Rincón de la Oración

Celebraciones - Rincón de la Oración

 

Señor, en este día nos hemos reunido en tu nombre sintiendo que estas presente entre nosotros, pues Tú así nos lo dijiste.

Lo que hoy celebramos, es la preparación de tu venida a este mundo nuestro y tuyo aunque esté muy lejos de la realidad que Tú deseas para todos nosotros.

Viniste una sola vez y te quedaste para siempre aunque no podamos verte con los ojos de la carne, sin embargo, los ojos con los que Tú quieres que veamos nuestra realidad de vida son los ojos de nuestra Esencia Verdadera: la que todo lo transforma.

Nuestra ceguera es grande, el sueño en el que vivimos profundo y la Verdadera Vida se nos escapa a otra realidad no real.  ¿Cómo comprender que en esa Realidad Verdadera estás Tú esperando a que despertemos?. Solo tenemos que tomar consciencia de este sueño que no nos deja ver lo que realmente ya somos: Plenitud. Paz. Amor.  Sin esta posibilidad de Ver, nada somos.

Todo lo que necesitamos de Ti ya está en nosotros: Tú Reino. Descubrirlo es nuestra tarea más urgente y valiosa. Nada es real si no te descubrimos desde el fondo de nuestro ser, desde donde Tú anhelas ser Vida para nuestras vidas.

Esto es Señor, lo que hoy traemos a tu Presencia. Gracias por estar con nosotros.

30.11.14                        Mª José Gil

 
Celebraciones - Rincón de la Oración

 

Señor, en este día nos hemos reunido en tu nombre sintiendo que estas presente entre nosotros, pues Tú así nos lo dijiste.

Lo que hoy celebramos, es la preparación de tu venida a este mundo nuestro y tuyo aunque esté muy lejos de la realidad que Tú deseas para todos nosotros.

Viniste una sola vez y te quedaste para siempre aunque no podamos verte con los ojos de la carne, sin embargo, los ojos con los que Tú quieres que veamos nuestra realidad de vida son los ojos de nuestra Esencia Verdadera: la que todo lo transforma.

Nuestra ceguera es grande, el sueño en el que vivimos profundo y la Verdadera Vida se nos escapa a otra realidad no real.  ¿Cómo comprender que en esa Realidad Verdadera estás Tú esperando a que despertemos?. Solo tenemos que tomar consciencia de este sueño que no nos deja ver lo que realmente ya somos: Plenitud. Paz. Amor.  Sin esta posibilidad de Ver, nada somos.

Todo lo que necesitamos de Ti ya está en nosotros: Tú Reino. Descubrirlo es nuestra tarea más urgente y valiosa. Nada es real si no te descubrimos desde el fondo de nuestro ser, desde donde Tú anhelas ser Vida para nuestras vidas.

Esto es Señor, lo que hoy traemos a tu Presencia. Gracias por estar con nosotros.

30.11.14                        Mª José Gil

 
Celebraciones - Rincón de la Oración

Ø Introducción

Sales al encuentro de quien se regocija y practica la justicia, de quienes se acuerdan de ti en tus caminos. Isaías 64,5

Ø Invocación

¡Míranos con buenos ojos y estaremos a salvo! Salmos 80,3

¡Danos vida, y sólo a ti te  invocaremos! Salmos 80,18

Encendemos la primera vela de la corona de Adviento con el gozo de ir a tu encuentro ¡oh Dios!

Que su luz ilumine nuestra espera y nos haga permanecer vigilantes ante tu gloriosa visitación.

Ø Lecturas bíblicas

Isaías 64,1-9; Salmos 80,1-7 y 17-19; 1 Corintios 1,3-9; Marcos 13,24-37.

Ø Reflexión

En este primer Domingo de Adviento queremos saludar  y animar los esfuerzos de las personas y comunidades que recorren cada día los caminos de justicia, que procuran encuentros de vida entre hermanos y hermanas, y así propician el Adviento diario de Dios en este mundo.  El Adviento, el encuentro con Dios, sucede cada día  cuando somos conscientes de la gloria de Dios que nos habita, cuando decidimos caminar sus caminos de justicia.  El encuentro con Dios sucede en lo cotidiano, cuando nos dejamos guiar por  nuestro Creador, cuando cobijamos la gloria de Dios que reside en nuestros hermanos y hermanas. ¡Allí es donde sucede el Adviento! Por eso, el profeta dice: «Sales al encuentro de quien se regocija y practica la justicia, de quienes se acuerdan de ti en tus caminos». Isaías 64,5

Hoy, el profeta Isaías y el Salmista traen el grito de angustia de un pueblo que invoca el Adviento de Dios en su medio. El pueblo reconoce que sus obras les han alejado de Dios; se sienten como hojas marchitas llevadas por el viento. Pero no es Dios quien se ha alejado de su pueblo, es el pueblo quien ha ignorado su presencia y ha tomado sus propios caminos.

