo a la reflexión</span></strong><strong>.</strong></p>
<p>Extraídos de <strong>J.Mª Díez-Alegría, “<em>Yo creo en la esperanza</em>” </strong>(Desclée de Brouwer, Bilbao,1972)<strong>, </strong>Edición digital en Servicios Koinonía.org: <span style="text-decoration: underline;">http://www.servicioskoinonia.org/biblioteca/teologica/DiezAlegriaYoCreoEnLaEsperanza.pdf </span></p>
<p><strong> </strong><strong>Texto I-RELIGIÓN FALSA Y RELIGIÓN VERDADERA  (RELIGIÓN ONTOLÓGICA-CULTUALISTA Y RELIGIÓN ÉTICO-PROFÉTICA) (Pgs 27-30)</strong></p>
<p> Después de muchos años de reflexión y de vida vivida dentro del cristianismo históricamente existente, he llegado a ver dónde está la diferencia entre religión falsa y religión verdadera.</p>
<p>Cuando Marx dice que la religión es el opio del pueblo (un obstáculo a la liberación del hombre de la injusta opresión, un instrumento de injusticia al servicio del sistema opresor), la afirmación es más profunda y más verdadera de lo que piensan ordinariamente los católicos. (…)</p>
<p>Si la religión verdadera no es ni puede ser instrumento de la injusticia en el mundo, y, por otra parte, la religión de los cristianos (concretamente de los católicos) ha sido y continúa siendo (en conjunto, prevalentemente) factor de conservación de estructuras de opresión e injusticia, entonces resulta inexorablemente que la religión que viven los católicos no es la religión verdadera.</p>
<p>El problema es complejo para quien, como yo, cree en Jesucristo con la adhesión absoluta del «sí» de fe. (…)</p>
<p>¿Por qué una vivencia religiosa centrada en la fe en Jesucristo, que es la Verdad viva, resulta ser una religión falsa?</p>
<p>El estudio y reflexión de fe sobre la Biblia, el examen de las ideas sociales de los Santos Padres, desde los llamados padres apostólicos hasta San Gregorio Magno (segunda mitad del siglo VI), y también la atención, dentro de mis posibilidades, a la historia de las religiones, me han ayudado a encontrar la respuesta.</p>
<p>Hay dos tipos posibles de religión. <strong>La religión ontológica-cultualista y la ético-profética</strong>.</p>
<p>La más plena realización del primer tipo, <strong>la religión ontológica-cultualista</strong>, son las religiones de «misterios», que florecieron en el mundo greco-asiático en la época helenístico-romana. Este tipo de religión corresponde a una concepción circular de la historia. La historia se repite. (Como la naturaleza; ciclo de estaciones). No hay un progreso real, un sentido de la historia hacia una finalidad, una plenitud, capaz de responder a los anhelos del hombre. La concepción circular de la historia (del tiempo), es radicalmente pesimista. El hombre está encerrado en el círculo del tiempo, en la trampa de la historia. Por ahí no hay salida.</p>
<p>Una salida la encuentra el hombre, en esta concepción religiosa sólo mediante la identificación cultual con un Dios, realizada en un Misterio litúrgico, que representa la aventura mítica de ese dios, por ejemplo, una muerte y una resurrección. La idea mítica de muerte y resurrección viene sugerida por la sucesión de las estaciones y por el ciclo natural de la vida vegetal, especialmente.</p>
<p><strong>La salvación que ofrece este tipo de religión es individual</strong>. Se pueden salvar los individuos, por vía mistérico-litúrgica. Pero la historia, la aventura humana colectiva, es irredimible. Hay que aceptarla como es y evadirse de ella, mediante la religión cultual, hacia una salvación absolutamente meta-histórica.</p>
<p>El tipo de <strong>religión ético-profética</strong> corresponde a la religión bíblica del antiguo Israel y a la religión de Jesús y de los primeros cristianos, tal como se presenta o se refleja en el Nuevo Testamento.</p>
<p>Esta religión tiene una concepción lineal abierta (digamos rectilínea), del tiempo histórico. Dios es liberador, y la liberación que Dios promete y que el creyente espera es histórica. Se trata de realizar en la humanidad histórica la liberación de la opresión, el reino de la justicia, la plenitud de la fraternidad y del amor.</p>
<p>De aquí que el carácter de este tipo de religión sea esencialmente ético-profético. La religión exige del hombre una realización de justicia y de amor. <strong>El puesto que en las religiones de misterios tiene el culto, lo tiene aquí el amor que hace la justicia</strong>.</p>
<p>Esto aparece muy claro en un texto neotestamentario, en que la línea profética del antiguo Israel se hace sentir profundamente: «La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo» (Santiago 1, 27). Esta perícopa es enormemente expresiva, porque la palabra «religión», que es en el original griego threskeía, es la palabra que se emplea técnicamente para designar la religiosidad cultual, e, incluso, más bien la cultualista. Por tanto, en el texto de Santiago está claro que la religiosidad ontológica-cultualista viene rechazada y en su lugar se afirma, con la mayor energía, la religiosidad ético-profética.</p>
<p> <strong>Texto II-DESMITOLOGIZACIÓN Y RECUPERACIÓN DE LA ESPERANZA </strong><strong>(</strong>pgs: 55-66)</p>
<p>Ahora llego al punto crucial de mi reflexión de fe.</p>
<p>Para que mi religión cristiana, el cristianismo que yo vivo, sea religión verdadera, tiene que ser ético-profética. Pero para ser ético-profética, en el sentido bíblico y genuinamente cristiano, tiene que estar transida de esperanza mesiánica. <strong>Y la esperanza mesiánica es esperanza dentro de la historia y desde la historia. </strong></p>
<p>Esto lo encontramos confirmado con la mayor fuerza en el testimonio que da Pablo, en su primera carta a los Corintios (cap. 15) de la fe de las comunidades apostólicas en la resurrección de Jesús. La carta está escrita hacia el año 55. Es el testimonio más antiguo que tenemos de aquella fe.</p>
<p>Este pasaje capital del Nuevo Testamento contiene, junto con el testimonio de la fe en la realidad de la resurrección de Jesús, un testimonio del sentido que tenía esta fe de los cristianos, <strong>como fe en la victoria de Cristo sobre la muerte y en el señorío de Cristo sobre la historia</strong>.</p>
<p>Entre los cristianos de Corinto, a los que se dirige Pablo, algunos dudaban de que para los hombres haya una perspectiva de resurrección más allá de la muerte. El hombre griego no tenía gran dificultad en admitir la «inmortalidad del alma», pero se le hacía difícil admitir la resurrección, la re-constitución del hombre más allá de la muerte. Esto dependía sobre todo de su concepción negativa de la materia. Pero también de su concepción «circular» (pesimista, fatal), de la historia. Porque la idea de inmortalidad del alma «separada» apunta a una «salvación» totalmente ajena de la existencia y del destino histórico, mientras que la idea de «resurrección» nos refiere a una solución del problema del hombre histórico y de su existencia propiamente humana. Una solución trascendente, sí, pero no desligada ni desgajada de la existencia histórica.</p>
<p>La respuesta de Pablo se coloca, de hecho, en la perspectiva de unos cristianos que, por una parte, afirman la resurrección de Jesús, pero, por otra, niegan o ponen en duda la resurrección nuestra. Y es contundente: si no hay resurrección para nosotros, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, toda nuestra religión es falsa. Esto lo repite San Pablo con singular energía. O resucitó Cristo y también nosotros resucitaremos, o, si no hemos de resucitar nosotros, tampoco Cristo resucitó, y toda la fe cristiana es una vana ilusión (1 Corintios 15, 12-19).</p>
<p>Para un hombre occidental moderno, este planteamiento de Pablo no es lógico. Pero tampoco Pablo pretende fundarse aquí en un razonamiento lógico. El pensamiento de Pablo se mueve aquí en una dialéctica de fe. Lo que hay en este nexo entre la resurrección, ya realizada, de Jesús (objeto de nuestra fe) y la resurrección futura nuestra (objeto de nuestra esperanza), es la afirmación de un vínculo de solidaridad, que es la entraña misma del cristianismo: <strong>Jesús nació, vivió, murió y resucitó para nosotros</strong>. Y esto es verdad para el creyente con una profundidad y una realidad inimaginables.</p>
<p>El nexo inseparable entre resurrección de Jesús y resurrección nuestra representa también para San Pablo la afirmación irrenunciable de que Jesús, el Cristo, es realmente el «Alfa y Omega» de la historia de la humanidad en el cosmos. Esto último lo expresó más tarde enérgicamente en la carta a los Romanos, donde nuestra resurrección es presentada como cumplimiento liberador de la historia del hombre y, con él, del entero dinamismo o dialéctica de la «creación» (del cosmos en que el hombre existe históricamente). (Romanos 8, 19-24).</p>
<p>Si la resurrección de Jesús no va ligada (como «primicia») a la resurrección nuestra, y si esta resurrección no es verdaderamente cumplimiento de la historia, entonces Jesús no es el Cristo de Dios, el Cristo para la humanidad y para la historia. Pero si Jesús no es el Cristo, en ese supuesto, la resurrección de Jesús es pura ilusión, y el cristianismo puro mito.</p>
<p>Esta es la idea de San Pablo, cuando afirma y repite que si no hay resurrección para nosotros tampoco la ha podido haber para Cristo. Pero, inmediatamente después, Pablo pasa a proclamar con energía explosiva, que, en realidad, Cristo Jesús resucitó: «¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron» (1 Corintios 15, 21). A continuación, explica Pablo que entre la resurrección de Jesús, al tercer día de la pascua, y la nuestra, en la hora de la parusía de Jesús, al fin de los tiempos, transcurre toda la historia humana. Esta historia está, para Pablo, en función de la resurrección de Jesús, que es una victoria potencial sobre el mal y sobre la muerte: «todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego los de Cristo en su venida. Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el reino, después de haber destruido todo principado, dominación y potestad. Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte» (1 Corintios 15, 22-26).</p>
<p>¿Qué quieren decir estas palabras?  Lo que Pablo dice es esto: Jesús, muerto y resucitado, recibe una investidura, un reino, que tiene un sentido dinámico. Cristo resucitado es constituido Señor para que realice en la historia un proceso de debelación de las potencias del mal. (…) la debelación de esas «potencias» es debelación real del mal y de las estructuras malvadas en la historia, a través de la historia. Este proceso, paulatino y victorioso, tiene como coronación el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte en el día de la venida de Jesús, que es el tiempo de nuestra resurrección.</p>
<p>Las potencias del mal de que habla San Pablo representan lo que es egoísmo, opresión, injusticia, desamor. (En contraposición al bien, que, para Pablo, como hemos visto, se reduce al amor que hace la justicia y que no obra el mal). Ese mal ha de ser vencido, paso a paso, a través de la historia. <strong>El Cristo misterioso, Jesús, muerto y resucitado, es</strong> ocultamente, porque permanece en el misterio del Padre, <strong>una garantía de que la lucha tiene «sentido» y da su «sentido» a la historia.</strong></p>
<p>Es decir, no sólo tiene sentido en la existencia del que, por amor, se compromete en la lucha contra la opresión (la injusticia), sino que tiene sentido en la historia y respecto a la marcha de la historia. <strong>Todas las fuerzas de intereses bastardos, de conformismo, de cobardía, de pesimismo histórico, que tratan de ahogar cuanto es contestación en nombre de la liberación y de la justicia, serán impotentes para eliminar de la historia la resistencia contra el egoísmo, la injusticia y la opresión.</strong> Esta lucha, con todas sus complejidades históricas, con sus incertidumbres, sus riesgos y sus temporales retrocesos, es un dinamismo en marcha hacia el fin, hacia la venida de Jesús, que será la consumación y el triunfo definitivo. <strong>Esta es la esperanza cristiana.</strong> Este es el contenido de la fe en la resurrección de Jesús, garantía («prenda») de nuestra final resurrección.</p>
<p>Yo creo en esta esperanza. Y para proclamar mi fe en esta esperanza, escribo este libro.  Contra todos los que, fuera y dentro de la Iglesia, se esfuerzan en convencernos de que hay que renunciar a la esperanza en nombre de la prudencia o de la sensatez o de la ciencia o, tal vez, del «espíritu sobrenatural», que sería como decir: «en nombre de Dios».</p>
<p>Pero volvamos todavía un momento a San Pablo. (…)  «El último enemigo en ser destruido será la muerte». Por tanto, <strong>si la lucha contra los enemigos de la fraternidad, de la liberación, del amor verdadero y de la justicia, no es una lucha en marcha hacia la victoria, a lo largo de la historia, es quimérico creer que la muerte será destruida, al final.</strong> (…)</p>
<p> El Evangelio de Mateo se cierra con estas palabras:</p>
