EL MANDATO EVANGÉLICO DEL AMOR Y LA HUMANIDAD DOLIENTE                         26 OCTUBRE 2.014

Saludo y Acogida

Canción “El Señor es mi fuerza”, pág.3; dos primeras estrofas

Presentación del tema

EL ÉBOLA: DOLOR, MUERTE Y DESIGUALDAD

Este verano nos ha sorprendido el impacto atroz de una epidemia hasta ahora incontenible, con  origen en África y que está dejando un rastro de dolor y muerte incalculable.

A día de hoy unas 5000 víctimas en África, Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakri principalmente, nos demandaron una sollidaridad urgente y solvente que no acaba de llegar en el grado mínimo imprescindible para paliar la catástrofe humanitaria que se está produciendo.

Aunque en EEUU se han detectado algunos casos procedentes del continente negro y algunos recientes contagios, son muy excepcionales, dada la intensa relación internacional que practica, pero Europa estaba todabvía libre de esa amenaza.

Las repatriaciones de dos sacerdotes y una religiosa a nuestro país, si bien no estuvieron exentas de debate por la falta de condiciones específicas en España para atender la dolencia, se afirmaba que no tenían riesgo alguno por los protocolos de aislamiento aplicados y, aunque los dos miembros de la Orden de San Juan de Dios fallecieron, Miguel Pajares y Manuel García Viejo, las autoridades sanitarias no preveían otros desenlaces negativos.

Sin embargo, semanas después ha saltado la alarma de forma espectacular y desconcertante. Una auxiliar de enfermería de la Paz que había participado en los cuidados al último sacerdote atendido, Manuel, había dado positivo en las pruebas e ingresaba, primero en el hospital de Alcorcón y luego en el Carlos III para su aislamiento total.

El caso de Teresa Romero, la afectada, denotó una serie de irregularidades en el protocolo de actuación muy llamativas y nadie se explica estas contingencias. La noticia conmovió a la población española y europea, los medios informativos se han volcado en buscar respuestas oficiales, pero no encuentran suficientes explicaciones al respecto. En medio de esta incertidumbre la actuación de las autoridades sanitarias nacionales y autonómicas  ha provocado una auténtica crisis de credibilidad y de confianza en la Administración. Sus silencios elocuentes, su falta de capacidad dialéctica y su nulidad informativa, en  un caso, y la falta de rigor, de delicadeza y de comportamiento ético en el otro, suponen un detonante añadido a la delicada situación verdaderamente borchornoso, que si nadie es capaz de atajar con la depuración de responsabilidades, en cuanto se reestablezca la normalidad funcional de la gestión sanitaria, se demostrará que a los gobiernos les da igual lo que sienten los ciudadanos y, entonces solo las urnas les podrán pasar la factura merecida. Finalmente, las cosas se enderezaron y aunque con retraso y deficiencias se ha asumido el problema con mayor rigor.

Creo que desde la responsabilidad ciudadana es totalmente lógico y positivo este movimiento de exigencia y de indignación cuando no se actúa con la responsabilidad pertienente ante la gravedad de las amenazas para la salud pública y para la de cada ciudadano. No en vano, se ha utilizado un centro sanitario, en plena destrucción por los recortes, como base de operaciones del dispositivo especial para el Ébola.

Pero hay otra dimensión del problema que no se nos debe escapar, la profunda desiugaldad humana que la crisis del Ébola  nos presenta. Mientras en España somos capaces de removernos con toda justicia frente a las dejaciones de las autoridades por un solo caso, en África van 5000 muertos y sufren la epidemia miles de personas más, y apenas promovemos una ayuda solidaria exigua para paliar tanto dolor y muerte. La humanidad más sufriente no tiene el mismo grado de interés y atención que nuestro mundo occidental opulento, incluso en medio de la crisis.

Esta desigualdad nos concierne y nos reclama otra conciencia, otra forma de existencia más solidaria comprometida con toda la humanidad.

Teresa se cura, felizmente, gracias al suero procedente de una religiosa que no pudo entonces venir a nuestro país, al no tener la nacionalidad española. Nos alegramos de corazón de que así sea y de que ella haya sido el único caso de contagio entre nosotros. Pero que no deje de rasgársenos el corazón, el bolsillo y las políticas de cooperación por lo que ocurre en esa África hermana y doliente del Ébola.

La inquietud que esta situación nos provoca podemos enmarcarla claramente en el Evangelio de hoy. El amor a Dios y el amor al prójimo, las dos caras de la misma moneda que Jesús nos ofrece, encierra unas consecuencias determinantes para la vida del creyente comprometido. La clave está en si somos capaces de asumirlas.

El mandato evangélico del amor y la humanidad doliente son hoy nuestra referencia para este encuentro eucarístico.

El amor a Dios como base constitutiva de nuestra fe y nuestra esperanza, nos convoca a tener entrañas de misericordia hacia esa humanidad doliente que no solo nos pide ayuda concreta frente a las necesidades acuciantes, sino que nos invita a ser parte de su historia, de su recorrido vital y de sus aspiraciones por otro mundo posible.