En su clamor, el profeta apela a la relación familiar de Dios con su pueblo: «Señor, tú eres nuestro Creador; somos el barro, tú nuestro alfarero; ¡todas y todos fuimos hechos por ti! ¡Mira que somos tu pueblo!» Isaías 64,8-9 (paráfrasis). En esta oración, el profeta declara la vocación de Dios: el cuidado de su pueblo; Dios es su Creador; lo ha formado del barro y ha puesto en cada persona su aliento de vida, su presencia y su gloria.

Son nuestras propias inconsistencias las que nos hacen extraviarnos de los caminos de Dios y perdernos de su presencia diaria; por eso gritamos  como el salmista «¡Míranos con buenos ojos y estaremos a salvo!» Salmos 80,8.  Este es un grito de esperanza que lanzamos al futuro esperando la plenitud del Adviento de Dios.

¿Cuándo será? ¿Qué eventos mediarán su venida? Son preguntas que han llegado a convertirse en preguntas enfermizas para muchas personas, que  invierten mucho tiempo hablando de eventos apocalípticos terroríficos – como si la realidad no fuera suficiente – y haciendo cálculos del regreso de Jesús.

La primera comunidad cristiana ya tenía preguntas sobre el cuándo y el cómo. Jesús habló poco en cuanto a ello; pero fue claro en decir que hay que mantenerse despiertos, vigilantes y en acción: «Manténganse despiertos y vigilantes, porque no saben cuándo llegará el momento. Deben hacer como en el caso de una persona que, antes de irse a otro país, encargó a sus criados que le cuidaran la casa. A cada cual le dejó un trabajo, y ordenó al portero que vigilara. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: ¡Manténganse despiertos!» Marcos 13,33-37

Mantenerse despiertos y vigilar se refiere a no acomodarnos a un estilo de vida y dormir el sueño de la indiferencia. Es velar por la vida, la justicia y la paz, y no permitir que la maldad invada nuestro camino. Un día Jesús llegará definitivamente y gozaremos su presencia. Mientras tanto, hay que cumplir su misión; cuidar la casa que nos ha dejado encargada y anunciar con nuestras acciones justas que la presencia de Dios ya es una realidad en nuestro medio. Hoy en este primer Domingo de Adviento, queremos enfatizar la posibilidad diaria del Adviento con nuestro Creador porque tenemos un Dios amoroso que sale cada día a nuestro encuentro y nos saluda con la vida. Queremos también prepararnos para recibir el Adviento de Dios en Navidad, queremos ir al encuentro de Jesús, la coronación del Adviento de Dios.

Vayamos hoy entonces a recorrer los caminos de la vida; vayamos a un encuentro con nuestras hermanas y hermanos y ¡Que suceda el Adviento de Dios!

 

Ø Momento de reflexión

Reflexionemos sobre los caminos que hemos tomado últimamente ¿Son los caminos de Dios?

¿Qué tipo de situaciones nos hacen perder el Adviento diario con Dios?

¿Cuál es nuestro énfasis en cuanto a la venida de Jesús, cómo será, cuándo será, o cómo esperar?

¿Qué caminos podríamos tomar en este tiempo de Adviento que nos lleven a tener un encuentro con Jesús en Navidad?

Ø Oración final

Hoy en este primer Domingo de Adviento, te agradecemos oh Dios por habernos creado y por tu presencia que nos habita. Gracias por enseñarnos tus caminos, gracias por salir diariamente a nuestro encuentro. Te pedimos que nos permitas vivir vigilantes y en acción, que nuestras acciones hagan posible tu Adviento en este mundo. Que este tiempo sea un camino de encuentro contigo y que nos guíe hacia una gloriosa celebración de la Navidad donde recibiremos a Jesús tu Hijo.

Salgamos con gozo y con paz al mundo para amar y servir a Dios.

Vamos al encuentro de Dios, de nuestros hermanos y hermanas. Amén.

 

 

 

 
Celebraciones - Rincón de la Oración

¡VEN... SIN NADA!

Jesús le dijo:

“Si quieres ser un hombre logrado,

vete a vender lo que tienes y dáselo a los pobres, que Dios será tu riqueza; y, anda, sígueme a mí” (Mt 19,21)

Vivía yo en el silencio y me conformaba con pequeñas cosas, con pocas palabras.

Era yo pájaro que se entretenía con cortos vuelos...

Pero llegaste tú: metiste tu viento en mi polvo e hiciste con mi carne un remolino.

Metiste tu soplo en mi cuerpo y has enloquecido mi sangre.

Levantaste en torno a mis alas una tormenta...

Y yo dije: “Mira, Señor, que no quiero contender contigo, no me pongas la mano encima que soy débil.

Tu voz me llegó en el silencio: Te quiero junto a mí, ven sin nada”.

Con rapidez me quité los vestidos y arrojé mis sandalias:

- No vengas así - me respondiste -, ven sin nada.

Me fui a los pobres y les repartí mi hacienda y mi casa:

- Tomadla, tomadla.

- ¿Así, Señor?

- No, así no. Ven sin nada.

Llamé a mis padres y les di mi nombre y su apellido:

- Señor, ¿me quieres así?