<p>«<em>Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (&#8230;). Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo</em>» (28,18 y 20). (…)</p>
<p>El sentido de ese texto de Mateo me parece prevalentemente (si no exclusivamente) mesiánico escatológico, en la misma línea que la concepción paulina del Cristo resucitado Señor de la historia. Pero ese sentido ha sido dejado en la sombra entre los católicos, en aras de una concepción juridicista de «absolutismo» jerárquico. También esto da qué pensar. (…)</p>
<p>Pero la manera como la Biblia nos presenta la esperanza mesiánico-escatológica ¿no es a su vez mitológica? Y la manera como, después de Jesús, la fe cristiana apostólica reasume la vieja esperanza profética ¿no se revela ella misma mitológica?</p>
<p>¿Podemos desmitologizar la esperanza mesiánica, inseparable de la fe cristiana genuina en la resurrección, sin dejarla perder con ello, antes al contrario, recuperándola en un sentido más profundo?  Personalmente yo he hecho algo así. Y tengo conciencia de que sólo de este modo he llegado genuinamente (según espero) y profundamente al verdadero plano de la «fe». Trataré de exponer cómo vivo mi esperanza mesiánica, mi fe en Cristo resucitado, Señor de la historia.</p>
<p>Pero antes quiero insistir en que esta profundización de la fe (esta desmitologización), que nos lleva al plano auténtico de la «fe» desnuda y de la «esperanza» que se «cree», nos aleja de toda pretensión apologética de «demostrar» la fe, para que así la gente la acepte. Abrahán «contra (toda) esperanza creyó en la esperanza»… —afirma Pablo en la carta a los Romanos (4, 18)—. Pero una «fe» así en la «esperanza», sin ninguna apoyatura humana de esperanza («contra toda esperanza»), es una especie de creación de la gracia en el interior del hombre, un acaecimiento originario, un misterio existencial.</p>
<p>El creyente debe llevar adelante su «fe en la esperanza» más con su total actitud que con proclamaciones verbales. Debe dar testimonio.</p>
<p>Pero con enorme respeto a los demás. Sin proselitismo. Sin triunfalismo. Porque él mismo siente la «locura», o quizá mejor la «gratuidad» de su esperanza. Pero esa «locura» es vivida por él como «sabiduría de Dios». Y la «sabiduría de Dios» libera de sectarismos y supersticiones, nos deja libres para afrontar sinceramente la realidad, desde el misterio de la esperanza, pero sin dogmatismos mitologizantes, que requieran, para poder mantenerse, cerrar los ojos ante esa realidad. Porque también la realidad es un misterio, que hay que respetar.</p>
<p>Con esta actitud, trataré de explicar cómo he desmitologizado y recuperado mi esperanza mesiánico-escatológica de cara a la realidad de la historia.</p>
<p>Los profetas de Israel esperaban la instauración de la justicia en el mundo histórico, mediante una intervención manifiesta, visible, de Yahvé, como la que la tradición religiosa de Israel contemplaba en el éxodo de Egipto y en el paso prodigioso a través del Mar Rojo.</p>
<p>Se esperaba el nuevo Moisés, de que habla el Deuteronomio (18,15). El vástago de David, que realizase directamente, políticamente, la liberación, como Cristo (Ungido) de Yahvé. Esta es, por ejemplo, la perspectiva del Salmo 72, en que los augurios cantados en ocasión, tal vez, de una coronación regia, se desbordan hacia el horizonte de la esperanza mesiánica:</p>
<p>Oh Dios, da al rey tu juicio,</p>
<p>al hijo de rey tu justicia:</p>
<p>que con justicia gobierne a tu pueblo,</p>
<p>con equidad a tus humildes.</p>
<p>Traerán los montes paz al pueblo,</p>
<p>y justicia los collados.</p>
<p>El hará justicia a los humildes del pueblo,</p>
<p>salvará a los hijos de los pobres,</p>
<p>y aplastará al opresor. (…)</p>
<p>En este modo de concebir la esperanza mesiánica, había un elemento «mitológico», que es necesario reducir, para que el «mito» (expresión simbólica que puede ser legítima) no se convierta en caduca «mitología» (entendimiento realístico, y por ello falso, del «mito»).</p>
<p><strong>Dios no interviene en la historia de la manera fenoménica</strong> que suponían ingenuamente los videntes de Israel.   Para un cristiano, tiene un sentido perenne la palabra evangélica: «¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios. Y hasta los pelos de vuestra cabeza están todos contados. Así que no tengáis miedo: valéis más que muchos pajarillos» (Lucas 12, 6-7; igual Mateo 10, 29-31). Y tiene también sentido siempre la plegaria de Jesús: «Padre nuestro  el pan nuestro de cada día dánoslo hoy» (Mateo 6, 9 y 11).</p>
<p>Pero <strong>esta «providencia» debe ser entendida como misterio</strong>, no como una especie de factor, que pueda entrar en el cálculo de las posibilidades históricas en un plano fenoménico.</p>
<p>Si la omnipotencia de Dios se interpreta en términos de inserción inmediata en el plano empírico (se cae un pelo porque Dios lo ha querido determinadamente con una voluntad causal en el plano empírico), se hace imposible atribuir a Dios Padre la bondad que Jesús nos reveló de Él. Hay demasiado mal en el cosmos. (…)</p>
<p>Para el creyente, Dios es un foco de esperanza y, en el sentido del misterio (…), a Él se dirige nuestra plegaria. (…) Pero esto es del todo diverso de una concepción de providencia (…) que pone a Dios como un jugador de ajedrez que mueve las fichas en el tablero del cosmos.</p>
<p>Es mucho más conforme con una «fe» auténtica decir que no sabemos nada del «cómo» de la inserción de la omnipotencia en la realidad empírica.</p>
<p>Donde el creyente puede ver una posibilidad de vinculación directa de la omnipotencia del Padre en el acontecer existencial de la vida histórica es en el misterio del corazón del hombre. Allí sí hay posibilidad de «golpes de mano» de Dios. Hay una abertura a las posibilidades de la gracia (cháris), del «don», del soplo del Espíritu.</p>
<p>Pero esto pertenece a un plano de «misterio de fe», que está más allá del plano de posibilidades de análisis de la psicología profunda. El hombre, más que el cosmos, existe en un horizonte abierto a lo insondable. En esa abertura se sitúan la plegaria y la esperanza del creyente. (…)</p>
<p>Un hombre conceptualmente y culturalmente ateo, puede ser creyente en esa profundidad existencial. Todo depende de su actitud frente al prójimo.</p>
<p>Hacia ahí me parece que apunta la extraordinaria parábola del buen samaritano. Para los judíos del tiempo de Jesús, samaritano era sinónimo de impío, de «renegado», de demoníaco. Y, sin embargo, el modelo que pone Jesús de cumplimiento de la Ley en el auténtico amor al prójimo, es un samaritano que, sin abjurar del «samaritanismo» para convertirse a la ortodoxia judía, es capaz de amar en serio a su enemigo. El sacerdote y el levita son descalificados en la parábola (Lucas 10, 25-37).</p>
<p>Como en tiempo de Jesús podía un samaritano ser modelo de recepción del Reino de Dios, así hoy puede serlo un ateo. Y un sacerdote, correctamente ortodoxo, puede quedar fuera. (…)</p>
<p>Para esto no es necesario que el hombre conozca (…) a Dios y a su Cristo. Lo importante aquí no es que nosotros conozcamos a Dios, sino que Dios nos «conozca» a nosotros, como dice San Pablo (Romanos 8, 29). (…)</p>
<p>Después de estas explicaciones de la teología (…), ¿cómo reafirmo yo la fe en Cristo Señor (Kyrios), salvador del mundo?   Aquí es donde puede insertarse una teología de la liberación (…).</p>
<p>El Reino de Dios es:</p>
<p>            que fluya el derecho como agua,</p>
<p>            la justicia como un torrente inagotable  <em>(Amós 5, 24)</em></p>
<p>            Justicia y derecho, amor y compasión  <em>(Oseas 2, 21) </em></p>
<p>            hacer justicia cada mañana</p>
<p>            y salvar al oprimido de la mano del opresor <em>(Jeremías 21, 11)</em></p>
<p>            abrir las prisiones injustas,</p>
<p>            hacer saltar los cerrojos de los cepos,</p>
<p>            dejar libres a los oprimidos,</p>
<p>            romper todos los cepos,</p>
<p>            partir tu pan con el hambriento,</p>
<p>            hospedar a los pobres sin techo,</p>
<p>            vestir al que ves desnudo,</p>
<p>            y no cerrarte a tu propia carne;  <em>(Isaías 58, 6-7)</em></p>
<p>            hacer justicia al huérfano, al vejado,</p>
<p>            para que cese la tiranía del hombre salido de la tierra  <em>(Salmo 10, 18)</em></p>
<p>            librar al débil del más fuerte,</p>
<p>            al pobre de su expoliador  (<em>Salmo 35, 10)</em></p>
<p>            dar a los desvalidos el cobijo de una casa,</p>
<p>            abrir a los cautivos la puerta de la dicha (<em>Salmo 68, 7)</em></p>
<p>            derribar del trono a los poderosos</p>
<p>            y enaltecer a los humildes,</p>
<p>            colmar de bienes a los hambrientos</p>
<p>            y mandar a los ricos vacíos    (<em>Lucas 1, 52-53)</em></p>
<p>            vender lo que tienes y dárselo a los pobres  (<em>Marcos 10, 21; Lucas 12, 33</em>)</p>
<p>            amar al único Señor, tu Dios, con todo tu corazón</p>
<p>            y amar al prójimo como a ti mismo</p>
<p>            (cosa que) vale más que todos los holocaustos y sacrificios,</p>
<p>            ni existe otro mandamiento mayor que éstos   <em>(Marcos 12, 28-34)</em></p>
<p>            no acumular riquezas (privadas) para sí   <em>(Santiago 5, 3; Lucas 12, 21</em>)</p>
<p>            hacerles a los hombres</p>
<p>            lo que queremos que ellos nos hagan  <em>(Mateo 7, 12)</em></p>
<p>            aprender qué significa aquello:</p>
<p>            «quiero misericordia y no sacrificio»   (<em>Oseas 6,6; Mateo 9, 13)</em></p>
<p>            no descuidar lo más importante de la ley:</p>
<p>            la justicia, la misericordia y la fe  <em>(Mateo 23, 23)</em></p>
<p>            no ser egoísta; no alegrarse de la injusticia  (<em>1 Corintios 13, 5-6)</em></p>
<p>            ser libres; servir por amor los unos a los otros  (<em>Gálatas 5, 1 y 13</em>)</p>
<p>            amar al prójimo cumpliendo la ley en plenitud</p>
<p>            con el amor (ágape) que no hace mal al prójimo   (<em>Romanos 13, 8-10)</em></p>
<p>            Visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación</p>
<p>y conservarse incontaminado del mundo, (cosa) ésta (que) es la religión pura e intachable ante Dios Padre  <em>(Santiago 1, 27)</em></p>
<p>            obrar como hombres libres,</p>
<p>            no como quienes hacen de la libertad</p>
<p>            un pretexto para la maldad (<em>1 Pedro 2, 16)</em></p>
<p>            vivir para la justicia <em>(1 Pedro 2, 24</em>)</p>
<p>            no devolver mal por mal ni insulto por insulto;</p>
<p>            no tener miedo a sufrir por causa de la justicia;</p>
<p>            preferir padecer por obrar el bien que por obrar el mal (<em>1 Pedro 3, 9, 14 y 17</em>)</p>
<p>            pasar de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos  <em>(1 Juan 3, 14</em>)</p>
<p>            no amar de palabra ni de boca, sino con obras y de verdad  (<em>1 Juan 3, 18</em>)</p>
<p>            amar al hermano a quien uno ve</p>
<p>            para poder amar a Dios a quien no ve  (<em>1 Juan 4, 20</em>)</p>
<p>            no olvidarse del bien obrar</p>
<p>            y de la comunidad de bienes (koinonía);</p>
<p>            tales son los sacrificios que agradan a Dios   <em>(Hebreos 13, 16</em>)</p>
<p><strong>Esta visión del Reino de Dios, que aparece sin solución de continuidad en todo el Antiguo Testamento y en todo el Nuevo Testamento, da un soporte incondicional a la teología de la liberación. </strong></p>
<p>Pretender que la liberación evangélica es «interior» y «espiritual» y no social y política, es una trampa para mantener una forma de religión socialmente conservadora, traicionando la Biblia. El Reino de Dios se refiere al hombre en su inseparable bidimensión, personal y social. Ni hay liberación del corazón del pecado, sin planteamiento del problema político de la liberación. Porque el gran pecado del que hay que liberar al corazón es el pecado del egoísmo, de la colaboración con la injusticia, del apego a la riqueza privada, de la falta de amor generoso, realizador de justicia, que empuja a trabajar (a luchar, a comprometerse) por la liberación.</p>
<p>La esperanza cristiana, contenido inseparable de la fe en Cristo resucitado, ¿qué espera respecto a la liberación?</p>
<p><strong>La esperanza cristiana espera que la «liberación» del corazón del hombre</strong> (de muchos hombres, quizá de todos&#8230;) <strong>se irá realizando en dialéctica vinculación con la liberación socioeconómico-política, que será obra de los mismos hombres</strong> (no de intervenciones apocalípticas), nunca cerrados a influjos de «gracia» en la profundidad de su ser, pero sin necesaria vinculación de esta acción de «gracia» con estructuras de Iglesia ni con actitudes fenoménicamente religiosas de la persona gratificada,  en el fondo de su ser, por el don (…), del Espíritu del Señor Jesús.</p>