Canción “El señor es mi fuerza”, pág. 3; 3ª y 4ª estrofas

Perdón.-

Señor, antes de compartir  contigo esta mesa, queremos  pedirte perdón. Siempre estamos en falta  contigo en los temas del amor. Si éste, como tú dices, se mide en términos de lo que hacemos por los demás, es siempre tan poco!  Estamos rodeados de gente que sufre, gente que no se ve, pero que Tu sí tienes en cuenta: tanta gente en paro, tantas madres sin poder dar a sus hijos las medicinas que necesitan, tanto desahuciado de sus viviendas, tantos perseguidos, tantos enfermos..tanto que hacer! Y nosotros, si, hacemos algún gesto, vamos a alguna reunión, a alguna mani, damos algo de dinero que nos sobra…pero eso basta? Luego, a veces rezamos y hacemos solemnes propósitos de ser mejores, pero siempre nos quedamos tan cortos!! Por eso, Señor, ahora, ante ti queremos recordar las palabras de Juan en su primera epístola, para que se nos graben bien: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, pero aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” Jn. 1, 4:20-21. Esperamos una vez más tu perdón y fuerzas   para continuar intentando ser dignos de tu amor y de tu mesa.

1ª Lectura:  Libro del Éxodo,  22, 20-26.

Canción “Nada te turbe”

2ª lectura: Mateo, 22,34-40.

Reflexión y micrófono abierto a la Comunidad

Ofrendas.

– Pasar bolsas.

– Mascarilla sanitaria.

Queremos poner hoy sobre la mesa esta mascarilla  que representa todo el trabajo, el riesgo y el servicio, asumido por el personal sanitario y todos los voluntarios que les ayudan, en todos los hospitales del mundo, especialmente de aquellos cuyos medios son más escasos, los riesgos corridos, mayores, las poblaciones más empobrecidas.

– Mapa de África.

– Pan y vino.

ANÁFORA

E1.- Levantemos el corazón.

 

TODOS.- LO TENEMOS LEVANTADO HACIA EL SEÑOR.

 

E2.- Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

 

TODOS.- ES JUSTO Y NECESARIO.

 

E3.- En verdad es justo agradecer a Dios que, por Jesucristo, nos hace ver que sus mandamientos son muy simples; se reducen a dos, que a su vez son uno: amar.

 

E4.- Y es necesario que no haya problemas entre “verticalismo” y “horizontalismo”. Que el amor sea una asignatura “transversal” para todo en nuestra vida.

 

E5.- Cantemos en ese espíritu el himno del Sanctus de la Misa Salvadoreña:

 

TODOS.- SANTO, SANTO, SANTO, SANTO… (pág. 78, nº 91).

 

E6.- Santo eres en verdad, Señor. Las reflexiones que hemos hecho en común y las ofertas presentadas están traídas a esta mesa en  memorial de la última cena de Jesús. En ella, dándote gracias, cogió pan, lo partió y  lo repartió a sus discípulos diciendo:

 

TODOS.- TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

 

E7.- Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo:

 

TODOS.- TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL, PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR TODA LA HUMANIDAD PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 

E8.- Este es el sacramento de nuestra fe.

 

TODOS.- ANUNCIAMOS TU MUERTE, PROCLAMAMOS TU RESURRECCIÓN. ¡VEN, SEÑOR JESÚS!

 

E9.- Ven y ayúdanos a no caer en el fariseísmo. No ya en su simple expresión de formalismos y pureza legal, que también, sino en terminar siendo proclives a pensar que nuestra manera de “leer” el Evangelio es la única auténtica, llegando en el fondo a agradecerte (como el fariseo de la parábola con el publicano) el “no ser como los demás”…

 

E10.- Ven y anímanos a vivenciar lo que proclamamos al decir “Padrenuestro”: que todos somos hermanos, iguales. Y de ahí que debamos tratarnos como tales, ayudando especialmente a quienes especialmente lo necesiten.

 

E11.- Y, obviamente, que tenemos un Padre al que amar. Él nos amó primero y quizá a veces, por nuestra parte, no lo tenemos presente en profundidad, como debiéramos.

 

E12, a.- Recordamos ahora a nuestro obispo Pedro y a tantas personas, vivas o difuntas que nos han dado y nos dan ejemplo en este mandamiento uno y doble del amor. En nuestra Comunidad y fuera de ella. De nuestro credo, de cualquier otro o de ningún credo religioso.

 

E12, b.- Damos la bienvenida a Carlos Osoro, nombrado nuevo obispo de Madrid, y pedimos para él lo mismo que para nosotros: capacidad de acogida y de diálogo, amplitud de miras, voluntad de entendimiento, valor para denunciar la injusticia y una indiscutible opción por los excluidos.

 

E12, c.- Traemos a este altar nuestro cariñoso recuerdo de Conchita Torrejón, que se nos ha ido. El dolor de su pérdida se ve aminorado cuando la recordamos tal como fue con todos nosotros: una persona de paz y ternura…

 

E13.- (Memento o mementos particulares)

 

E14.- Y cerramos esta anáfora con un brindis, hecho con quien está en medio de nosotros puesto que nos hemos reunido en su nombre:

 

TODOS.- POR CRISTO, CON CRISTO Y EN CRISTO, AMÉN.

 

Padrenuestro,

 

Paz

 

Comunión. Canción “A comer y a beber”, pág.58

 

Acción de Gracias,

 

Te damos gracias, Padre santo, Madre amorosa por Jesús, por quien hemos conocido, por quien sabemos vivir, por quien mantenemos la esperanza, por quien podemos vivir como hermanos.

 

Te damos gracias porque hace muchos años que le conocemos, le queremos, le seguimos.

 

Te damos gracias porque, sin Él, nuestra vida no sería lo que es.

 

Te damos gracias porque la fuerza del Espíritu le hizo pastor, semilla, agua, fuego, pan.

 

Te damos gracias porque la fuerza de tu Espíritu le hizo pobre, humilde, valeroso, compasivo.

 

Te damos gracias porque gracias a él,  nuestra vida de tierra se transforma y nos hacemos hijos, trabajamos en tu Reino y sabemos esperar y perdonar.

 

Te damos gracias, Padre –Madre por Jesús tu hijo, nuestro Señor. Amén.