Espiritualidad y ciencia                                                                               14 de noviembre de 2021

Introducción.- Hoy queremos celebrar la coexistencia de La ciencia y la mística (FE) que durante miles de años, y hasta hace bien poco estuvieron unidas como la luz y la belleza del arcoíris. Y como representante de ambas a San Alberto Magno, patrono de las ciencias naturales cuyo día conmemoramos hoy.

San Alberto Magno: No hay oposición entre fe y ciencia

Fue uno de los más grandes maestros de la teología escolástica. Nació en Alemania a comienzos del siglo XIII y se dedicó al estudio de gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, astronomía y música, es decir, de la cultura general, mostrando aquel típico interés por las ciencias naturales.

Tras la ordenación sacerdotal pudo perfeccionar el estudio de la teología en la universidad más célebre de la época, la de París. De esta ciudad le acompañó a Colonia Santo Tomás de Aquino, «un alumno excepcional».

San Alberto contribuyó al «desarrollo del segundo Concilio de Lyon, en 1274, para promover la unión entre la Iglesia latina y la griega, tras la separación por el gran cisma de Oriente de 1054”

El santo alemán murió en Colonia en 1280 y el Papa Pío XI lo canonizó y proclamó doctor de la Iglesia en 1931. «Fue sin duda un reconocimiento apropiado a este gran hombre de Dios y distinguido erudito, no sólo de las verdades de fe, sino de muchas otras áreas del conocimiento.

El Papa Pío XII lo nombró patrono de las ciencias naturales y también es conocido como «Doctor Universalis«, debido a la amplitud de sus intereses y conocimientos». Benedicto XVI subrayó que San Alberto «muestra ante todo que no existe oposición entre fe y ciencia sino que hay amistad. Uno de los grandes méritos de San Alberto fue estudiar con rigor científico las obras de Aristóteles, convencido de que todo lo que realmente es racional es compatible con la fe revelada y las Sagradas Escrituras». Muchos pensadores cristianos temían la filosofía aristotélica, (…) sobre todo porque en la manera en que había sido interpretada podía parecer «del todo inconciliable con la fe cristiana. Se planteaba un dilema entre fe y razón.

Perdón. Hoy Jesús nos llama a no excluir a quienes actúan como nosotros, pero, en frase de los discípulos “no andan con nosotros”.

Deberíamos pedir perdón cuando tenemos actitudes excluyentes que, en el fondo, esconden una voluntad de dominio.

Primera Lectura: Ciencia y Mística. José Arregui (resumen)

Durante miles de años, y hasta hace bien poco, la ciencia y la mística estuvieron unidos como la luz y la belleza del arcoíris, como la cuerda y la melodía del piano, como la gramática y el misterio del poema. No son lo mismo, pero no se pueden separar.

Nuestra ciencia —de otras posibles no sabemos nada— empezó cuando el ojo alcanzó a analizar y distinguir las partes en el todo, y ello nos ha permitido fabricar herramientas, curar enfermedades, comprendernos mejor, ser más libres, sobrevivir. Pero el ojo que analizaba y miraba las partes nunca dejaba de percibir y de admirar el todo, la forma, la vida, y ambos ejercicios nacían del asombro y llevaban a la oración, fuera ésta religiosa o no, se dirigiera a un dios personal con forma o al misterio mismo del Todo sin nombre y sin forma.

Luego vino el divorcio entre la ciencia y la mística, que aún persiste en muchos, aunque no precisamente en los grandes científicos ni en los auténticos místicos. El divorcio se dio porque la ciencia olvidó el misterio y porque la religión se apoderó de la mística. Ambas cosas se dieron a la vez, y no se podría decir cuál de las dos se dio primero. En realidad, la raíz de ambas es la misma, y se llama “voluntad de dominio”. Voluntad de prender y de aprehender, de capturar y poseer. La ruptura entre la ciencia y la mística se manifestó en toda su crudeza en la modernidad en forma de positivismo

El olvido del misterio arruina la religión y reseca la ciencia. Es necesario que el misterio vuelva a animar la religión y que la ciencia vuelva a recuperar aquella admiración originaria de la que nació como pregunta, como búsqueda, como una exploración casi religiosa de la realidad particular y universal. La ciencia y la mística no se oponen, ni se yuxtaponen, ni siquiera se complementan. Se entrelazan y animan, como la observación y el asombro, como el cálculo y la admiración, como la medida y el infinito. No se identifican, pero son inseparables como la parte y el todo, como el organismo y la vida.

La ciencia es el arte de medir las partes del todo. La mística es el arte de mirar el todo en cada parte. Mira un arcoíris maravilloso una tarde soleada y lluviosa. Se puede medir el espectro de frecuencias de la luz y explicar la aparición de los siete colores, del azul al violeta, cuando los rayos del sol atraviesan las gotitas de agua de la atmósfera, y por qué el arco entre el cielo y la tierra, naciendo del agua, pero tus ojos ven la belleza del arcoíris como un todo y exclamas: “¡Oh, ¡qué bonito!”.

Segunda lectura Marcos 9:38-41. El que no está contra nosotros está a favor de nosotros

Juan le dijo: – Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y hemos intentado impedírselo porque no anda con nosotros.