<p>La esperanza cristiana es profética y nada nos dice del «cómo» se podrá ir realizando en la historia. Desde luego, la historia nos ha enseñado que los sistemas de «cristiandad» no son el modo de realización creciente, a través de la historia, de la liberación mesiánica. Son incompatibles con una autenticidad ético-profética de la realización del cristianismo visible. Por ello, actúan más bien en contra del avance del Reino de Dios. (…). Han sido un «obstáculo». Y es un pecado contra el Reino tratar de mantenerlas o restaurarlas en formas más embozadas. (…)</p>
<p><strong>Donde se avanza hacia justicia, liberación de la opresión, cobertura de las necesidades, tomar en mano el problema de los desvalidos, destrucción de privilegios opresivos y de discriminaciones de clase, aborrecimiento de la injusticia y de sus estructuras, amor al prójimo y verdadera libertad, allí está en marcha el Reino de Dios y hay un acercamiento escatológico a la parusía. Donde esas cosas vienen negadas, desconocidas, obstaculizadas, allí no avanza el Reino de Dios.</strong> (…)</p>
<p>Por otra parte, para quien mantiene esta fe en el Señor resucitado, como yo la mantengo, es un dato irrenunciable de la esperanza escatológica que los verdaderos «hijos del Reino» (…), aunque en su existencia histórica hayan sido ateos (…), se encontrarán un día con el Cristo verdadero, que les dice: «¡Venid!» Este es el sentido de la parábola del juicio final en Mateo.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>III-LA ESPERANZA ESCATOLÓGICA Y LA ESPERANZA HISTÓRICA </strong>(Pgs 66-71)</p>
<p> Para comprender lo que es y lo que no es (lo que nos da y lo que no nos da a los creyentes) la esperanza escatológica, puede ayudar la distinción entre esperanza escatológica y esperanza histórica. Son dos formas de esperanza que el cristiano de actitud ético-profética debe llevar adelante a la vez, sin confundirlas.</p>
<p>En un prólogo, escrito en el verano de 1971, para la edición española de un libro de Julio Girardi («Amor cristiano y lucha de clases»)<a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftn4">[4]</a>, traté de iluminar esta distinción:</p>
<p><strong> </strong><strong>Erich Fromm</strong> ha tratado con profundidad el tema de <strong>la esperanza histórica<a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftn5"><strong>[5]</strong></a>. </strong>La auténtica esperanza histórica se contrapone a tipos de falsa esperanza, que pueden ser formas mixtificadas de desesperanza o de desesperación.</p>
<p>Una forma de falsa esperanza es la espera pasiva de una solución, que vendrá por sí sola. Esta esperanza pasiva lleva consigo una idolatría del futuro. Como si el futuro, por el mero hecho de ser futuro, fuera a resolver lo que en el presente no se resuelve ni se pone en vías de solución. Esta forma de falsa esperanza viene a ser una cobertura de la desesperanza. Ponerlo todo a cargo del futuro, cuando no se espera nada del presente, es crearse un puro «mito», sin contenido real, sin fuerza creadora.</p>
<p>Otra forma de falsa esperanza es el aventurerismo irreal (arbitrario) de una acción irracional. Esta falsa esperanza puede ser cobertura de desesperación. No se tiene realmente esperanza, pero tampoco se acepta la desesperanza. Ni se puede aceptar el «mito» estéril del futurismo idolátrico. Entonces la gente se lanza a la acción sin esperanza. Esta acción tiende a ser violenta, porque la desesperación lleva a eso.</p>
<p>La forma más conmovedora de este tipo de acción sin esperanza, es el suicidio por no poder resistir la injusticia del mundo y por sentir la impotencia propia para hacer que las cosas cambien. A veces, en estos tipos de suicidio, se da la esperanza de que ayuden a crear un          estado de conciencia y de opinión que pueda resultar fecundo. Pero, otras veces, se da el suicidio como puro repudio frente a una          situación que se juzga sin salida, y en la que uno siente que no puede permanecer.</p>
<p><strong> </strong><strong>Frente a esas formas de desesperanza o desesperación encubierta, coloca Fromm la esperanza auténtica, histórica. </strong></p>
<p>Es una <strong>esperanza activa</strong> (frente a las formas de esperanza pasiva) y es una <strong>esperanza potencial</strong> (frente al aventurerismo irreal). Este tipo de esperanza tiene como presupuesto una cierta fe humana racional. Describiendo esta fe, que no hay que confundir con la fe religiosa cristiana, Fromm nos habla de «conocimiento de la posibilidad real» y de «certeza de la incertidumbre». Quiere decir esto: la realidad de tipo social e histórica no es reducible a un cientifismo cerrado, en que todo está ya previsto y en que sólo puede repetirse el pasado. La realidad social e histórica y, en su base, la realidad humana, es esencialmente abierta. Hay posibilidades de novedad hacia el futuro. Pero novedades «desde» el presente. Se trata, por eso, de posibilidades «reales».</p>
<p>Lo que llama Fromm «certeza de la incertidumbre» es la certeza de que es posible otra cosa. No es cierto que sea imposible un cambio cualitativo. Es cierto que no es cierto. No estamos inexorablemente condenados a dar vueltas en este mundo de egoísmos y opresiones, sin posibilidades de salida.</p>
<p>Sobre el <strong>«conocimiento de la posibilidad real» y sobre la «certeza de la incertidumbre»</strong> apoya Fromm su concepción de la «fe racional». Es una «fe», porque se empeña en construir para el futuro, en ir construyendo un mundo solidario sin opresión, siendo así que no podemos tener una certeza científica rigurosa de que la empresa tendrá éxito. Pero es «racional» porque se apoya constantemente en la búsqueda de posibilidades reales, cuidándose de evitar el aventurerismo irreal, pero sin eludir el riesgo histórico. De esta manera, la «fe racional» es un poder creador.</p>
<p> ¿<strong>En qué relación se pueden poner la fe y la esperanza cristianas con esta esperanza histórica y con esta fe racional, de que nos habla Fromm? </strong></p>
<p>La esperanza cristiana y la fe, mal entendidas, pueden conducir a una actitud de espera pasiva en el mundo y en la historia. Mejor dicho, el cristiano socialmente conservador carece de genuina esperanza histórica y vive en la aceptación pasiva del mundo presente, de manera semejante a la actitud de espera pasiva del futuro descrita por Erich Fromm. Pero, para este tipo de cristiano, el futuro que se espera pasivamente está fuera del horizonte histórico y desconectado de él. Es un «cielo» de espectáculo («ver» a Dios) y de «música» («cantar» a Dios), que el hombre conquista individualmente, y que nada tiene que ver con lo que ha sido el quehacer histórico de la humanidad.</p>
<p> ¿Es aceptable este modo de vivir la esperanza cristiana?</p>
<p>Los actuales cristianos progresistas (no conservadores socialmente, y esto en fuerza de su inteligencia de la fe cristiana) piensan (pensamos) que <strong>una concepción de la esperanza cristiana totalmente desligada de la esperanza histórica es falsa</strong>, desde el punto de vista del genuino cristianismo. (…) </p>
<p>Los cristianos socialmente conservadores desligan su esperanza cristiana de la esperanza histórica de manera positiva y radical. No tienen esperanza histórica, y su modo de entender la esperanza cristiana confirma su desesperanza histórica. De aquí que, para ellos, el conservadorismo social y el modo como ellos entienden el cristianismo están ligados funcional y recíprocamente, al menos en concreto. El cristianismo así vivido y entendido, es «opio del pueblo». Nos parece que esta manera de concebir el cristianismo es falsa.</p>
<p>Pero ¿no encontrará esa concepción algún fundamento en la actitud de Jesús y de la primera generación cristiana, respecto a la realidad terrestre?</p>
<p>Porque es verdad que el escatologismo del cristianismo primitivo se plantea en la perspectiva de una expectación apocalíptica inminente. Sin decir de una manera dogmática y monolítica que el fin del mundo es inmediato, los textos neotestamentarios están situados en la perspectiva (en el supuesto) de un fin muy próximo.</p>
<p>Evidentemente, ésa es una de las razones por las que, en el Nuevo Testamento, en el mensaje evangélico, no está planteada directa e inmediatamente una exigencia de cambio estructural de la sociedad humana. (…)</p>
<p>La esperanza escatológica del cristianismo primitivo no se conjugaba con una actitud de espera pasiva dentro de la historia, sino con una actitud de esperanza activa, bien que no se plantease en un plano político de revolución de estructuras, sino en un plano de revolución personal efectiva, que resultaba incisiva en el plano mismo de la estructura social.</p>
<p>El caso de Zaqueo, narrado por Lucas (19, 1-9), es típico a este respecto. La conversión de Zaqueo es personal, y Jesús no le exige una opción de tipo político revolucionario, para declararlo «hijo de Abraham». Pero su conversión personal va, con una tremenda efectividad, a las raíces (y a las raíces económico-sociales) de su situación personal en la sociedad: «Daré, Señor, la mitad de los bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo».</p>
<p>Si el cristianismo posterior hubiese seguido planteando la conversión personal en estos términos, el cristianismo socialmente conservador no habría existido, y los cristianos, en fuerza de su fe cristiana, hubieran estado disponibles para el cambio cualitativo de las estructuras sociales, en cuanto los «signos de los tiempos» hubieran señalado la hora histórica de la posibilidad revolucionaria. (…)</p>
<p><strong>La esperanza histórica ha de ser planteada y vivida como esfuerzo realizador de posibilidades presentes hacia el futuro</strong>. Es una actitud activa y potencial que, como tal, no se apoya en ninguna afirmación dogmática, sino en el conocimiento de la posibilidad real (existente «ahora» hacia el «futuro»), en la certeza de que no es cierto que haya que renunciar a la búsqueda.</p>
<p>De aquí que sea un error —como dice bien Girardi— «esperar de Dios la solución de problemas que él nos ha confiado a nosotros». (…)</p>
<p><strong>La esperanza escatológica cristiana, en la perspectiva actual</strong>, (…), <strong>no se confunde con la esperanza histórica </strong>(…). Pero tiene una convergencia con la actitud de esperanza histórica. El cristiano, como cristiano, no sólo sabe «que el hombre es más grande que la tierra y la esperanza más fuerte que la muerte», y que «en definitiva el amor no fracasa jamás, ni es jamás malgastado». <strong>El cristiano</strong>, en fuerza de su esperanza cristiana, <strong>queda irrenunciablemente abierto a la esperanza histórica</strong> (…)</p>
<p><strong>La renuncia a la esperanza histórica es incompatible con el mantenimiento de una esperanza escatológica genuinamente cristiana</strong>. Pero la esperanza escatológica no es, en sí misma, esperanza histórica, porque se plantea en el plano de una fe sobrenatural (…) mientras que el plano de la esperanza histórica es el de una fe racional (…) apoyada en el conocimiento (…) de las posibilidades «reales», que puedan ser descubiertas en la trama fenoménica de la historia.</p>
<p><strong> </strong><strong>Concluimos. </strong></p>
<p>La esperanza cristiana nos dice que «tiene sentido» mantener la esperanza histórica; que la esperanza histórica es irrenunciable. Pero no nos dice el «cómo» (…) de la esperanza histórica. El creyente tiene que ir construyendo, lo mismo que el no creyente, y con los mismos instrumentos, la perspectiva concreta de la esperanza histórica.</p>
<p>Pablo nos dice que el triunfo sobre la muerte (resurrección) es coronamiento de la victoria sobre las demás potencias del mal. La muerte es la «última» potencia vencida. (…).</p>
<p>La esperanza escatológica deja a nuestro riesgo, a nuestra responsabilidad y a nuestra búsqueda, el proyecto y la realización de la esperanza histórica, que es y tiene que ser una potencialidad creativa del hombre en el tiempo, un alumbramiento trabajoso. (…)</p>
<p>La acción de Jesús, el Cristo resucitado, en el tiempo, no se ejerce por intervenciones apocalípticas. No hay caballos blancos de Santiago. La providencia de Dios sobre la historia es inconmensurable. La acción de Jesús se ejerce en el misterio del corazón del hombre. Allí sí hay una abertura a las posibilidades de la gracia (cháris), del don, del soplo del Espíritu. Pero en la historia tiene que actuar el hombre y sólo él.</p>
<p>Por eso<strong>, un cristiano</strong> genuino <strong>se hallará codo con codo con aquellos que viven el proceso histórico con esperanza creadora</strong>. En el misterio de su existencia personal, abierta a la fe y al amor de Jesús muerto y resucitado, <strong>la esperanza escatológica</strong>, que comparte con los primeros cristianos, <strong>le sostendrá la mente y el corazón</strong>, para mantener, en el riesgo y la incertidumbre del tiempo, <strong>la certeza de que se puede y se debe «humanamente» esperar. (…)</strong></p>
