Celebraciones - Temas Humanos

LA PALABRA ES UN DON, EL OTRO ES UN DON        Cuaresma 26 marzo de 2017

Acogida y presentación del tema

Buenos días  amigos, compañeros de viaje, los que estáis aquí y los que  están fuera,  en apoyo concreto a una mejor enseñanza pública para todos, y defendiendo  unos recursos sanitarios que respondan a las necesidades de todos, única manera de ir eliminando parte de las causas de la inequidad y de la injusta desigualdad creciente,  sabiendo que los desafíos están para superarlos.

Hoy, vamos a celebrar, la llamada de la Palabra a la conversión, a salir de nosotros e ir al encuentro del otro. Como nos dice el Papa Francisco,  a una solidaridad que vuelva a poner a la persona en el centro,  por encima del dinero, y que fortalezca los vínculos entre las personas, que supere  la desconfianza permanente, el miedo,  el temor a ser invadido.

Es una invitación a compartir el pan y el vino, a correr el riesgo de encontrarnos con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría y fuerza. Tres momentos para el perdón

  • La desigualdad es una ola creciente. Vivimos en una cultura que valora el ganar dinero, el comprar las últimas tecnologías, el tener de todo, el ahorro y la seguridad como objetivo individual en la vida. Pero esa cultura en la que estamos inmersos nos impide ver sus consecuencias a nuestro alrededor: el paro, los sueldos de miseria, la explotación de los débiles, el deterioro de los derechos.

Nos duele pertenecer y participar en esta sociedad injusta pero queremos unirnos  a los que persisten en luchar por mejorarla, como lo hizo Jesús de Nazaret.

Canto: Cristo, Cristo Jesús identifícate con nosotros.

  • La guerra sigue destruyendo países, ciudades, territorios, comunidades y familias. Millones de personas son desplazadas de sus casas y se ven forzadas a huir en medio de penalidades. Sabemos que detrás está la codicia por poseer las materias primas, el negocio de las armas, el ansia de poder y dominio de los gobiernos de nuestro primer mundo. Nos duele pertenecer al mundo civilizado que se califica como cristiano y nos solidarizamos con el clamor del pueblo que aboga por la acogida y la hospitalidad con los refugiados e inmigrantes.

(Canto)

La desconfianza y el miedo al extranjero, al diferente, al de otras razas y culturas se van instalando en el ambiente. Nos defendemos, construimos muros, nos blindamos y cerramos nuestras puertas.

Nos invaden mensajes racistas, xenófobos y sexistas. Todo esto nos duele y nos preocupa ver cómo retrocedemos en el lento camino de la solidaridad y el encuentro.

(Canto)

Lecturas

Presentación general: 1. Cuando nos decidimos a dar una orientación distinta a nuestra vida, caemos en la cuenta que esta decisión afecta a dos ámbitos de nuestra persona: a nuestras ideas o modo de pensar y a nuestras prácticas o modo de actuar. 2. Las lecturas que hemos elegido para  hoy van a expresarlo con tres gestos bien significativos: Apartarse de, dejar abandonar (como el rico tiene que dejar las riquezas, como la samaritana dejar sus dioses, como la Iglesia apartarse de su cerrazón); Cambiar a, desandar un camino equivocado (como el rico con sus riquezas, como la samaritana con sus dioses, la Iglesia puertas cerradas); Volverse a y emprender un nuevo camino, unas nuevas ideas (los pobres, seguimiento de Jesús, Iglesia de puertas abiertas). Así es la conversión y el nuevo camino al que nos llama hoy Jesús: Ven y sígueme.

1ª Lectura – Texto Evangelii Gaudium

La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad.

La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.

La Iglesia debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que «no tienen con qué recompensarte». No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio». Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos.

Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades dice Francisco. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!»

2ª Lectura de Lucas 16, 19-21

3ª Lectura de Juan 4, 3-15

Introducción al diálogo

Para recordar y practicar hoy la conversión (desde las riquezas o el dinero (como al rico)  a la bienaventuranza de los pobres (Lázaro), desde los dioses o cosas que nos esclavizan el corazón (como a la samaritana, símbolo de todo un pueblo, Samaría, que sacrificaba y adoraba a otros dioses) y desde la cerrazón en las doctrinas, y en las prácticas rutinarias como comunidad y como Iglesia) se nos ocurrían estos tres movimientos 1. Desde dónde necesitamos volver  hoy. 2 Hacia dónde debemos cambiar, 3 Con quiénes debemos asociarnos para que el camino no nos resulte tan angosto, para asegurarnos que vamos por el camino acertado.