Jesús respondió: – No se lo impidáis, porque nadie que haga un milagro usando mi nombre puede a continuación hablar mal de mí. O sea, el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y, además, el que os dé a beber un vaso de agua por razón de que seguís al Mesías, no se quedará sin su recompensa, os lo aseguro.

Introducción al dialogo.- Las religiones convencionales no tienen las respuestas que busca y necesita el mundo de hoy. En la búsqueda de claridad, nuestra sociedad ha llegado a depender de la ciencia como única fuente de la verdad, pero la ciencia tan solo trata con el mundo físico… y creemos que nuestras vidas son mucho más ricas y profundas que eso. Tal vez una mezcla de ciencia y espiritualidad puedan aportarnos una comprensión más completa de la vida, pero, ¿cómo pueden aproximarse ambas visiones, a veces tan opuestas?

El método científico nació para buscar la manera de distinguir la verdad de la mera creencia y se ha convertido en la base de la ciencia convencional y se basa en que la materia física es la única realidad verdadera y el universo tan solo puede ser comprendido a través del conocimiento de sus partes físicas. Esto es lo contrario de la espiritualidad, que se basa en la noción de que hay fuerzas invisibles fuera del mundo material que tienen el poder de dar forma a nuestra realidad.

Según aquél, pues, la materia es lo único que importa, mientras que esta otra cree que hay un nivel de existencia más elevado, más allá de las percepciones de nuestros sentidos.

Se ha contrapuesto, pues, el positivismo cientificista (sólo es verdad aquello que conocemos empíricamente y formulamos matemáticamente), frente a otro auténtico positivismo teológico (la revelación cristiana es la única revelación de Dios en el mundo y los dogmas son expresiones inmutables de verdades ocultas reveladas por Dios).

Hoy son muchos los que no aceptan que seamos meros objetos físicos que existen en un universo puramente material. Pero tampoco convence hoy una espiritualidad que nos subordine a antiguos dogmas. Esto nos ofrece una libertad que abre la puerta de nuestra percepción a nuevas formas de pensar y de ser y nos da una dirección para estos tiempos de cambio, una conexión con algo más grande.

En la primera lectura, Arregui nos ha dicho que la ciencia es el arte de medir las partes del todo mientras que la mística es el arte de mirar el todo en cada parte. En este laberinto, ¿estamos orientados o nos encontramos perdidos?, ¿qué salidas buscamos?

Ofrendas –

Vacunas

 Libro (Espiritualidad y ciencia)

Bolsas. Queremos presentar también nuestras bolsas, ahora vacías pero que todos sabemos cómo llenarlas en esta época de aislamiento.

Pan y Vino. Con este pan y este vino, fruto de la tierra y del trabajo de las personas, te ofrecemos Señor, nuestro esfuerzo de cada día, con sus luchas y esperanzas, en busca de un mundo más humano para todos. Que este pan y este vino sean signos de salvación material y espiritual. Signos de vida y de compartir.

ANÁFORA

Lector.- En este domingo nos volvemos a encontrar con la palabra Jesús de Nazareth, esta vez con el motivo de la celebración, mañana, de San Alberto Magno.

Alberto Magno no buscó la confrontación entre los saberes científicos (sus saberes) y la mística del momento, sino que intentó unir en nombre de la ciencia y de la espiritualidad formas de pensar que se pretendían antagónicas, cuando no totalmente excluyentes.

Lector.- Nos ilumina tu actitud de no exclusividad, tu apertura hacia quienes piensan de modo diferente, pero siguiendo tu mismo camino. Tu nombre y tu mensaje no son patrimonio de tus adeptos únicamente, sino que todos los que los invocan son dignos de no ser estorbados.

Esta es una reflexión que debemos incluir en nuestros comportamientos diarios. Nos dice Mateo que nunca hacías gala de los milagros que te atribuyen. Por ejemplo, en tus mismas palabras tras la sanación de un leproso “le recomendó, mira, no se lo digas a nadie”).

Lector – Con esa humildad y con esa apertura hacia todos los que celebran en tu nombre, celebramos esta reunión comunitaria, tal y como nos dijiste que repitiéramos en tu memoria, cuando al compartir como símbolos el pan y el vino con tus discípulos les dijiste “Tomad y comer todos de este pan porque es mi cuerpo” y “Tomad y bebed todos de este cáliz porque es mi sangre que se entrega por vosotros y por todos”

Pues, amigos, este es el sacramento de nuestra fe. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús.

Lector.- También nos dijiste cómo dirigirnos al Padre cuando nos reuniéramos. Siguiendo tu enseñanza, digamos juntos: “Padre nuestro…”

Nos deseamos mutuamente la paz y compartimos el pan y el vino tal como nos pidió Jesús esa noche antes de entregarse.

(música)

Comunión y momento de silencio (con música de fondo).

Acción de gracias. Te damos gracias Señor, porque en este momento, difícil para tantos, por la situación de pandemia, somos capaces, no solo de pensar en nosotros sino también de pensar en los demás. Concédenos continuar teniendo amor y compasión y responder a las demandas individuales y sociales, próximas y lejanas. Que así sea.

 Avisos.-