<p>Nuestra vocación de cristianos, y la vocación de la Iglesia en la historia, es realizar la profesión del amor al prójimo, de la esperanza escatológica y de la fe en Cristo Señor, en actitud ético-profética, depurada de toda ambigüedad ontológico-cultualista. (…)</p>
<p>San Pablo recomendaba a la comunidad cristiana de Roma, cuya continuación histórica es la Iglesia Católica Romana contemporánea, una actitud de profunda humildad (…):  (Rom. 11, 18-22).</p>
<p> La Iglesia se mantendrá viviente en la raíz del Reino, si mantiene la fe y si se mantiene en la bondad. Es decir, si vive la fe en actitud ético-profética. Si no, será cortada. Puede ser cortada. ¿Cómo? Dios lo sabe. «Poderoso es Dios» —dice allí San Pablo (v. 23). (…). Lo que es indudable para mí, creyente en Jesucristo, es que llevar adelante esta fe, con actitud ético-profética y con insobornable oposición a la actitud ontológico-cultualista, es estar en la corriente escatológica del Reino de Dios que avanza. Aquí procuro yo mantenerme, a pesar de tantos defectos e incoherencias. (…)</p>
<p>Así, la fe explícita, vivida en actitud ético-profética coherente, puede ser y debe ser, en todo caso, un «signo» escatológico.  Por encima de todas las incertidumbres de la historia, en diálogo abierto con los hombres, con deseo de ser fiel a la exigencia ético-profética que viene del Evangelio, con la libertad que El nos ganó, yo proclamo mi fe en Jesús, que es el Ungido (el Cristo) de Dios, el Resucitado, el Señor del tiempo y de la historia.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">BIBLIOGRAFÍA</span></strong></p>
<p>JMª DÍEZ-ALEGRÍA:<strong> “<em>Yo creo en la esperanza</em>” </strong>Ed Desclée de Brouwer. Bilbao, 1972<strong>; “<em>Yo todavía creo en la esperanza</em>”  </strong>Desclée de Brouwer, Bilbao, 1999</p>
<p>ERICH FROMM<strong>: “<em>La revolución de la esperanza</em>” </strong>Ed. FCE, 1970 (5ª reimp, 2003<strong>); <em>Del tener al ser,</em> </strong>Ed. Paidos 2007</p>
<p>CHARLES MOELLER<strong>: “<em>Literatura del siglo XX y Cristianismo. </em></strong>Tomo III:<em>“<strong>La esperanza humana” 1966;  </strong></em>Tomo IV:<strong><em> “La esperanza en Dios nuestro Padre</em>” </strong>1964</p>
<p>PAUL O¨CALLAGHAN<strong>  “<em>La metafísica de la esperanza y el deseo de Gabriel Marcel</em>” </strong>(<a href="http://dspace.unav.es/dspace/bitstream/10171/882/4/4.%20LA%20METAFÍSICA%20DE%20LA%20ESPERANZA%20Y%20DEL%20DESEO%20EN%20GABRIEL%20MARCEL,%20PAUL%20O'CALLAGHAN.pdf">http://dspace.unav.es/dspace/bitstream/10171/882/4/4.%20LA%20METAF%C3%8DSICA%20DE%20LA%20ESPERANZA%20Y%20DEL%20DESEO%20EN%20GABRIEL%20MARCEL,%20PAUL%20O%27CALLAGHAN.pdf</a><strong></strong></p>
<p> </p>
<hr width="33%" size="1" />
<p><a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftnref1">[1]</a>              Nace en Gijón en 1911</p>
<p><a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftnref2">[2]</a>              Como consecuencia de los conflictos que se derivaron de la publicación de este libro dejó la Cátedra de la Universidad Gregoriana y posteriormente la Compañía de Jesús,</p>
<p><a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftnref3">[3]</a>        <strong>La metafísica de la esperanza y del deseo en Gabriel Marcel </strong>Paul O&#8217;callaghan.</p>
<p> <a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftnref4">[4]</a>          Editado en Salamanca, 1971</p>
<p><a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftnref5">[5]</a>          E. Fromm “La revolución de la esperanza”. Fondo de Cultura Económica. México 1970. “yo había utilizado la traducción italiana del americano”. Milán. Etas Compás.</p>
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		<title>Taller II. La Esperanza Cristiana. Documento 1</title>
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		<dc:creator><![CDATA[natividad Cordero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 May 2011 14:43:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Talleres 2011]]></category>
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					<description><![CDATA[DOCUMENTO I.- LA  ESPERANZA  EN EL NUEVO TESTAMENTO. La Esperanza fue fundamental para las primeras comunidades cristianas, y sigue siendo esencial para los seguidores de Jesús hoy, dada la desproporción existente entre la terca realidad de la injusticia en el mundo, y la sensación compartida de poder hacer muy poco para remediar tantos problemas sangrantes.  [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;">DOCUMENTO I.- LA  ESPERANZA  EN EL NUEVO TESTAMENTO.</span></strong></p>
<p>La Esperanza fue fundamental para las primeras comunidades cristianas, y sigue siendo esencial para los seguidores de Jesús hoy, dada la desproporción existente entre la terca realidad de la injusticia en el mundo, y la sensación compartida de poder hacer muy poco para remediar tantos problemas sangrantes. <strong>El Padre y Jesús vienen en nuestra ayuda enviándonos su Espíritu que es luz y fortaleza</strong>.</p>
<p>  <span id="more-1219"></span>  </p>
<p>Hemos desarrollado este tema con dedicación y optimismo, esperando que la reflexión personal y en grupos sobre la Esperanza cristiana nos capacite más y mejor para la implantación del <em>reinado de Dios</em> en nuestro entorno y en el mundo que nos ha tocado vivir.</p>
<p>Sólo una cosa más <strong>de carácter metodológico</strong>. Dada la riqueza y  capacidad de penetración  de los textos del Nuevo Testamento, que acompañan a este escrito, sería de desear la lectura personal y reposada de los mismos antes de las reuniones por grupos.</p>
<p>La Esperanza cristiana  surge de la aceptación del <em>Jesús histórico y del Cristo de la fe</em> (la fe pascual). La persona de Jesús, su actividad y mensaje fueron objeto de la reflexión y celebración de las primeras comunidades cristianas. El hecho de su resurrección tuvo un influjo determinante para la comprensión de su vida mortal con nueva profundidad y perspectivas. Por eso a veces resulta  difícil la nítida separación –del Jesús histórico y del Cristo de la fe- en la reflexión comunitaria primitiva, transmitida por cada evangelista con su propia intención y visión teológica. Ofrecemos, pues, los datos más relevantes sobre Jesús que pueden estimular y acrecentar <em>nuestra Esperanza cristiana</em>.</p>
<p>1<strong>.  <span style="text-decoration: underline;">EL JESÚS HISTÓRICO</span></strong><span style="text-decoration: underline;">:</span></p>
<p>1.1. Los dos discípulos de Emaús nos dan esta visión del Jesús histórico:</p>
<p><em>Fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo </em>(Lucas 24,19).</p>
<p>1.2. Pero <em>su novedad absoluta </em> es que ha sido <strong><em>el Profeta</em> <em>del reinado de Dios</em></strong>. (Lucas 16,16; Marcos 1,15; Juan 1,17):</p>
<p>1.3. <strong>Jesús proclama este reinado</strong> (Lucas 4,43), y lo va realizando. <strong>El Evangelio nos va mostrando sus características: </strong></p>
<p> a) <strong><em>Dios reina como Padre</em></strong>, porque realmente es el Padre de Jesús, aunque de <em>manera única y misteriosa</em>:</p>
<p><em>&#8211; ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que tengo que ocuparme de lo que pertenece a mi Padre? </em></p>
<p>Con estas palabras Jesús expresa que su misión y la relación única y misteriosa con su Padre están por encima y en contraste con la paternidad natural de María y José  (Lucas 2,49).  </p>
<p>b) <strong><em>Es también nuestro Padre</em></strong>: Mateo 5,44-45; 6,7-14; 6,17-18. Lo que constituye un claro motivo de alegría y Esperanza.</p>
<p>c) Además <strong>Jesús se alegra en el Espíritu Santo, y bendice al Padre <em>porque se ha revelado a la gente sencilla</em></strong> y porque… <em>“Quién es el Padre lo sabe sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”</em> (Lucas 10,21-22). Es decir, Esperanza y alegría, porque el Evangelio puede ser comprendido y aceptado por la gente sencilla. Esperanza porque Jesús puede comunicarnos <em>quién es el Padre, </em>a quien nadie ha visto. O, siguiendo la teología de Juan, <strong>Jesús aparece como <em>el rostro humano de Dios Padre</em></strong><em>,</em> porque éste se hace visible en Jesús: Juan 14,8-10.</p>
<p>d) Alegría y esperanza porque  Jesús y la tradición apostólica nos han comunicado que <strong><em>Dios es amor</em></strong><em>, </em>y que <strong><em>este amor se nos comunica por el Espíritu para convertirse en amor al prójimo</em>,  núcleo esencial del Evangelio, y Testamento de Jesús</strong> (Juan 13,34-35; 15,12-13; I Juan 4,7-21; Mateo 25,34 ss.). Este amor se convierte en ayuda mutua, servicio y solidaridad con los más necesitados: Lucas 10,25-37 (El buen samaritano). Para Jesús la relación con Dios Padre no se realiza en el templo, a través del culto, sino con obras de misericordia y solidaridad con los que necesitan nuestra ayuda. Por eso, a lo largo del Evangelio se proclama la igualdad y la fraternidad como algo esencial entre los seres humanos, lo que es motivo de Esperanza. Podemos afirmar que <strong>Jesús ha encarnado en su persona, actividad y mensaje <em>la manera de ser y de sentir del Padre</em>.</strong></p>
<p>e) Es motivo de Esperanza que <strong>el reinado de Dios se identifique con el Evangelio como la buena Noticia </strong>(Marcos 1,14-15; Lucas 2,10-12; Lucas 4,18-19; 4,43). <strong>Las bienaventuranzas</strong> proclaman constantemente el gozo, la alegría y la felicidad de aquellos que  van aceptando y realizando este reinado (Mateo 5,3-12).</p>
<p>Díez-Alegría afirma: “El reinado de Dios es la buena noticia para los pobres; las iglesias cristianas global y estructuralmente, no” (pp.61-62). Y más adelante: “La iglesia se convierte en un motivo de desconfianza” (pp. 63-64). A continuación escribe: “La iglesia ha caído en la tentación de identificarse con el reinado de Dios, haciendo de éste una caricatura” (p. 65).</p>
<p>f) El reinado de Dios no se manifiesta sólo en acontecimientos externos; es necesaria <strong>la conversión</strong> –cambio de mentalidad y de manera de actuar- para optar por él y aceptarlo desde nuestro interior:</p>
<p><em>Se ha cumplido el plazo, está cerca el reinado de Dios: enmendaos y tened fe en esta buena Noticia </em>(Marcos 1,15)<em>.</em> Lucas, a su vez, nos dice:</p>
<p><em>&#8211; La llegada del reinado de Dios no está sujeta a cálculo… ¡Dentro de vosotros está el reinado de Dios! </em>(Lucas 17,20-21).</p>
<p>Así pues, <strong><em>el reinado de Dios </em>hay que aceptarlo por la fe porque viene de Dios de manera gratuita</strong>. El Espíritu Santo inicia y desarrolla esta experiencia hasta límites insospechados (Francisco de Asís; Teresa de Calcuta; Vicente Ferrer). Así pues, la adhesión a Jesús y al Padre, la experiencia del Espíritu en nosotros y el amor que derrama en nuestro interior, creando un corazón nuevo, son el verdadero motor del reinado de Dios para todo creyente. <strong><em>Esta dinámica de la fe es pues motivo de alegría y Esperanza</em></strong><em>.</em></p>
<p>1.4. <strong>Jesús se siente enviado por el Padre y ungido por el Espíritu de Dios para liberar a los pobres y oprimidos</strong> (Lucas 4,16-18). Por eso afirma que <em>el reinado de Dios es de los que eligen ser pobres</em> (Mateo 5,3). Desde esta libre elección,  y en sintonía con los pobres, podremos liberar de toda clase de opresión y de  la pobreza dura a los que la sufren de mil maneras<strong>. La lucha contra la injusticia aparece así como algo esencial para Jesús y para sus seguidores. </strong>El hecho de que el Espíritu Santo esté presente en esta dura y difícil empresa es una garantía para que la podamos llevar a término. <em>Es de nuevo motivo de alegría y Esperanza</em>.</p>
<p>1.5. Recorriendo el Evangelio descubrimos <strong><em>otras características importantes del reinado de Dios</em></strong><em> </em>en la vida del Jesús histórico:</p>
<p> </p>
<p>a) <strong>Jesús rechaza <em>el poder político-económico</em>, así como <em>el poder religioso</em></strong>, y establece la igualdad radical entre los hombres –como hermanos- (Marcos 9,33-35; Marcos 10,35-41; Marcos 10,42-45). Es una empresa dura, porque la jerarquía eclesiástica lleva siglos instalada y ejerciendo esos tres poderes, pero contamos con el ejemplo y estímulo de Jesús. <em>Hay motivos de Esperanza</em>.</p>
<p> </p>
<p>Además, <strong>echa por tierra <em>las barreras de lo puro e impuro</em></strong> (Marcos 7,1-23), que aislaban a Israel de los demás pueblos: <strong>esto constituía</strong>  <strong>su propia gloria, y era su distintivo más llamativo, como pueblo elegido</strong>; sólo Israel estaba en la órbita de Dios. ¿No te suena esto a <em>“fuera de la Iglesia no hay salvación”? </em>(teología del judaísmo).</p>