Ofrendas

Anáfora

Lector. En este domingo de Cuaresma, te damos gracias Padre-Madre porque una vez más nos convocas alrededor de tu mesa para compartir el don de la palabra que llega a nosotros como fuerza viva.

Lector. La Cuaresma  es para nosotros una puerta abierta a la conversión; no vivida como algo triste y penoso unido a la penitencia y la mortificación, sino como una llamada alentadora para cambiar nuestro corazón y aprender a vivir de una manera más humana

Todos Te damos gracias Jesús por irrumpir en nuestra historia con un proyecto nuevo de salvación, no basado en normas y preceptos, sino en la construcción de un mundo más justo, humano,  y dichoso.

Lector. Un proyecto con un mensaje claro y que va destinado de una manera especial a todos los “Lázaros”: a los más pobres, a los más débiles, a los marginados, a los degradados y humillados, a los olvidados…

Todos Ellos son el verdadero don. Reconozcamos en ellos el rostro de Cristo y dejémonos convertir.

Lector. Asimismo abandonemos la tentación de justificar nuestros comportamientos y actitudes que nos impiden una entrega y amor incondicional.

Lector. Gracias Jesús porque conoces nuestros miedos, nuestra pereza, nuestras comodidades y a pesar de eso, nos sigues diciendo:

Todos. “¡No tengas miedo,

levántate y camina,

abre los ojos y mira,

abre los oídos y escucha,

abre la boca y habla.

Levántate. Ponte en marcha!”

Lector. Tu fuerza nos da ánimo, nos despierta y  nos hace recuperar la alegría,  por todo ello cantamos juntos:

SANTO (pág. 50)

Lector. Saliste al encuentro de la mujer samaritana contraviniendo las normas sociales de la época. Danos el valor necesario para salir nosotros también al encuentro de esos marginados y discriminados por nuestras sociedades opulentas del primer mundo y que, como recuerda Francisco, van a ser los primeros a los ojos de Dios.

Todos Danos la libertad para saltar los muros y barreras que convierten a los otros en enemigos y abren entre los pueblos brechas insalvables. Que seamos capaces de tender puentes, de acercarnos a otras culturas,  aprender de ellos  y valorar lo diferente.

Lector. Ungidos por la fuerza y el impulso que nos da tu mensaje, nos disponemos a partir y repartir el pan de todos y para todos, diciendo tus palabras:

TOMAD Y COMED Todos DE ÉL , PORQUE ESTE ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Lector. Así mismo repartimos y compartimos, como tú lo hiciste, el Vino de la alegría diciendo:

TOMAD Y BEBED Todos DE ÉL PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE  MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA QUE SERÁ DERRAMADA POR TODA LA HUMANIDAD PARA EL PERDON DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MIA.

Lector. Esta es la fuerza de nuestra fe y éste es el reto para una humanidad con esperanza: hacer una tierra para todos, una sociedad sin exclusiones y sin miserias, un mundo sin guerras ni holocaustos.

Todos Anunciamos  tu  muerte y proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús.

Lector. Y ahora, como señal de unión y compromiso, juntamos nuestras manos y cantamos: Padre nuestro (pág. 104)

Acción de Gracias

Gracias por esta celebración comunitaria.

Gracias por enseñarnos a compartir.

Gracias por los comuneros que hoy han estado en las concentraciones por la sanidad y la educación pública.

Gracias por el compromiso de nuestros compañeros de Justicia y Paz de Colombia.

Gracias por los voluntarios del poblado del Gallinero.

Gracias por el papa Francisco, por Pedro Casaldáliga  y por todos los que construyen un mundo más justo y humano.

Gracias por seguir teniendo como referencia a Jesús de Nazaret.

Gracias por los comuneros que nos animan a ir abriendo caminos de paz y justicia.

Gracias a todos porque cada uno de nosotros es un don para los demás.

Gracias por la bondad que anida en todo ser humano.

Amen