- No, así no, te quiero sin nada.

Corrí a los campos e hice una hoguera con todas mis palabras y quemé mis labios y mi lengua con sus ascuas:

- ¿Así, Señor? ¿Me quieres así?

- No, así no, has de venir sin nada.

Entonces repliqué:

- ¿Por qué, Señor, me llevas como a un loco de un lado para otro?

¿Por qué no me dices de una vez qué he de hacer?

Dios atendió mi queja y me dijo:

“Ve a casa del alfarero, que él haga un cántaro con tu barro.

Después ven a mí, que yo lo llenaré de agua, y tú correrás a dar de beber a los que tienen sed,

la derramarás sobre los arrepentidos, bendecirás la tierra seca.

No temas si tu cántaro se rompe, ni te preocupes si se dispersan sus trozos por la superficie de la tierra,

porque entonces te llamará a mí y vendrás como yo te quiero y te bendeciré en mi presencia."

 

Y DIJO DIOS

Si nadie te ama, mi alegría es amarte.

Si lloras, estoy deseando consolarte.

Si eres débil, te daré mi fuerza y energía.

Si nadie te necesita, yo te busco.

Si eres inútil, yo no puedo prescindir de ti.

Si estás vacío, mi ternura te colmará.

Si tienes miedo, te llevo sobre mis espaldas.

Si quieres caminar, iré contigo.

Si me llamas, vengo siempre.

Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte.

Si estás cansado, soy tu descanso.

Si pecas, soy tu perdón.

Si me hablas, trátame de Tú.

Si me pides, soy don para ti.

Si me necesitas, te digo: estoy aquí, dentro de ti.

Si te resistes, no quiero que hagas nada a la fuerza.

Si estás a oscuras, soy lámpara para tus pasos.

Si tienes hambre, soy pan de vida para ti.

Si eres infiel, yo soy fiel.

Si quieres conversar, yo te escucho siempre.

Si me miras, verás la verdad de tu corazón.

Si estás en prisión, te voy a visitar y liberar.

Si te quiebras, te curo todas las fracturas.

Si te marchas, no quiero que salves las apariencias.

Si piensas que soy tu rival,

yo no quiero quedar por encima de ti.

Si quieres ver mi rostro, mira un flor, una fuente, un niño.

Si estás excluido, soy tu aliado.

Si todos te olvidan, mis entrañas se estremecen recordándote.

Si no tienes a nadie, me tienes a mí.

Si eres silencio, mi palabra habitará tu corazón.

J. F. Moratiel

 

Actualizado ( Lunes, 08 de Septiembre de 2014 22:17 )

 
Celebraciones - Rincón de la Oración

JUNTOS HACEMOS IGLESIA

Nunca digas, no sé, no valgo, no puedo, no tengo fuerzas, no entiendo,

esas cosas son para los que saben.

Para hacer Iglesia y Pueblo todos valemos, sabemos y podemos.

Si tienes cinco... pon cinco; si tienes dos... pon dos; si tienes uno... pon uno.

Si eres ciego... sostén al que es cojo; si eres cojo... guía al que es ciego;

si eres cojo y ciego... aún puedes cantar que no es poco en tiempos de desencanto.

Sé valiente y humilde para descubrir y reconocer tu don; acéptalo y acéptate a ti mismo con él.

Si Dios te dio corazón, que tu boca no falte en la hora de la fraternidad.

Si te dio alegría, que tu alegría no falte en la fiesta de los pobres.

Si Dios te hizo reflexivo, que tu reflexión no falte a la hora de medir los pasos para conseguir un mañana mejor.

Si Dios te hizo entendido, aporta tu entendimiento para que el pueblo crezca.

Si Dios te hizo capaz de crear unidad, pon esa habilidad al servicio de la unidad que nos libera.

¡Anímate!

Juntos hacemos Pueblo.

Juntos hacemos Iglesia.

En la presentación del II Plan Diocesano de Evangelización de Bilbao

 

PARA INICIAR UNA REUNIÓN

Aquí nos tienes, Señor, reunidos por Ti.

Necesitamos tu presencia. Ven, sigue con nosotros.

Enséñanos lo que hemos de hacer, muéstranos el camino.

Sé el inspirador de nuestras decisiones.

No permitas que faltemos ni al respeto ni a la justicia.

Que la ignorancia no nos pierda ni el afecto nos engañe.

Únenos a Ti para seamos una sola cosa y caminemos en la verdad.


PLEGARIA DEL PERDÓN

Porque no quiero seguir lejos de Ti, dame, Señor:

un poco de tu nieve para mi barro,

un poco de tu luz para mi noche,

un poco de tu paz para mi lucha,

un poco de tu fe para mi duda,

un poco de tu alegría para mi pena,

un poco de tu amor para mi odio,

un poco de tu agua para mi sed,

un poco de tu vida para mi vida,

un poco de Ti para mí. Amén.

 

Actualizado ( Lunes, 08 de Septiembre de 2014 22:15 )

 
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