<p>b) <strong><em>El ser humano</em> pasa a ocupar el centro de la actividad y del mensaje de Jesús</strong>,  por encima de las instituciones más sagradas: <em>el sábado</em> (Marcos 2,23-38). <em>El templo</em> (Juan 2,13-22). <em>La Ley mosaica</em>: Lucas 16,16; Juan 1,17; Hechos 15,6-11). Este último tema lo desarrollaremos con más amplitud al hablar del Espíritu Santo. De nuevo nos encontramos con una tarea difícil y dura, pero somos seguidores de Jesús, y ahí está presente el Espíritu de Dios. Hay serios motivos de Esperanza.</p>
<p>c) <strong><em>Jesús acoge a los pecadores</em></strong>, se siente bien con ellos, come con ellos (Lucas 15,1-2), e incluso tiene la iniciativa en el encuentro (Lucas 19,1-10), haciendo ver que ése es el sentir de su Padre (Lucas 15,3-32). Hay pues motivos de Esperanza, aunque la iglesia jerárquica en no pocas ocasiones les impida acercarse a Jesús, como sucede con los divorciados y la comunión.</p>
<p>d) El Evangelio nos presenta constantemente a Jesús <strong><em>bajo el influjo del Espíritu y fortalecido por él</em></strong> (Lucas 1,35; 3,21-22; 4,1; 4,14; 4,18-19; 10,21-22). Nosotros también estamos movidos y fortalecidos por su propio Espíritu, que es garantía para lo que inicialmente parece imposible<strong>: la Esperanza, suscitada en nosotros por el Espíritu, hace posible la lucha por el <em>reinado de Dios,</em></strong><em> </em>ardua tarea.</p>
<p>e) <strong>Algunas parábolas</strong>  nos hablan del reinado de Dios como <strong>de algo <em>pequeño e insignificante</em></strong><em> </em>que pasa desapercibido, pero que se va desarrollando –<em>el grano de mostaza-,</em> o haciendo fermentar la masa &#8211;<em>la levadura-</em> (Mateo 13,31-32; 13,33). También <strong>nos invitan a la paciencia para discernir</strong>, porque en el mundo crecen juntos el trigo y la cizaña (Mateo 13,24-30).</p>
<p> </p>
<p>1.6. <strong>Todo esto pertenece al tiempo del Jesús histórico</strong>, pero esta inmensa riqueza no fue entendida ni captada por sus discípulos  durante su vida pública. <strong><em>Su adhesión a Jesús era incipiente e insegura.</em> </strong>Es más, llegado el momento de la gran prueba, del escándalo de la cruz,  los apóstoles y discípulos –<em>mujeres y hombres-</em> huyeron, se escondieron, o renegaron  del Maestro. <strong><em>En Pedro se resume y se simboliza esa dura traición.</em></strong></p>
<p> </p>
<p>1.7. ¿Qué sucedió, para que los discípulos llegaran a tener una fe firme y consistente en Jesús, sin miedo a la adversidad y persecución?  ¿Qué pasó, para que esta adhesión a Jesús  engendrara ESPERANZA, gozo y felicidad, incluso en la persecución y la muerte? ¿Qué sucedió para que la vida, actividad  y  mensaje de Jesús se fueran entendiendo cada vez mejor, y fueran surgiendo escritos sobre él, leídos normalmente en los encuentros eucarísticos de las comunidades cristianas, y que más tarde darían lugar a los evangelios? <strong>Tuvo lugar un hecho fundamental: <em>La Resurrección de Jesús</em></strong><em>.</em></p>
<p> </p>
<p><strong>2. <span style="text-decoration: underline;">LA RESURRECCIÓN DE JESÚS</span>:</strong></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Nuestro Dios es un Dios de VIVOS, no de muertos </em>(Mateo 22,32).</p>
<p> </p>
<p>2.1. Aunque los sumos sacerdotes y los senadores habían pedido que Jesús fuera crucificado, y las autoridades romanas ejecutaron esta petición, <strong><em>su Padre</em>, <em>saliendo fiador de él, lo resucitó</em></strong><em>, es decir, <strong>lo devolvió a la VIDA</strong></em><strong>.</strong> Y como Jesús está VIVO, con plenitud de vida junto al Padre, este hecho, aceptado por la fe, <em>es causa de optimismo y ESPERANZA para sus seguidores.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Díez-Alegría escribe que la fe en la resurrección es fundamental para los discípulos de Jesús (pp.32-33). La fe no se demuestra, se vive y entraña una opción radical (p.19). En la fe hay más de amor y esperanza que de conocimiento (p.22). Para Díez-Alegría, toda su esperanza está en la misericordia del Señor (p. 49). Afirma que “ante el misterio del amor del Padre, mantengo abierta la esperanza, a pesar de las fallidas expectativas”. Para él el modelo de toda esperanza es Jesús que confía en el Padre, “que viste a los lirios del campo” (p. 91).</p>
<p><em><span style="text-decoration: underline;"> </span></em></p>
<p><strong>2.2.</strong> <strong><em><span style="text-decoration: underline;">El Padre posee la VIDA en plenitud</span></em></strong> y, por su Espíritu, la transmite a las comunidades cristianas.</p>
<p><em>Como Jesús sigue VIVO en nuestro tiempo</em>, y lo sentimos a nuestro lado a través de su propio Espíritu, nosotros también aceptamos por la fe ese patrimonio enorme que nos transmite el Evangelio, <em>donde se encuentran las huellas indelebles del Jesús histórico, visto a través del prisma de la resurrección y del influjo del Espíritu de Dios.</em> Este patrimonio común para los creyentes  ha sido siempre motivo de fe, e inmensa alegría. En Jesús de Nazaret, tenemos el acicate y el empuje de la Esperanza cristiana, esperanza que brota espontánea de la adhesión a Jesús, para darle a nuestras vidas sentido pleno, aún en los momentos de condiciones adversas, inesperadas o duraderas.</p>
<p> </p>
<p><strong>2.3.  <span style="text-decoration: underline;">El Padre resucitó a Jesús:</span></strong></p>
<p>La crucifixión de Jesús, como un vulgar delincuente, causó un impacto tan profundo y negativo en sus discípulos que los dejó como en estado de shock. Fue un verdadero escándalo para ellos, y la fe incipiente y la débil esperanza en <em>la venida del reino</em>, predicado y realizado por Jesús, se desvanecieron por completo en un abrir y cerrar de ojos. De ahí su desconcierto, huida, y dispersión. Volvieron a Galilea de donde eran oriundos y, lejos de Jerusalén, donde se habían desarrollado los tristes acontecimientos de la trágica muerte de Jesús, trataron de esconderse y pasar desapercibidos. Es decir,  <strong><em>renegaron de Jesús</em></strong>. Esta triste y deplorable situación se ejemplariza y simboliza en Pedro, siempre a la cabeza del grupo apostólico, para lo bueno y para lo malo (Marcos 14,66-72; Mateo 26,69-71; Lucas 22, 55-62). <strong><em>¡Jesús  se quedó solo en la cruz!</em></strong> El miedo que experimentaron  los discípulos –hombres y mujeres- fue tan profundo, que no sólo se manifestó a lo largo de  la pasión, sino también en los anuncios y apariciones del Resucitado (Marcos 16,8). Aquí se habla del temblor, espanto y miedo de las mujeres que fueron al sepulcro. Mateo 28,1-10  describe el miedo junto con la alegría; consulta también Lucas 24,1-12; Lucas 24,36-49. Tomás aparece como prototipo de la duda y la desesperanza (Juan 20,24-29).</p>
<p> </p>
<p><strong>2.4.</strong> <strong>¿Cómo se expresa <em>la fe en la resurrección</em> en las comunidades primitivas?</strong></p>
<p>Jesús, con esa muerte ignominiosa, ha sido la víctima inocente por excelencia, de ahí que <em>su Padre haya salido fiador de él, devolviéndolo a la VIDA</em>.  Las fórmulas de fe más antiguas, es decir, lo primero que se proclamó o predicó en la iglesia primitiva, afirman que <em>el Padre ha resucitado a Jesús</em>; son fórmulas de bendición que iban surgiendo en el culto y como alabanza a Dios: Romanos 4,24; 8,11; Gálatas 1,1; 2 Corintios 4,14; Efesios 1,20; Colosenses 2,12; I Pedro 1,21.</p>
<p>Luego fueron apareciendo otras fórmulas de fe con un vocabulario más variado para designar este mismo hecho: hablaban de <em>glorificación, exaltación, vuelta a la vida, Jesús el viviente,  constituido Señor o simplemente Jesús resucitó</em>. Las diversas comunidades primitivas van comprendiendo cada vez mejor este misterio de Jesús, así como su trascendencia, y van completando estas fórmulas con diversos matices: Lucas 24,4-5; 24,22-23; 24,34;  Hechos 2,22-24; 2,32-33; 3,12-16; 4,8-12; 13,30.</p>
<p><strong><em>Pablo conoce esa tradición cristiana primitiva</em> y hace referencia a ella</strong>: I Corintios 15,3-4; 15,5-8; 9,1; Gálatas 1,15.</p>
<p><strong>2.5. <em>El hecho de la resurrección aparece como fundamento de la ESPERANZA cristiana</em></strong>: Romanos 6,3-5; 6,8-11; 8,9-11; I Corintios 6,14; 2 Corintios 4,14; I Tesalonicenses 1,6-10; 4,14; 5,9-11. En conjunto, estos pasajes se refieren a la salvación definitiva, pero no sólo. La fe pascual se proyecta en la vida del cristiano y le exige que se identifique con el Jesús histórico, crucificado y resucitado.</p>
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<p> </p>
<p>2.6. Por eso, <strong><em>el clamor de las victimas inocentes</em></strong> a lo largo de la historia, <em>con Jesús a la cabeza</em>,  <strong>tiene <em>que hacerse presente en la teología</em></strong> si quiere ser  teología válida. <strong><em>Esto constituye una verdadera Esperanza, también en relación con las víctimas actuales</em></strong>. La teología tiene que tener garra y fuerza para liberar a las víctimas inocentes del poder de sus verdugos, como anticipo de la liberación definitiva. Por eso, <em>la teología de la liberación</em> es auténtica, porque hunde sus raíces en el núcleo fundamental del Evangelio, Jesús, víctima inocente por excelencia, para proyectar esa realidad en las víctimas de nuestro tiempo. Y  del mismo modo que Jesús es rehabilitado por Dios, que lo devuelve a la VIDA, para seguir caminando con nosotros, <strong>también <em>a las víctimas de nuestro tiempo hay que devolverles la posibilidad de llevar una vida humana que merezca la pena</em></strong>.  La fe y la Esperanza cristianas aportan motivaciones suficientes y profundas para poner nuestras vidas al servicio de los más necesitados.</p>
<p> </p>
<p><strong>2.7. <em>Las apariciones del Resucitado a los discípulos</em></strong> –mujeres y hombres-, <strong><em>identifican al Crucificado con el Resucitado</em>,</strong> es decir, identifican al Jesús histórico con el Cristo de la fe, con lo cual el camino recorrido por él en Palestina es el fundamento para recobrar la fe y la Esperanza en Jesús y en el reinado de Dios, predicado y encarnado por él. El Resucitado arroja una luz nueva y definitiva sobre el Crucificado y toda su vida anterior a la crucifixión.</p>
<p><strong><em>La resurrección no se puede clasificar como un hecho estrictamente histórico</em></strong>, empírico, sino como un hecho meta-histórico, real pero inexplicable, por formar parte <em>del misterio de Jesús y del Padre</em>. Este hecho real ha tenido repercusiones muy positivas en Jesús, proclamado Señor y adornado de las prerrogativas del Padre. Pero también ha sido esencial para sus discípulos, que recobraron la fe en él y la Esperanza para proclamarlo <em>Señor del universo y</em> <em>salvador del género humano</em>,  sin temor a las persecuciones. <strong><em>Las apariciones son narraciones con sentido catequético</em></strong><em>, para hacer más palpable el encuentro interior -de tipo místico- entre Jesús resucitado y sus discípulos</em>. Sin el hecho de la resurrección no se podría explicar el cambio tan radical y profundo experimentado por los discípulos de Jesús. Volvemos a afirmar que la experiencia de fe en el Resucitado es el núcleo de  de la Esperanza cristiana.</p>
<p><strong>Las apariciones tienen también otra finalidad</strong>: Jesús resucitado, toma la iniciativa y sale al encuentro de sus discípulos en diversas circunstancias y ocasiones; de esta manera les está perdonando su cobardía, su huida, y su traición con motivo de la pasión y crucifixión. <strong>Se da una verdadera reconciliación</strong>: Juan 20,21-23. Esta fe en Jesús resucitado se verá confirmada y completada con el don del Espíritu que les infunde <em>sabiduría cristiana</em>  -sentido de la fe- y <em>la fortaleza necesaria</em> para no desfallecer al constituirse testigos de Jesús que está VIVO (Hechos 1,8). Jesús, que sigue vivo y la fuerza del Espíritu son <strong>garantía y fundamento de nuestra ESPERANZA aquí y ahora</strong>, no sólo de futuro.</p>
<p><strong>2.8.</strong> <strong><em>La experiencia del mal</em></strong>, del dolor, de toda clase de sufrimiento, de nuestras limitaciones, <em>y,<strong> sobre todo, de la muerte</strong></em> han llevado a las diversas religiones a clamar por la salvación-liberación. A veces, y a pesar de la adversidad, con fe y esperanza; otras muchas veces, con desesperación y rebeldía. Para nosotros, creyentes, ¿<em>cómo mantener la Esperanza cristiana</em> ante unos hechos que nos envuelven, nos desbordan, no nos dan respiro y nos oprimen, como es el triunfo del mal sobre el bien en el mundo?</p>
<p><strong><em>En la fe en la resurrección de Jesús nos jugamos nuestra Esperanza</em></strong>. En la fe en que el Dios de Jesús, que es el nuestro, es un Dios de vivos y no de muertos (Mateo 22,32). <strong><em>En la certeza de que Jesús ha resucitado para que tengamos VIDA en abundancia</em></strong><em> </em>(Juan 10,10); él mismo se proclamó como camino, verdad y VIDA (Juan 14,6). Así pues, <em>en la resurrección de Jesús, Dios triunfa sobre el mal y la muerte</em>: sobre el mal que llevan a término los sacerdotes y senadores, engañando al pueblo y pidiendo a Pilato la muerte de Jesús en la cruz; sobre la muerte prematura del inocente, devolviéndolo a la VIDA y constituyéndolo como piedra angular y fuente de salvación para los que creen en él (Hechos 4,8-12; Lucas 2,11). <strong><em>La teología de la liberación ha dado también un paso de gigante al insistir en que Dios es el Dios de la VIDA</em></strong><em>. </em>Por eso todo lo que huela a opresión, supresión de los derechos humanos, privación injusta de la libertad, muerte violenta, <strong>no tiene nada que ver con el Evangelio</strong>, y si se hace en nombre de Dios, no es sino su  caricatura. El clamor constante de las víctimas inocentes, de los despojados de todo, incluida su propia dignidad, nos ha abierto los ojos para descubrir y luchar con ESPERANZA,  con el Dios de la vida, en favor de nuestros semejantes, porque <strong><em>el Dios de Jesús es el que hace triunfar la VIDA sobre la muerte y sobre todo tipo de injusticia. </em></strong></p>
<p> </p>
<p><strong>2.9. Jon Sobrino afirma que  <em>la teología de hoy</em> debe establecer una estrecha vinculación <em>entre resurrección y ESPERANZA, y entre resurrección y  víctimas inocentes</em></strong>. Jesús resucitado se constituye en prototipo y símbolo de toda la humanidad, que es así invitada  a conocer la suerte de Jesús, <em>como víctima inocente, y como el Viviente. </em>El Padre, resucitándolo, lo ha constituido  Señor y fuente de Vida:</p>
<p><em>&#8211; ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? </em>(Lucas 24,6).</p>
<p>Si consideramos a Jesús como muerto, nuestra Esperanza cristiana se esfuma, y no tiene ya ningún sentido. Es verdad que a nivel humano la esperanza es tozuda y resistente, se niega a morir incluso ante condiciones muy adversas, porque es una especie de instinto del ser humano. Pero en muchas ocasiones, cuando el sufrimiento arrecia y nos acosa, la esperanza puede venirse abajo. Es entonces  cuando la fe en el Resucitado nos echa una mano, y <em>ese instinto primario de querer sobrevivir después de la muerte se consolida <strong>y vuelve a darnos motivos para vivir con alegría,  Esperanza, y  plenitud.</strong></em></p>
<p>Santo Tomás afirma que Jesús resucitó para levantar nuestra Esperanza. Dios, resucitando a Jesús, lo rehabilitó en lo esencial: le devuelve la vida que le quitaron injustamente, lo cual es motivo de Esperanza para tanta víctima inocente.</p>
<p> </p>
<p><strong>2.10.</strong> <strong><em>Jesús resucitado invita a sus discípulos a continuar su misión</em></strong>, sin desmayos, con Esperanza auténtica.<strong> <em>El título de Señor</em></strong>, otorgado a Jesús resucitado, le concede el poder de enviar <em>su propio Espíritu</em> a sus discípulos. Y este Espíritu no sólo nos ayuda a reconocerlo como Señor, sino que también nos mueve y nos da la fortaleza para vivir como Él vivió, actualizando así las exigencias <em>del reinado de Dios</em>. Por eso Jesús resucitado invita a sus discípulos a continuar su propia misión  (Lucas 24,49; Hechos 1,3-5; 4,31).</p>
<p> </p>
<p>2.11. El Dios que resucita a Jesús aparece también como <strong><em>el Dios fiel a sus promesas</em></strong><em>,</em> por eso merece nuestra fe y confianza, y mantiene la Esperanza de los que confían en él (Hechos 2,14-21 (Joel 3,1-5); 2,25-26).</p>
<p> </p>
<p><strong>2.12. <em>El Dios que resucita a Jesús y que se revela como el Dios que hace justicia a las víctimas, no actúa con poder y violencia, sino con amor.</em></strong> Es decir, al resucitar a Jesús, ha devuelto a la VIDA al que había sido víctima de la injusticia, del engaño, del odio, ya que sus enemigos habían pedido para él el tormento más violento y horrendo, la muerte de cruz. Pero Dios no castigó a sus verdugos. Actuó como Padre, con repercusión positiva para la historia humana. <em>En la  actividad de Dios Padre, brilla siempre el amor y la misericordia</em>. El amor es siempre fuente de vida y es más fuerte que la muerte. <em>El Dios que resucita a Jesús y que nos ama por ser Padre es fuente inagotable de la Esperanza cristiana.</em></p>
<p>Se dice también que <em>el reinado de Dios es una utopía</em>. Desde el punto de vista humano, toda utopía mueve a la esperanza, porque aunque su realización plena se lanza hacia el futuro incierto de la historia, se van consiguiendo realizaciones parciales y progresivas de esa utopía.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p>2.13. En el fondo, la propuesta de Jesús es <strong><em>vivir la fe con Esperanza y con Amor</em></strong><em>. </em>No sólo es una manera de experimentar a Dios, sino también de situarse en el mundo para realizar su reinado. Esta invitación constituye una gran Esperanza, sobre todo para los más pobres y desfavorecidos, que son objetivo directo y primordial de este reinado. <strong>La Esperanza <em>tiene que ver con las diversas etapas históricas de la construcción del reinado de Dios</em></strong>; tampoco se debe  perder de vista su consumación final, que teológicamente se llama <em>el futuro escatológico</em>. Hemos de mantenernos pues firmes y responsables en esta Esperanza, que ha de ser  un distintivo nítido y claro de los seguidores de Jesús, aunque no su monopolio. Por eso la primera carta de Pedro (3,14-16) nos invita a <em>dar ante el mundo la razón de nuestra Esperanza.</em> Quien tenga una chispa de Esperanza no se la puede guardar para sí, porque en nuestros días la esperanza es un bien escaso. <em>La Esperanza cristiana debe abrazar todo tipo de esperanza humana</em> para consolidarla y multiplicarla, porque un mundo sin esperanza camina hacia la propia destrucción. <strong><em>El seguimiento de Jesús nos obliga a tomar la propia cruz y caminar tras él sin perder de vista las abundantes cruces que se divisan a lo largo de nuestro camino</em>.</strong> La vuelta al Jesús histórico es esencial para abrir nuevos caminos de Esperanza. Tenemos que hacer nuestra la Esperanza de Jesús, y ya hemos visto que <em>su resurrección es el fundamento y la garantía de nuestra propia Esperanza </em>(I Pedro 1,3.21).</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p><strong>3.  <span style="text-decoration: underline;">EL ESPÍRITU DE DIOS ES FUNDAMENTAL PARA ALIMENTAR Y HACER OPERATIVA LA ESPERANZA CRISTIANA.</span></strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p><strong>3.1.  La venida masiva del Espíritu Santo sobre los discípulos de Jesús</strong> hace contemplar y comprender la vida de Jesús en Palestina con una nueva dimensión y perspectiva. De tal manera que, aunque la fe en el Resucitado es también una adhesión al Jesús histórico, esta fe pascual es tan vivencial y de tal profundidad  que hay un salto cualitativo entre ella, que incluso les dará fuerza para afrontar las <em>con agua, vosotros, en cambio, dentro de pocos días seréis bautizados con Espíritu Santo </em>(Hechos 1,4-5).</p>
<p><strong>Es <em>el anuncio del primer Pentecostés</em></strong>, que persecuciones, y la fe incipiente y titubeante de la etapa anterior (Hechos 2,1-13; Juan 14,15-17; 14,25-26). <em>A través del Espíritu, destinado a todos los pueblos, hay un nuevo comienzo en la historia de la salvación</em>. Hechos 1,8 enuncia el tema del libro: <strong><em>Todos irán recibiendo el Espíritu como fuerza para ser testigos de Jesús hasta los confines de la tierra.</em></strong></p>
<p> </p>
<p>3.2. Uno de los hechos fundamentales que descubrimos en el Nuevo Testamento es <strong><em>la incompatibilidad entre judaísmo y cristianismo en algunos temas esenciales</em></strong><em>.</em> El más importante es que, <em>para los gentiles</em>, <em>no hay necesidad de circuncidarse, y cesa la obligación de observar la Ley mosaica</em> para el que quiera seguir a Jesús, porque <strong><em>la nueva Ley para el cristiano es el Espíritu de Dios</em></strong>: es una ley interior a la persona que no anula su actividad y libertad, antes bien la potencia. <strong>El Espíritu Santo sopla con fuerza donde quiere y como quiere</strong>, sin que nadie le pueda poner trabas o barreras a su actividad, <strong><em>para que se siga realizando el reinado de Dios, inaugurado por Jesús.</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>3.3. Tan importante va a ser su actividad en los creyentes, que, <strong>en la última aparición de Jesús resucitado a sus discípulos</strong>, en el evangelio de Lucas, les dice:</p>
<p><em>&#8211; Y ahora <strong>yo os voy a enviar lo que mi Padre os tiene prometido</strong>; vosotros quedaos en la ciudad </em>–Jerusalén-<em> hasta que de lo alto os revistan de fuerza </em>(Lucas 24,49).</p>
<p><em> </em><strong>Con este final</strong>, referido a la promesa del Espíritu,<strong> comienza también el libro de Hechos</strong>:</p>
<p><em>&#8211; No os alejéis de Jerusalén; <strong>aguardad a que se cumpla la promesa del Padre</strong>, de la que yo os he hablado. Juan bautizó </em>queda abierto a todos los pueblos de la tierra (Hechos 1,8;  2,1-11; 2,16-21).</p>
<p>  <strong>Jesús resucitado siguió instruyendo a sus discípulos sobre <em>el reinado de Dios</em></strong> (Hechos 1,3), y <em>promete la fortaleza que da su Espíritu</em> para llevar adelante esta difícil misión (Hechos 1,8). Cuando  empieza a arreciar la persecución contra Pedro y Juan, por parte de las autoridades judías, <em>los fieles se ponen a orar</em> (Hechos 4,23-30), <em>y <strong>el Espíritu baja sobre esta comunidad</strong></em><strong>, como en un nuevo Pentecostés</strong>:</p>
<p><em>Al terminar la oración retembló el lugar donde estaban reunidos, los llenó a todos el Espíritu Santo y anunciaban con valentía el mensaje de Dios </em>(Hechos 4,31).</p>
<p><strong>Queda claro que el Espíritu tiene mucho que ver con los duros comienzos del cristianismo</strong>, concediendo sus dones, sobre todo <strong><em>la fortaleza</em></strong>, para que la fe en Jesús y la ESPERANZA no decayeran.</p>
<p> </p>
<p>3.4. No obstante el libro de Hechos nos hace ver que <strong>esta labor del Espíritu de Dios es <em>lenta y trabajosa, aunque necesaria y eficaz</em></strong>, porque  cambiar de golpe y profundamente los valores religiosos fundamentales, es decir, pasar del judaísmo al cristianismo, fue muy difícil de aceptar para los judeo-cristianos de Jerusalén, encabezados por el apóstol Santiago. <strong><em>Pedro, </em></strong><em>que titubeante se movía entre el judaísmo y el cristianismo, tuvo necesidad de revelaciones especiales de Jesús resucitado   para abrazar el cristianismo en sus puntos esenciales con garantía</em>. Gran parte de <em>los judeo-cristianos</em> pretendían <em>que los paganos abrazaran el cristianismo a través del judaísmo</em>: <strong><em>tenían que circuncidarse</em> y <em>aceptar por tanto la Ley de Moisés</em></strong>. Es decir, <strong><em>negaban la novedad radical de cristianismo</em></strong>; ni la Ley de Moisés ni ninguna otra ley religiosa tienen que ver con los cristianos: <strong><em>su única Ley es el Espíritu de Dios</em></strong>.</p>
<p>Pudo haber <strong><em>un verdadero cisma en la iglesia apostólica</em></strong>, ya que  Pablo, y en general los que habían llevado el mensaje de Dios fuera de Jerusalén y Palestina, habían experimentado el influjo del Espíritu en aquellas comunidades, formadas por gentes que venían del paganismo, sin tener en cuenta para nada el judaísmo. En estas circunstancias, <strong><em>la irrupción del Espíritu fue fundamental para que no se produjera el cisma en la iglesia primitiva</em></strong> (Hechos 10,1-11,18; Hechos 15,1-12). (Sería deseable leer estos textos personalmente, y luego exponer en el grupo lo que a cada uno le parezca relevante).</p>
<p> </p>
<p>3.5. Quiero destacar algo muy importante: <strong><em>Pedro</em></strong> necesita más de una comunicación divina, porque <strong><em>no acaba de entender el mensaje de Jesús sobre los paganos</em></strong><em>.</em> A pesar de haber acompañado tan de cerca al Maestro  durante su vida pública, y haber experimentado la resurrección de Jesús, <strong><em>Pedro sigue sometido –</em>esclavitud-<em> a las leyes más representativas del judaísmo</em></strong><em>,</em> y lo más grave es que también creía que los paganos tenían que aceptar dichas leyes para ser cristianos. En el primer éxtasis (visión) que tuvo,  aunque tenía hambre, Pedro se niega a comer <em>animales impuros: </em></p>
<p><em>&#8211;  Ni pensarlo, <strong>Señor</strong>, &#8211; </em>está dialogando con Jesús<em>-, <strong>nunca he comido nada profano o impuro</strong>. </em></p>
<p>La lección que  le da Jesús a Pedro es clara y contundente:</p>
<p><strong><em>&#8211; Lo que Dios ha declarado puro</em></strong><em> </em>– escena de la creación (Génesis I) -, <strong><em>no lo llames tú profano</em></strong><em> </em>–leyes de la religión judía- (Hechos 10,11-16).</p>
<p>Sabemos que para Israel <strong><em>comer sólo</em> <em>animales puros</em></strong>, tenía un doble efecto: <em>aislamiento de los demás pueblos y superioridad sobre ellos</em>: Sólo Israel era <em>un pueblo puro</em> y querido por Dios; los demás –los paganos- <em>eran impuros</em> y rechazados por Dios.</p>
<p>Esto fue impactante para Pedro y al entrar en casa de Cornelio, el Centurión, <strong><em>aplicó a los gentiles la doctrina sobre los alimentos:</em> </strong></p>
<p><em>&#8211; Vosotros sabéis cómo le está prohibido a un judío tener trato con extranjeros o entrar en su casa, pero a mí me ha ensañado Dios a <strong>no llamar profano o impuro a ningún hombre</strong> </em>(Hechos 10,27-28).</p>
<p>Cuando Pedro subió a Jerusalén, los partidarios de la circuncisión lo reprocharon<em>: </em></p>
<p><em>&#8211; <strong>Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos</strong>. </em></p>
<p>Pedro afirma que todo ha sido obra del Espíritu de Dios:</p>
<p>&#8211; <strong><em>El Espíritu me dijo que fuera con ellos</em></strong><em>… En cuanto empecé a hablar les cayó encima el Espíritu Santo, igual que pasó con nosotros al principio… Pues <strong>si Dios quiso darles a ellos el mismo don que a nosotros,</strong> por haber creído en el Señor, Jesús Mesías, <strong>¿cómo podría yo impedírselo a Dios?</strong></em> (Hechos 11,12-17).</p>
<p>El cisma no se produce por la autoridad y firmeza de Pedro que afirma que <strong><em>todo es obra del Espíritu</em>.</strong> El final de esta dialéctica la encontramos en <strong>la Asamblea de Jerusalén</strong>, donde Pedro, mostrando la misma firmeza, se enfrenta abiertamente a la facción de los que consideraban necesario circuncidar a los paganos e imponerles la obligación de observar la Ley de Moisés para ser cristianos:</p>
<p><em>Los apóstoles y los responsables se reunieron a examinar el asunto, pero, como la discusión se caldeaba, se levantó Pedro y les dijo: &#8211; Hermanos, desde los primeros días, como sabéis, Dios me escogió entre vosotros para que los paganos oyeran de mi boca el mensaje del Evangelio y creyeran. <strong>Y Dios</strong>, que lee los corazones, <strong>se declaró a favor de ellos, dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros</strong>. Sin hacer distinción alguna entre ellos y nosotros, ha purificado sus corazones con la fe. <strong>¿Por qué provocáis a Dios ahora imponiendo a esos discípulos una carga que ni nuestros padres ni nosotros hemos tenido fuerza para soportar?</strong> </em>(Hechos 15,6-10).</p>
<p>Evidentemente, <strong>esa carga es <em>la Ley Mosaica</em>.</strong></p>
<p><strong><em> L</em></strong>ucas nos ha hecho un regalo inestimable, al enseñarnos que le podemos pedir <em>al Padre el don del Espíritu Santo</em>:</p>
<p>… <em>Pues si vosotros, aún si sois malos, </em> <em>sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más <strong>el Padre del cielo dará Espíritu Santo a los que se lo piden!</strong> </em>(Lucas 11,13).</p>
<p>El Espíritu es pues el don más preciado que podemos pedir al Padre, ya que, procediendo de él, nos comunica <strong><em>su propia VIDA</em></strong>, que dignifica al ser humano y contribuye a su desarrollo y plenitud.</p>
<p>3.6.  Jesús, regalo y abrazo de Dios a la humanidad, aparece en la historia humana como <strong><em>la nueva creación,</em></strong><em> </em>porque ha poseído la plenitud del Espíritu Santo desde la encarnación (Lucas 1,34-35). <em>Ha realizado su actividad liberadora bajo su influjo,</em> rehabilitando a los marginados, explotados y oprimidos, devolviéndoles su libertad y dignidad (Lucas 4,18-19). Por eso su misión fue considerada <em>revolucionaria y subversiva, </em>y contó siempre con la oposición más enconada y acérrima de los <em>dirigentes religiosos judíos.</em> Terminó, pues, ajusticiado en la cruz como un vulgar malhechor.</p>
<p><strong>3.7. Jesús, una vez resucitado y constituido <em>Señor</em>, <em>nos sigue enviando su propio Espíritu</em></strong><em>, porque Él lo ha poseído siempre en plenitud.</em>  Nuestra misión, como discípulos suyos,  tiene como objeto liberar de la marginación a los desheredados y oprimidos de nuestro tiempo, haciéndoles recuperar la libertad y dignidad  perdidas. De ser esto así,  <em>el reinado de Dios</em> se irá haciendo visible en nuestro entorno como en tiempos de Jesús.<em> <strong>Por parte de Dios</strong></em><strong> <em>hay  garantías suficientes para implantar su reinado</em></strong>, pero debe contar con nosotros como discípulos de Jesús.</p>
<p> </p>
<p><strong><em>El Espíritu de Dios actúa en el creyente</em></strong><em>, sobre todo, <strong>como luz y como fuerza</strong>.</em> <strong><em>Con su luz</em></strong> nos ayuda a discernir lo que se ajusta o no a los valores fundamentales del Evangelio. El creyente irá adquiriendo así el regalo inestimable de <strong><em>la sabiduría cristiana</em></strong><em>.</em> <strong><em>Con su fortaleza</em></strong> <strong>nos ayuda a soportar con Esperanza y optimismo la dureza de la lucha por implantar <em>el reinado de Dios</em>.</strong> También nos da la valentía necesaria para afrontar situaciones, que podríamos llamar extremas, a causa de Jesús y de su Evangelio.</p>
<p><strong>El Espíritu de Dios es el regalo más preciado que el creyente puede recibir</strong>. Recibir el Espíritu y experimentar su presencia se convierte en una fuente inagotable de fortaleza, Esperanza, amor y servicio, que nos capacita para ir implantando <em>el reinado de Dios</em> a nuestro alrededor.</p>
<p><strong><em>La experiencia personal de que el Espíritu Santo habita en nosotros</em></strong><em>,</em> nos confiere la certeza de que podemos contar siempre con su ayuda, y de que se implica en nuestra actividad más de lo que podamos pensar. <em>Además <strong>nos proporciona alegría y  optimismo</strong></em><strong>, y nos da ESPERANZA</strong> para poder salvar la desproporción entre la ingente y difícil tarea de ir implantando  <em>el reinado de Dios</em>, por una parte, y el reconocimiento de <em>nuestra condición humana</em>, frágil, limitada y sometida al desaliento, por otra.</p>
<p>Esta experiencia cristiana de poseer el Espíritu de Dios y de estar bajo su influjo, aunque de por sí es una experiencia íntima, personal e intransferible, encierra, sin embargo,  tal  riqueza y dinamismo, que se hace visible, atractiva y contagiosa para muchas personas del entorno del creyente, a través de su actividad normal: <strong><em>Irradia felicidad y Esperanza</em></strong>. Así pues, el mejor regalo  que Dios Padre le ha hecho y le sigue haciendo a la humanidad, después de la venida y resurrección de Jesús, es el de seguirle enviando <em>su propio Espíritu</em>, sin distinción  de razas, naciones, y culturas, es decir, sin ningún tipo de discriminación, de barreras ni fronteras.                       </p>
<p> </p>
<p><strong>3.8.  <span style="text-decoration: underline;">El Espíritu Santo nos hace hijos de Dios.</span></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Jesús,</strong> <strong>debido a la plenitud del Espíritu Santo que siempre ha poseído</strong>,  <strong>es realmente <em>el Hijo de Dios</em></strong><em>.</em> <strong>Su Espíritu hace que también  nosotros podamos <em>ser y sentirnos </em> <em>hijos de Dios</em></strong><em>,</em> <strong>por medio de un nuevo nacimiento</strong> (Juan 3,3-8). <em>Esta condición de hombres y mujeres  nuevos </em>nos capacita para integrarnos en <em>el reinado de Dios</em> y luchar con Esperanza y optimismo para implantarlo en el mundo.<em> </em></p>
<p>   <strong><em>Dios es la vida en plenitud,</em> y el Espíritu Santo nos transmite <em>la vida de Dios</em></strong>, es decir,<em> <strong>nos hace sus hijos.</strong></em><strong> </strong>Somos, pues, <em>portadores y transmisores de la vida divina</em> a lo largo de nuestra existencia, ya que el Espíritu de Dios también actúa a través de nosotros. <em>El temor  no tiene cabida en los cristianos, </em>ya que Dios vive en nosotros a través de su propio Espíritu, y <strong><em>compartimos su vida como hijos, y como personas libres.</em></strong> Nuestra conducta y actividad ha de estar, pues, en consonancia con esta nueva condición y realidad. <strong>Jesús de Nazaret, el hombre libre por excelencia</strong>, <em> por medio de su Espíritu</em> <em>nos invita a ser y a actuar siempre como personas libres, nunca como esclavos.</em></p>
<p>La carta a los Gálatas expresa lo que acabamos de afirmar con una claridad asombrosa<em>: </em></p>
<p><em>Pero cuando se cumplió el plazo envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, sometido a la Ley, para rescatar a los que estaban sometidos a la Ley, <strong>para que recibiéramos la condición de hijos</strong>. Y la prueba de que sois hijos, es que Dios envió a vuestro interior el Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abba! ¡Padre! <strong>De modo que ya no eres esclavo, sino hijo</strong>, y si eres hijo eres también heredero, por obra de Dios </em>(Gálatas 4,4-7).<em> </em></p>
<p>La carta a los Romanos es nítida en este tema:</p>
<p><em>… Hijos de Dios son todos y sólo aquellos que se dejan llevar por el Espíritu de Dios. Mirad, no recibisteis un espíritu que os haga esclavos y os vuelva al temor. Recibisteis un Espíritu que os hace hijos y que nos permite gritar: ¡Abba! ¡Padre! </em>(Romanos 8,14-15).</p>
<p>El texto habla por sí solo. El esclavo teme quebrantar la ley o la norma, porque, de ser así, nadie lo libraría de un castigo severo. Además, <strong>el que vive en esclavitud está incapacitado para incorporarse, como discípulo de Jesús, a su tarea liberadora</strong>. Vive bajo el temor, de manera individualista, y sólo piensa  qué debe hacer para evitar el castigo.  El hijo, por el contrario, con la alegría de ser y de sentirse hijo, se incorpora con Jesús y con Esperanza a la tarea de acabar con toda clase de marginación y esclavitud para que otros muchos se sientan también hijos, y no esclavos.</p>
<p>Pablo nos recordaba que la Ley, a manera de niñera,  había mantenido a muchas generaciones de judíos <strong>en un estado infantil, no como personas adultas</strong>:</p>
<p><em>Así la Ley fue nuestra niñera hasta que llegase el Mesías y fuésemos rehabilitados por la fe. En cambio, una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos a la niñera, pues por la adhesión al Mesías Jesús sois todos hijos de Dios</em>  (Gálatas 3,24-26).</p>
<p>No obstante Pablo va mucho más lejos al afirmar que<em> <strong>Jesús vino a rescatarnos de la esclavitud de la Ley</strong></em> (Gálatas 4,5). La Ley produce esclavos y, mientras no nos liberamos de ella, permanecemos en estado de esclavitud. <strong><em>El Espíritu</em></strong><em>, por el contrario, <strong>crea hombres adultos y libres,  hijos de Dios</strong>.</em></p>
<p><strong>La condición de hijos es tan real que somos también<em> herederos</em></strong><em>.</em> Heredamos con Jesús  la vida y la gloria de Dios:</p>
<p><em>Ese mismo Espíritu le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Ahora, si somos hijos, somos también herederos: herederos de Dios, coherederos con el Mesías; y el compartir su sufrimiento es señal de que compartiremos también su gloria</em> (Romanos 8,16-17).</p>
<p>Esa herencia consiste en vivir para siempre con Dios. Aunque por naturaleza somos mortales, nos produce una alegría inmensa, un optimismo desbordante y una ESPERANZA sin límites el saber que <strong>la presencia del Espíritu de Dios en nosotros  es  garantía  de inmortalidad: </strong></p>
<p><em>… Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de la muerte habita en vosotros, el mismo que resucitó al Mesías <strong>dará vida también a vuestro ser mortal</strong>, por medio de ese Espíritu suyo que habita en vosotros</em> (Romanos 8,11).</p>
<p>Es decir, <strong>por naturaleza somos seres mortales. </strong><strong><em>Dios Padre, por medio de su Espíritu nos da la inmortalidad</em>, como a Jesús.</strong></p>
<p>Esta nueva realidad global, que rezuma ESPERANZA, la descubrimos también en otros pasajes del Nuevo Testamento.  El primer texto que citamos está tomado de la carta a Tito, y afirma  que <strong><em>por el Espíritu renacemos a la condición de hombres nuevos</em></strong><em>. </em>El cristiano aparece así como levadura de un mundo que parecía, y parece en nuestro tiempo, condenado al fracaso. Se destaca, así mismo, <em>la gratuidad de la salvación</em> que Dios nos ofrece:</p>
<p><em>Pero se hizo visible la bondad de Dios y su amor por los hombres, y entonces, no en razón a las buenas obras que hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvó con un baño regenerador y renovador, con el Espíritu Santo que Dios derramó copiosamente sobre nosotros por medio de nuestro Salvador, Jesús Mesías. Así, rehabilitados por Dios por pura generosidad, somos herederos, con ESPERANZA de una vida eterna </em>(Tito 3,4-7).</p>
<p><strong><em>El baño regenerador y renovador </em>se identifica en este texto <em>con la efusión del Espíritu Santo</em></strong><em>,</em> indicando así que <em>el nuevo nacimiento</em> debe producir un cambio sustancial en la vida del cristiano.</p>
<p>El segundo pasaje que proponemos está tomado de la primera carta de Pedro:</p>
<p><em>¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesús Mesías. Por su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo, para la viva esperanza que nos dio resucitando de la muerte a Jesús Mesías; para la heredad que no decae, ni se mancha, ni se marchita, reservada en el cielo para vosotros, que, gracias a la fe, estáis custodiados por la fuerza de Dios…</em> (1 Pedro 1,3-5).</p>
<p>Es un himno a Dios Padre que, por su gran misericordia, nos concede <strong><em>nacer de nuevo,</em> <em>para alimentar una viva ESPERANZA, cimentada en la resurrección de Jesús</em></strong>, y que sirve de puente entre esta vida, en la que estamos custodiados por la fuerza de Dios, el Espíritu,  y la herencia a la que estamos llamados. </p>
<p>Juan Mateos comenta breve y acertadamente este pasaje: “La salvación aparece así al mismo tiempo como presente y como futura: nuevo nacimiento, nuevo horizonte, esperanza de vida para siempre, herencia imperecedera, liberación final. La fe, entrega vital a Dios, asegura el éxito”<a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p><strong>3.9. <span style="text-decoration: underline;">La libertad del cristiano y la Ley de Moisés.</span></strong></p>
<p>Pablo expresa con claridad que <strong><em>la realidad del Espíritu pertenece al núcleo fundamental de la fe cristiana</em></strong><em>.</em> En relación con este núcleo esencial del Evangelio, Pablo desarrolla de manera magistral <em>el tema de <strong>la libertad cristiana</strong></em>, es decir, la libertad para movernos como personas adultas en los temas referentes <em>al Evangelio</em>, <em>al reinado de Dios,</em> sin necesidad de tener “pedagogos”.  El contrapunto está, pues, en la Ley mosaica, como caduca y obsoleta.</p>
<p><em>La libertad</em>, inherente al cristiano, brota de una realidad trascendente: <em>el Espíritu Santo que nos concede el privilegio de ser y sentirnos hijos de Dios.</em>  <strong>Dios es realmente nuestro Padre y <em>los hijos viven en libertad,</em> </strong>no bajo la esclavitud de las leyes y de las normas. La fe en esta realidad proporciona optimismo y Esperanza. <strong>El vínculo fundamental que une a Dios Padre con sus hijos es el del AMOR, un amor fiel, leal y perdurable,</strong> <strong>porque, por parte de Dios, está garantizado</strong>. Los hermanos entre sí se  relacionan con ese mismo vínculo del amor. Pero entre hermanos, la lealtad  y la fidelidad en el amor no  están aseguradas.</p>
<p>Los esclavos, por el contrario, viven sometidos a leyes, normas, y preceptos rigurosos. El esclavo debe obedecer  en todo al amo, y <strong><em>el vínculo</em> que se establece es de <em>total sumisión, y obediencia. El clima es de</em> <em>temor</em></strong>. La jerarquía eclesiástica –los que se llaman a sí mismos Maestros- tratan también a sus fieles como esclavos, exigiéndoles total sumisión y obediencia, como en el Antiguo Testamento. Es normal que hayan desarrollado  <em>una teología del</em> <em>temor.</em></p>
<p>Hemos visto que el Espíritu nos hace renacer concediéndonos realmente ser hijos de Dios. <strong>Estamos, pues, llamados a desarrollarnos como personas adultas hasta ir alcanzando la propia plenitud</strong>. No estamos bajo la tutela ni la esclavitud de la Ley, sino bajo la libertad del Espíritu, principio interior de actividad que no nos sustituye, pero que <em>nos anima y alienta, nos da el instinto de lo auténticamente cristiano, nos fortalece, nos llena de ESPERANZA y nos hace  libres.  </em></p>
<p>Sobre este aspecto  &#8211;<em>el Espíritu nos hace</em> <em>personas libres-,  </em>voy a comentar brevemente un texto significativo de Pablo, en polémica  contra los judíos, que exhibían la Ley de Moisés como garantía suprema.</p>
<p>Se trata de <strong>2 Corintios 3,7-18</strong>. En este texto se establece <strong><em>una  oposición radical</em></strong> entre Moisés y  la Ley mosaica, por una parte, y   los cristianos y el Espíritu del Señor, por otra. Moisés tuvo su momento de gloria al recibir las piedras de la Ley, pero <em>esa Ley ya ha caducado.</em> Pablo  llama aquí por primera vez <em>Antiguo Testamento,</em> a la  Escritura judía (2 Corintios 3,14), y refiriéndose a la Ley mosaica, afirma que se ha convertido en <em>un agente de condenación </em>(2 Corintios 3,9).</p>
<p>Ha llegado <em>la Alianza definitiva</em>, <em>la gloria de lo permanente</em>, que hace desaparecer a la Alianza Antigua (2 Corintios 3,11). <em>Esta etapa definitiva</em> está representada por la persona y actividad del Mesías;  no conlleva, pues, unos libros que vengan a completar a los antiguos,  y <strong>establece <em>un salto cualitativo</em> entre lo escrito en la Ley mosaica, y lo vivido bajo el impulso del Espíritu</strong> (2 Corintios  3,12-18). <em>La</em> <em>gloria pasajera</em> que resplandeció en el rostro de Moisés al recibir las piedras de la Ley, <em>resplandece ahora de manera permanente</em> <em>en los cristianos</em>. El punto culminante de este pasaje, donde Pablo saca las consecuencias de sus convicciones, es un grito clarividente y esperanzador:</p>
<p><em>Ahora bien, ese Señor es el Espíritu, <strong>y donde hay Espíritu del Señor, hay libertad</strong></em> (2 Corintios 3,17).</p>
<p>La primera consecuencia, que se deduce de esa rotunda afirmación, es que en el ámbito  cristiano, <strong><em>donde no hay libertad, tampoco hay Espíritu del Señor.</em></strong></p>
<p>Pablo, tan lúcido en estos temas, lo repite de mil formas una y otra vez. <strong>La condición de ser <em>personas libres y responsables</em> </strong>es una de las características principales del Nuevo Testamento, porque los que siguen sometidos al régimen de la Ley, siguen viviendo la penosa experiencia del Antiguo Testamento:</p>
<p><em>A vosotros, hermanos, os han llamado a la libertad. Solamente que esa libertad no dé pie a los bajos instintos. Al contrario, que el amor os tenga al servicio de los demás, porque la Ley entera queda cumplida con un solo mandamiento, el de amarás a tu prójimo como a ti mismo. Cuidado, que si os seguís mordiendo y devorando unos a otros, os vais a destrozar mutuamente</em> (Gálatas 5,13-15).</p>
<p>Pablo asegura a los gálatas que  son personas libres. Esta libertad es naturalmente la que corresponde al hombre nuevo que se encuentra habitualmente bajo el influjo del Espíritu. <strong><em>La autenticidad de la libertad del cristiano</em> <em>tiene como garantía el amor</em></strong> que se manifiesta y se realiza a través de la solidaridad y del servicio a los demás, no dando rienda suelta <em>a los bajos instintos,</em> como estaba sucediendo en esta comunidad.</p>
<p><strong><em>La libertad es esencial al cristiano</em></strong><em>.</em> No hay que preocuparse por la observancia de la Ley, <em>ya que toda la Ley se encierra en el amor al prójimo. <strong>Los límites a la libertad sólo los marca el amor</strong>.</em> La Ley señala lo que está bien o mal, pero no puede reprimir los bajos instintos que brotan del interior de la persona. Por el contrario, el que procede guiado por el Espíritu, fuerza interior del hombre, no cederá a deseos rastreros. <strong>Hay una incompatibilidad absoluta entre Espíritu y Ley.</strong></p>
<p><em>Quiero decir: proceded guiados por el Espíritu y nunca cederéis a deseos rastreros. Mirad, los objetivos de los bajos instintos son opuestos al Espíritu y los del Espíritu a los bajos instintos, porque los dos están en conflicto. Resultado: que no podéis hacer lo que quisierais. En cambio, <strong>si os dejáis llevar por el Espíritu, no estáis sometidos a la Ley </strong></em>(Gálatas 5,16-18).</p>
<p>El Espíritu, al contrario de la Ley, es <em>un dinamismo interior</em> que impulsa al creyente hasta límites insospechados. Al mismo tiempo, le proporciona  luz y fuerza para amar y mantenerse en el servicio a los hermanos<em>. <strong>El discípulo de Jesús está así en un constante desarrollo personal, asumiendo, como adulto que es, los riesgos de su propia libertad</strong></em>. El amor no sólo nos da la libertad  para que nos vayamos desarrollando con nuestra actividad, sino que también simplifica la vida en grado máximo:</p>
<p><em>A nadie le quedéis debiendo nada, fuera del amor mutuo, pues el que ama al otro tiene cumplida la Ley. De hecho, el no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás  y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta frase: <strong>amarás a tu prójimo como a ti mismo</strong>. <strong>El amor no causa daño al prójimo, y, por tanto, el cumplimiento de la Ley es el amor</strong></em> (Romanos 13,8-10).</p>
<p>Voy a terminar esta reflexión con una cita de la carta a los Romanos que nos hace ver la importancia del Espíritu Santo en el tema del amor. En efecto, <em>el Espíritu no sólo derrama en nuestros corazones el amor que Dios nos tiene</em>, <em>sino que además nos hace experimentar que <strong>ese amor no tiene límites</strong></em> y es  fuente inagotable de Esperanza y de actividad en favor de los más necesitados, <strong>ya que inunda nuestros corazones: </strong></p>
<p><em>La esperanza no defrauda, porque el amor que Dios nos tiene inunda nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado</em> (Romanos 5,5).</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">3.10. A manera de resumen</span></strong><span style="text-decoration: underline;">: <strong><em> </em></strong></span></p>
<p><strong><em>Paralelismo antagónico</em></strong> <strong>entre  el Espíritu y la Ley:</strong></p>
<p>&#8211; <strong>La Ley</strong> es algo externo al hombre y no le ayuda a dominar sus bajos instintos. Dominó,  sometió y esclavizó al hombre durante siglos: <em>Antiguo Testamento</em>.  Ya no tiene ningún sentido para el cristiano.</p>
<p>&#8211; <strong>El Espíritu de Dios</strong>, por el contrario, es un dinamismo interior  al ser humano, bajo cuya actividad el discípulo de Jesús se realiza <em>como persona adulta en libertad,</em> amando y prestando ayuda y servicio a los más necesitados.  En una vida orientada y fortalecida por el Espíritu de Dios, los bajos instintos pueden ser dominados y vencidos. <strong>El Espíritu se constituye en claro motivo de Esperanza</strong>.</p>
<p>&#8211; <strong>La Ley</strong> pone unos límites a la conducta humana. Es verdad que  puede dar cierta seguridad psicológica al que la cumple, pero en realidad no contribuye al desarrollo de la persona. La  mantiene sometida, en  perpetuo infantilismo, y le impide llegar a la propia plenitud.</p>
<p>&#8211; <strong>El Espíritu</strong>, por el contrario, <strong>conduce al creyente a horizontes insospechados</strong>. No le quita los riesgos de la propia libertad, pero contribuye al  desarrollo constante de la persona, y le da la fuerza necesaria para perseverar en el Amor y la Esperanza al servicio del prójimo<strong>. <em>El creyente está llamado a ser adulto y libre,</em> <em>tanto en su interior como en su actividad. </em></strong></p>
<p> <strong>Madrid, febrero-marzo de 2011.</strong>  <strong> </strong><strong>Comisión de Fe y Cultura</strong></p>
<p> <strong><span style="text-decoration: underline;">BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL: </span></strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> 1</span>.- José María Díez-Alegría, <em>Yo todavía creo en la esperanza, </em>Bilbao, Desclée de Brouwer, 1999, 2ª Edición.</p>
<p> 2.- Carlos Escudero Freire, <em>Jesús novedad radical, </em>Ed. Bubok, 2009 (Para el tema del Espíritu,  pp. 159 -216).</p>
<p> 3.- Felicísimo Martínez Díez, <em>Creer en Jesucristo, vivir en cristiano, </em>Estella, Ed. Verbo Divino, 2007. (El tema de la esperanza está muy disperso en el libro, pero hay un buen compendio: pp. 705-773).</p>
<p> 4.- Juan Mateos, <em>Nuevo Testamento, </em>Madrid, Ed. Cristiandad, 1987 (Notas abundantes e interesantes).</p>
<p> 5- J. Mateos – F. Camacho, <em>El Evangelio de Marcos, Vol. II, </em>Córdoba, Ed. El Almendro, 1993 (Para el tema de lo sagrado y lo profano (Marcos 7), pp. 121-160).</p>
<p> 6.-  José Antonio Pagola, <em>Jesús. Aproximación histórica, </em>PPC, (8ª Edición) 2008.</p>
<p> 7.- Andrés Torres Queiruga, <em>Repensar la resurrección, </em>Ed. Trotta, 2003.</p>
<p> 8.- Xavier Léon-Dufour, <em>Resurrección de Jesús y mensaje pascual, </em>Ed. Sígueme, 1973</p>
<hr width="33%" size="1" />
<p><a href="http://www.comunidadsta.org/#_ftnref1">[1]</a>           J. Mateos, <em>Nuevo Testamento, </em>Ed. Cristiandad, Madrid, 1987, p. 1102, notas a 1 Pe 1,3-5.</p>
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